¿Qué significa “encontrar placer en aprender”?

Sé que no es fácil responder a esta pregunta aunque aparentemente resulta sencillo.

Lo que yo entiendo por “placer de aprender” tiene que ver con disfrutar de la experiencia del aprendizaje. Esto es: vivir el aprendizaje como una experiencia estimulante. Es saborear el proceso. No basta con sentirse bien por haber alcanzado, al final, unos objetivos y constatar, tras una evaluación, que has llegado a la meta. Esto también es agradable pero, para llegar ahí, no es necesario que el camino sea placentero. Puede ser muy doloroso o, como poco, aburrido y un tanto frustrante.

Voy a enumerar lo que para mí es necesario para hablar de “placer de aprender”:

1. La motivación. Sin calificativos. Basta con eso o, incluso más fácil, el interés. Para disfrutar aprendiendo te tiene que interesar hacerlo. Y cuando digo interés me refiero a su acepción cercana a la curiosidad (la inclinación del ánimo hacia algo, como indica la definición del diccionario de la Real Academia).

2. La autonomía. Me gusta tener independencia para dirigir mis pasos. Sentir que “investigo” y construyo mi propio camino. No necesito “control”. Entiendo que puede ser necesario y soy comprensiva si el control se traduce en apoyo más eficaz.

3. La personalización. Cuando en entornos de aprendizaje se habla de personalización se entiende como una suerte de “automatismo” que permite, por ejemplo, customizar un contenido evitándote lo que ya dominas. Para mí la personalización es algo más. Tiene que ver conmigo y es un acto voluntario que me pertenece. El sistema y el método me permiten adaptar el contenido o los recursos disponibles a lo que más me gusta hacer.

4. La conexión. Entendida como se entiende el “conectivismo”. Aprender en una comunidad y aprender de la interacción con otros. Y ser también “profesor” porque algunas de mis participaciones son relevantes para otros. Además, me gusta la idea de que la red se asemeja a nuestro sistema nervioso y que nuestros pasos en Internet reproducen cómo nuestras neuronas van estableciendo conexiones.

5. La práctica. Encontrar desde el principio el sentido a lo que aprendo porque me servirá para tomar una decisión, resolver un problema o mejorar un procedimiento. Las simulaciones acercan más a la realidad que una exposición teórica. Esto lo cuenta muy bien Stephen Downes: Un texto, una lección, son algo abstracto y virtual. Una historia, es una expresión de la realidad. Una simulación, hacer o experimentar, es un acercamiento a lo real.

6. Lo personal. Mi realidad es una mezcla de intereses profesionales y personales. A estos últimos no renuncio en el proceso. A veces me desvían un poco del camino más directo, pero a medio y largo plazo me sirven para afianzar los conocimientos.

Estos son los 6 pilares que debería tener mi aprendizaje para disfrutar de él con placer.

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