Hasta ahora hemos analizado el modelo de dirección, el planteamiento social y educativo y las necesidades de la dirección escolar y vamos ahora a plantear los objetivos pedagógicos que considero necesarios para una dirección escolar para el siglo XXI.

1. Atención a la diversidad y calidad educativa.

Como ha debido quedar claro también de todo lo anteriormente explicado, la visión de la calidad educativa no es la perspectiva excluyente sino la inclusiva. Es decir, calidad debe ser poder ofrecer a todo el alumnado el desarrollo máximo de sus posibilidades de aprendizaje y no intentar que todos lleguen a un mismo nivel y si no que queden excluidos del sistema. Es, precisamente por ello, por lo que la atención a la diversidad deberá ser el objetivo pedagógico prioritario, porque todos los demás: el desarrollo de competencias claves, la utilización de la metodología 2.0 y de otros cambios metodológicos deben desarrollarse para poder atender a la diversidad lo mejor posible. Y, porque no lo olvidemos, la formación del alumnado es el objetivo central de todo centro educativo.

El objetivo final pretendido, no es tanto una mejora de los resultados, que también, como mejorar  la motivación y la dinámica de trabajo del alumnado que necesita las adaptaciones y, sobre todo, dotar al profesorado de herramientas para una mejor atención a la diversidad, lo que facilitará la solución de uno de los principales problemas de la educación obligatoria.

2. Educar para el siglo XXI.

Otro de los puntos clave de la educación es hacia dónde se dirige. En un mundo donde la crisis general está acabando con la sociedad que conocíamos es más difícil saber cuál es el camino correcto para la formación de nuestros jóvenes. Sin embargo, y precisamente por ello, hay que intentar formarlos de manera integral para que sean competentes, para que sepan aprovechar las oportunidades que seguro se les van a presentar y no puedan decir “para esto no me han formado”, lo cual será un fracaso del sistema. Y tenemos pistas, no podemos decir que estamos totalmente a oscuras en este campo, porque sabemos que el mundo laboral va requerir flexibilidad y adaptación a varios puestos, que va a ser más necesario que nunca las estrategias de trabajo en equipo y colaborativo, que la formación es y va a ser, definitivamente, para toda la vida y que las tecnologías son la clave del presente y del futuro. En definitiva, que esa educación para el siglo XXI, por lo tanto, debe tender a una formación en procedimientos y desenvolvimientos más que en contenidos cerrados y enlatados. Es decir, la educación del siglo XXI debe basarse en los siguientes elementos:

a. Competencias claves.

Las competencias claves se han convertido en los últimos años en el campo de batalla de la gran mayoría de los docentes. Llevamos varios años dándole vueltas a cómo hacerlo porque, aparte de que es lo que marca la ley, para algunos/as (entre los que lógicamente me encuentro), es una de las herramientas fundamentales, junto a la metodología 2.0, para resolver muchos de los problemas educativos existentes: desmotivación del alumnado, cambios metodológicos, atención a la diversidad y problemas de convivencia. Sin embargo, para otros/as es una pesada losa que les obliga a cambiar métodos y formas casi ancestrales de enseñanza (y, por lo tanto, de aprendizaje) y les complica la existencia en unos momentos de dificultades de autoridad en el aula, a los que ahora se le añaden las peores condiciones laborales.

Pero creo que queda claro que si queremos formar a nuestro alumnado para el mundo que les espera, para el siglo XXI, tenemos que desarrollar sus competencias claves, programándolas, trabajándolas y evaluándolas. Para ello, no hay otro camino que el trabajo por tareas o proyectos y una programación de la actividad en el aula basada en el desarrollo de las competencias y no en la acumulación de contenidos.

b. Web 2.0.

Nuestros/as alumnos/as son nativos digitales, han nacido y desarrollan su vida inmersos en los medios digitales: móviles, redes sociales, Internet, con sus inmensas ventajas y sus múltiples inconvenientes, y creo que nadie pondrá en duda que el manejo de ese mundo es fundamental para ello/as, para su presente y, sobre todo, para su futuro. Si queremos que sepan manejar mucha información, que sepan colaborar en línea, que sepan relacionarse en el mundo aumentado de las redes sociales, que sepan hacer propuestas y desarrollar proyectos de trabajo, tienen que formarse en la metodología 2.0 y con las herramientas de la web 2.0

Y para ello el papel del docente cambia, pasa de ser casi la única fuente de conocimiento a ser un facilitador, un guía del aprendizaje del alumnado. Por ello, su papel cambia, pero su importancia no disminuye sino que aumenta al hacerse imprescindible como referente del aprendizaje de su alumnado. O dicho de otro modo, el alumnado se asombra cuando el profesor les dice qué herramientas 2.0 utilizar o les consulta cuál elegir, que estrategias debe seguir, cómo puede desarrollar un proyecto y no se limita a explicar contenidos y evaluar. En el primer caso el alumnado ve una ayuda, en el segundo pude entenderlo el alumno como un estorbo. En definitiva, el docente se convierte en una especie de filtro de contenidos y un guía que puede enseñar no sólo a hacer cosas, sino a saber distinguir, a saber elegir las mejores opciones y que el alumnado cuando se asome al mundo por Internet sepa elegir lo mejor y deseche lo inservible.

Pero también cambia la perspectiva de la familia. La familia, para qué engañarnos, teme este mundo de internet y las redes sociales porque no lo conoce bien y porque sus hijos/as pueden caer en errores importantes. En la medida que vean lo positivo del mundo conectado y que comprendan los beneficios para la formación de sus hijos, las familias aceptarán esta nueva metodología porque supone una mejor formación para sus hijos/as y una más fácil relación y colaboración con la Escuela.

El objetivo más importante de la utilización de las herramientas de la web 2.0 es la creación de conocimiento por parte del alumnado. No es que utilice el ordenador para hacer lo mismo que hacía sin él, sino que elabore su propio conocimiento, experimentando, investigando, exponiendo y explicando sus conclusiones. En definitiva, que sea el protagonista de su propio aprendizaje, no un mero sujeto pasivo como hasta ahora ha sido en la mayoría de su vida escolar.

c. Objetivos 2020: aprendizaje a lo largo de la vida, equidad, calidad, innovación y creatividad

La preocupación por la educación como elemento fundamental para el desarrollo económico y social conduce al estudio de situaciones y al planteamiento de propuestas de mejora de los sistemas educativos. De esta forma, la Unión Europea marca unas estrategias de educación y formación con el horizonte del año 2020 en las se indican cuáles serían los mecanismos necesarios para conseguir esas mejoras educativas[1].

Y esos objetivos[2] (aprendizaje a los largo de la vida, equidad, calidad, innovación y creatividad) van en consonancia con los objetivos y propuestas de lo planteado hast ahora. Por lo tanto, se debe conseguir lo que se propone como objetivos nacionales y europeos por lo que se establecen los siguientes objetivos de centro[3]:

  • Evitar el abandono temprano del sistema educativo con las medidas de atención a la diversidad y de convivencia necesarias.
  • Disminuir el porcentaje de alumnos con bajo desempeño en las competencias en comunicación lingüística y razonamiento matemático.
  • Potenciar el aprendizaje de lenguas extranjera, fomentado el proyecto bilingüe y los talleres u optativas.

Aquí concluye esta serie de entradas que han querido despejar dudas y aclarar conceptos y perspectivas necesarias para enfrentar la dirección escolar en pleno siglo XXI. De todo lo expuesto hasta aquí, en toda esta serie, me gustaría destacar lo siguiente:

  1. La dirección escolar necesita perspectiva social. Debe analizar la realidad cambiante y líquida en que nos movemos para saber y anticipar tendencias que ayuden a la mejora de los centros y de la formación del alumnado.
  2. La dirección escolar está, prácticamente, atada de pies y manos. Tiene competencias teóricas para forzar ciertos cambios. Sin embargo, si los fuerza, no se realizan o se realizan creando unas dinámicas poco convenientes o claramente negativas para la convivencia del centro. Y si no los fuerza…
  3. debe alcanzar el consenso en la Comunidad Educativa, que es la base fundamental para una mejora realmente significativa. Esto, como principio, es indudable. Pero yo me pregunto: ¿es posible?, teniendo en cuenta los intereses tan dispares, por desgracia, dentro de los sectores de la Comunidad Educativa o incluso dentro de cada uno de estos sectores.

Tenemos que intentarlo.


[1] Objetivos educativos europeos y españoles. Estrategia Educación y Formación 2020. Informe español. Ministerio de Educación. 2011.

[2] Íbidem, páginas 19-21.

[3] Íbidem, página 99: Los centros docentes, y en especial aquellos con altas tasas de abandono, deberían asumir como propio el reto de disminuir el número de alumnos que abandonan el centro sin adquirir la titulación mínima recomendada por la Unión Europea. Tomando como punto de partida el análisis de la situación real del centro, deben fijarse objetivos de reducción del abandono, distribuir los recursos con los que cuentan para lograr estos objetivos y valorar periódicamente sus resultados.

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Licenciado en Geografía e Historia (año 1985), profesor de Secundaria desde 1987 y desde 2003 director del IES Virgen del Castillo de Lebrija.
Sus intereses personales son la innovación educativa (PBL, Flipped Classroom, BYOD), la metodología 2.0, la organización escolar, el desarrollo de competencias básicas, la aplicación de las nuevas tecnologías y las redes sociales en el ámbito formativo y la preocupación por la institución escolar. Ha publicado dos libros y diversos artículos de demografía histórica y otros sobre temas educativos en Cuadernos de Pedagogía y Escuela Española.