Janet Echelman nos sirve, a través de su historia creativa, un relato de superación y reencuentro consigo misma, y cómo va concretándose en nuevas formas artísticas. La imaginación elige siempre su propio laberinto, que termina entrelazando lo diferente en una nueva estructura, objeto, o concepto. O cómo los materiales tradicionales y las nuevas tecnologías, pueden sintetizarse a través de la potencia creativa.

Todo ello me lleva a preguntas que comparto: ¿se valora verdaderamente la educación artística? ¿Una sociedad del conocimiento puede desarrollarse sólo con la competencia lingüística y matemática? ¿No es la creatividad esa necesidad antropológica que se muestra en toda la actividad humana? Los actuales sistemas educativos siguen sin reconocer, a nivel curricular y metodológico, la creatividad como un elemento central en el s. XXI. Hemos propuesto, desde INED21, la competencia creativa como la competencia que soluciona un problema de forma novedosa. Y su implementación efectiva desde diferentes perspectivas en la complejidad educativa. Nos tememos que Ken Robinson va a seguir teniendo razón durante mucho tiempo: las escuelas matan la creatividad. O no, si comprendemos el porqué de una historia creativa…