El curso pasado presenté un nuevo proyecto que, siguiendo una convicción propia, quise que fuera colaborativo, lo presenté y lo compartí en la red y se creó una comunidad de Google+ que ha servido para que fueran incorporándose proyectos e ideas y que favoreció la publicación de un artículo en Cuadernos de Pedagogía contando la experiencia. Llevo once años en la dirección de un IES. Antes fui Jefe de Estudios otros seis. He conocido como cargo directivo la LOGSE, la LOCE, la LOE y ahora viene la LOMCE (ya es hora de que como dijo un alumno en clase “a ver cuando viene la Ley Educativa, la LE”).

En todas esas leyes la dirección escolar ha experimentado cambios y en la LOMCE se da un paso hacia una dirección más ejecutiva y menos democrática, aunque como dice en el inicio de mis proyectos de dirección: no hay buenas o malas leyes educativas sino Centros bien o mal organizados y más o menos comprometidos con los problemas educativos.

Aunque  las funciones o las competencias legales  no han cambiado excesivamente,  el modelo de dirección escolar sí ha cambiado a lo largo de estos años y, aunque sigue sin definirse claramente como una dirección profesional como ocurre en otros países de nuestro entorno, ha dado pasos hacia la misma, concibiéndose como algo más estructural que coyuntural, aunque todavía sin establecer un modelo claramente definido según las concepciones sobre los modelos teóricos de la Dirección Escolar[1]. Por otra parte, aunque las funciones siguen siendo parecidas a las anteriores se han introducido una serie de variables que la diferencian notablemente:

  • Ha aumentado notablemente la gestión burocrática: los múltiples proyectos, las funciones recibidas por delegación de la administración, etc., han crecido de manera desmesurada quitando espacio y tiempo a las cuestiones pedagógicas y la reflexión educativa.
  • La Dirección debe ejercer el liderazgo pedagógico, algo indefinido, pero que marca claramente la responsabilidad de la Dirección en los asuntos pedagógicos del Centro. De esta forma, por una parte, es la máxima responsable del cumplimiento normativo sobre estas cuestiones (programaciones, asignación de tutorías, criterios de evaluación, plan de formación, etc.) y, por otra, tiene que fomentar la reflexión y el cambio educativo en el Centro.

De esta forma, la Dirección escolar ha dado un paso importante hacia su profesionalización y hacia la responsabilidad pedagógica, a pesar de que la gestión ahogue un poco esa función principal que parece que se le ha asignado. Esto ha provocado que se pueda hablar de dos vertientes de la Dirección: la Dirección Educativa (para la enseñanza) y la Dirección Administrativa (burocrática)[2]. No pueden ni deben ser excluyentes si se quiere desempeñar una Dirección eficaz, pero se ha de procurar conceder más importancia y tiempo a la primera vertiente, puesto que es una verdad prácticamente incuestionable que una dirección eficaz es el elemento clave para la mejora educativa[3], de los resultados escolares y del funcionamiento de las Escuelas[4].

Todo esto ha creado una sensación de capacidad teórica de poder introducir procesos de mejora en los centros que se ven ahogados por una incapacidad práctica de conseguir cambios y mejoras realmente significativas. O lo que es lo mismo, hay herramientas legales, pero no capacidad real. Para esos cambios hay dos caminos: el de la imposición que no consigue casi nada y provoca tensiones paralizantes y el del consenso, lento e inseguro y que si consigue algo es a largo plazo. Ese soniquete del “poquito a poco” que muchas veces esconde  un ancestral “nada de nada”.

Finalmente, me gustaría destacar dos aspectos importantes que, según mi criterio, son de sentido común pero que deben quedar claros desde el planteamiento de la dirección escolar:

  1. La Dirección debe entenderse como una labor de equipo, de Equipo Directivo e incluso de Comunidad Educativa, aunque, en última instancia sea la persona que ejerza la dirección quien decida y quien tenga la última responsabilidad en las decisiones que se tomen.
  2.  La Dirección dirige y representa a toda la Comunidad de su Centro y no solo a uno de sus sectores.

Con ese planteamiento se desarrollan los principios que considero ineludibles para cualquier planteamiento de dirección escolar para el siglo XXI. Pero eso lo dejaremos para la siguiente entrada.


[1] El Director escolar: modelos teóricos, modelos políticos. Revista Avances, Mª Inmacuada Egido Álvarez.  Septiembre de 2009.

[2] Informe TALIS de 2009. Página 20.

[3] Informe McKinsey. Cómo hicieron los sistemas educativos con mejor desempeño del mundo para alcanzar su objetivo. McKinsey&Company, 2007. Página 49.

[4] Mejorar el liderazgo escolar. Volumen 1: política y práctica. AA.VV. OCDE. Resumen ejecutivo. Página 9.

Compartir
POST ANTERIORFLIPPED CLASSROOM: UN MODELO DE BLENDED LEARNING
SIGUIENTE POSTRAÚL SANTIAGO Y THE FLIPPED CLASSROOM
Licenciado en Geografía e Historia (año 1985), profesor de Secundaria desde 1987 y desde 2003 director del IES Virgen del Castillo de Lebrija. Sus intereses personales son la innovación educativa (PBL, Flipped Classroom, BYOD), la metodología 2.0, la organización escolar, el desarrollo de competencias básicas, la aplicación de las nuevas tecnologías y las redes sociales en el ámbito formativo y la preocupación por la institución escolar. Ha publicado dos libros y diversos artículos de demografía histórica y otros sobre temas educativos en Cuadernos de Pedagogía y Escuela Española.