El currículum pesa. El académico, no el laboral. El segundo también pesa lo suyo, claro, más aún en los tiempos que corren, pero me refiero al primero, al educativo. Son muchas las veces que he oído a compañeros y amigos docentes quejarse por no poder cumplir con las exigencias curriculares. Incluso recuerdo que, como estudiante, muchos profesores nos despachaban algunos temas con cuatro fotocopias para leer en casa sólo con el objetivo de cubrir todo el temario definido por el currículum.

Y es que la confusión es habitual. El currículum no es sólo el temario y, normalmente, el temario de una asignatura, se ponga uno como se ponga, no va a poder ser todo el que marca el currículum. Al menos hasta que no podamos insertar los contenidos en vena a nuestros alumnos.  Y tampoco es que haya necesidad, oiga. No obstante, con un punto de vista alternativo, quizás el currículum pueda ofrecernos otras vías de aproximación interesantes para ayudarnos a dinamizar el trabajo en el aula y a implicar al alumnado en el proceso general de enseñanza-aprendizaje.

EL-PESO-DEL-CURRÍCULUM

Hace algunos meses tuve la suerte de compartir una interesante jornada con varios formadores del campo de la educación permanente. Entre ellos,  recuerdo especialmente a dos miembros del equipo directivo de un centro de adultos de la Comunidad Valenciana. Dos excelentes profesionales con una vastísima experiencia en el campo de la formación y la educación. Hablando sobre el documento de marras, ambos exponían su sorpresa ante la obsesión casi compulsiva de parte del profesorado de su centro por cubrir cada punto del currículum. Ellos, por contra, abogaban por una aproximación mucho más flexible, adaptándolo a las necesidades y requerimientos del grupo en cuestión. La cosa sonaba bien.

Últimamente he leído varios artículos al respecto que han confirmado esa visión del currículum como una herramienta flexible y útil para potenciar el aprendizaje en el aula. En este sentido, el otro día descubría en Didàctium, el blog de Azahara Casas, una aproximación activa al currículo por parte del alumnado que me llamó mucho la atención. La idea es tan sencilla como repasar concienzudamente con el grupo el currículum de la materia en cuestión. Una vez analizado y debatido, es el propio alumnado quien elabora conjuntamente unas “preguntas-objetivo” que son las que determinarán el temario a tratar. Se acaba con la tiranía del libro de texto y, además, se crea una propuesta mucho más activa y sugerente basada en la investigación donde trabajar competencias y contenidos de una manera alternativa. Genial propuesta.

Es una opción. Seguro que hay muchas otras. La sensación es que, quizá en demasiadas ocasiones, por inercia, improvisación, urgencia u otros motivos más o menos justificados, hemos dejado de lado el currículum depositando nuestra confianza en el libro de texto o en el material de turno como guía absoluta de nuestra práctica en el aula. De hecho, ¿cuánto hace que no le echamos un vistazo al documento que define nuestro trabajo? Con un poco de imaginación (y de cariño), una aproximación al currículum distinta puede y debe ofrecer, de hecho, resultados distintos y seguramente más atractivos para el alumnado. No obstante, tampoco se trata de hacer excesiva alabanza de un documento, el currículum, que seguro merece una revisión a fondo con vistas a su simplificación y aproximación a la práctica docente. Es cierto, el currículum pesa, pero quizá tampoco sea para tanto.

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Licenciado en Historia y Máster en Dirección y gestión de centros educativos por la Universidad de Barcelona. Director del Centro de Formación de Personas Adultas Dolors Paul (Cunit, Tarragona) desde 2008. Autor de varias obras sobre microhistoria e historia local y de varios artículos sobre formación de personas adultas publicados en la Revista Diálogos. Actualmente interesado en innovación y reflexión educativa y en planificación estratégica en el ámbito de la formación.
  • Josep Maria Turuguet Salgado

    Estoy muy de acuerdo. Sí sería partidario de que hubiera un currículum, pero muy leve. No impuesto por un gobierno sino propuesto por la sociedad en forma de Consejos Escolares con fuerte presencia de pedagogos. Un tema por trimestre acompañado de ideas-fuerza que sean optativas. Para que sea la comunidad escolar (claustros, ciclos, clases) los que proyecten y den forma. Tres temas por curso darían sentido al ciclo trimestral, que me parece bastante natural en los centros. Un comienzo y un final claros. Posibilidades de interdisciplinariedad y horarios abiertos. No sé, hay mucho que experimentar.

    • Ramón Paraíso

      Totalmente de acuerdo, Josep Maria. Las alternativas son múltiples y la sensación es que nos quedamos con el modelo más rígido e inflexible posible. Coincido contigo, mucho por experimentar! Un saludo!