Si actualmente existe un modelo escolar universal o al menos mayoritario, yo diría que es el que se sustenta en un objeto: el libro de texto.

Este objeto sirve de base tanto para exposiciones “magistrales” (no tanto por la calidad, que se supone, como por la jerarquía, que no se discute) como para pedagogías activas o eclécticas. El “texto” da sustancia, peso, seguridad y solidez (en teoría) al curso escolar. El maestro puede ser mejor o peor, pero el “texto” está allí, como el flotador. Los que prescinden de él podrían considerarse un poco “antisistema”. Fíjense si es potente el objeto que parece que haya hecho falta toda una revolución en la civilización como es internet para que se empiece a ver factible destronarlo, aunque sea por la vía de reconvertirlo. Es una institución potentísima y pesada que se sostiene en otra institución aún más pesada: la Universidad (Formación de Maestros) compartimentada. Pesada en el sentido de sólida y densa, difícil de mover.

Por lo tanto, los que lo vemos como un dinosaurio y proponemos alternativas no nos hacemos muchas ilusiones. Costará mover esa roca. Pero jamás la moveremos si no tenemos un buen punto de apoyo y no hace falta que nos lo diga Arquímedes. Me refiero a un modelo alternativo claro (que debería sustentarse en una nueva manera de formar maestros). Especialmente porque hay una mayoría social que, descontenta o no, se siente cómoda o no demasiado incómoda con él. Y “fuera” no se ve nada muy claro.

No repetiré aquí los argumentos notables y numerosos que se han dado para oponerse al libro de texto. Casi todo el mundo los sabe. Pero yo veo que “modelo alternativo”, no hay. Porque la escuela necesita un sistema que pueda describirse en pocas palabras, algo que cualquiera pueda ver y explicar. Ahora es: aula, profesor, libro de texto (y/o materiales) y alumnos. No llega a una línea. ¿Qué se le puede explicar a un padre de alumno matriculado en una escuela sin libros de texto? ¿Dónde está la solidez? ¿Dónde la sustancia y la seguridad o el peso? ¿En apuntes? ¿En un guión trabajadísimo? ¿En materiales propios? ¿En libros de texto virtuales (no habríamos cambiado ningún modelo)? ¿En internet y el “picoteo” que representa? En los primeros casos diría que no sería país para todos o que no cambiaríamos el modelo en realidad. En el caso de internet diría que no es un modelo, es un mundo en el que caben infinidad de modelos y seguiríamos sin poder explicar al padre con mucha concreción cómo educamos a su hijo.

No  creo que se trate de complementar o sustituir el libro de texto. Eso supone un esfuerzo excesivo para la sociedad (especialmente para los maestros), en tiempo y dinero. Se trata, creo, de cambiar la óptica, cambiar el objeto, cambiar la organización social en torno a él, cambiar la política cultural y de gasto. Y eso supone cambiar algunos supuestos básicos y algunos prejuicios.

Prejuicio 1: los alumnos deben aprender lo mismo en cada curso. Sí y no.

Prejuicio 2: se pueden aprender competencias igual que se aprenden conocimientos. Sí y no.

Prejuicio 3: con internet se aprende mejor y personalizadamente. Sí y no.

Supuestos nuevos

No es necesario que todos sepan exactamente las mismas cosas (tampoco pasaba con el libro de texto) pero si hay dinámica social en el aula y se comparten recursos habrá una ósmosis relativamente igualadora que creará nivel y respetará diferencias aceptables.

La mera presencia de un listado de competencias en un currículo no asegura su asimilación. La “competencia” no resulta del currículo sino de la dinámica exigente y polifacética en el aula. Hay un mundo que ver y en el que actuar, la competencia es sólo un criterio de evaluación.

En internet hay de todo y concebido de todas las maneras posibles, como en el mundo real. Y una babel de recursos indexados en un buscador no hacen un modelo educativo a mi modo de ver. Yo diría que todos los modelos educativos son posibles con internet.

Ahora, el modelo:

En una línea: aula, biblioteca de aula, materiales ordenados, profesor y alumnos. Un pelín más larga (a estas alturas, los ordenadores se presuponen en todos los modelos). Parece que no cambie mucho pero intentaré demostrar que cambia todo.

Empezaré por la biblioteca de aula, el porqué es la pieza maestra. Si antes el contenido del curso estaba en la suma de libros de texto de las asignaturas (clonados para cada alumno), ahora está disperso en libros pequeños, de lectura, con el complemento de otros materiales que luego explicitaré.

La Biblioteca de Aula es eso, estanterías y libros, tal vez un fichero. Pero el saber no lo reúnen técnicos e industriales, sino autores, voces con las que el alumno, leyendo, puede contrastarse, a las que incluso puede disfrutar y admirar. No se rompan la cabeza pensando a qué libros me refiero: no existen. O apenas. Ahí está el cambio, las editoriales no harían un producto industrial que sale a la venta siempre en septiembre. Harían cultura, igual que para adultos, sólo que para mentes tiernas e inexpertas. Sin parafernalia, no es un regalo, es cultura. Los jóvenes han de saber que estan en el mundo para mejorar lo que hicieron sus predecesores. Y sus predecesores lo que hicieron es cultura (llámese Mozart, Einstein, fútbol o una marca nueva de tornillos). Obviamente hay currículo, hay una planificación de lo que a una edad puede o debe verse, pero el mensaje (los libros) es diverso, ameno y creativo (ahí es donde las editoriales podrían dejar de ser industria para ser cultura y arte, en sentido amplio).

Continuaré más adelante para no alargar esto demasiado. Y no piensen que imagino a los jóvenes leyendo todo el día, no, hay mucho margen para la acción. De alumnos y profesor. Y hay mucho que decir.