El e-learning ya es una realidad en la gran mayoría de las universidades españolas y latinoamericanas. Muchas universidades han creado campus virtuales y las autoridades académicas estimulan  su utilización en la docencia mediante la convocatoria de proyectos de innovación educativa, celebración de congresos, jornadas y seminarios, reconociendo en las evaluaciones docentes méritos vinculados con el e-learning, ofreciendo cursos de formación, etc. Pero desde mi punto de vista, todavía estamos muy lejos de que el e-learning, y sus implicaciones pedagógicas, realmente transforme el modelo educativo de nuestras universidades. ¿Por qué afirmo esto?

Una de las características más destacables del e-learning es que la comunicación o interacción social entre el docente y el alumnado no está sometido a la rigidez del encuentro físico que se produce a una determinada hora y en un mismo lugar. El e-learning posibilita un modelo de flexibilidad en la interacción comunicativa de los estudiantes entre sí, y entre éstos y el docente caracterizado por romper las limitaciones del tiempo y el espacio. De este modo, los entornos virtuales posibilitan procesos comunicativos 24 horas al día, 7 días a la semana sea en tiempo real o diferido.

Lo interesante de los mismos es que a través de espacios digitales bien formales, como son los LMS tipo Moodle, bien en entornos informales, como son las redes sociales (Facebook, Twitter, Ning, Elgg,…) pueden desarrollarse interacciones sociales que permiten trabajar colaborativamente en algún proyecto común a los estudiantes bajo la tutela del docente. De este modo, “el tiempo académico” desaparece como un tiempo acotado y separado de la vida cotidiana, o encerrado en un horario escolar. El tiempo se desvanece porque desde cualquier lugar y en cualquier momento, los alumnos pueden colaborar entre sí, intercambiar información, realizar comentarios sobre una aportación de otro compañero, expresar una opinión, enviar y compartir un recurso, etc. Las TIC (ordenador personal, teléfono móvil, tableta,…), en consecuencia, incrementan las oportunidades para el trabajo colaborativo difuminándose el tiempo como una variable limitante ya que esta comunicación puede ser sincrónica o asíncrona.

Una consecuencia o efecto de todo ello, es que el e-learning, en mayor o menor medida, empieza a cuestionar el modelo organizativo del horario académico universitario que tiene una tradición de varios siglos. Por ello, en la actualidad, la aplicación del e-learning en las instituciones universitarias tradicionales está generando, con relación a la variable tiempo académico, situaciones conflictivas y contradictorias cargadas de tensión ya que los viejos modelos organizativos siguen perviviendo con fuerza, a pesar de que estén emergiendo nuevas tendencias y necesidades de organización docente de naturaleza virtual.

Veamos esta contradicción. Por una parte, los gobiernos universitarios de las denominadas universidades presenciales promueven la creación y uso de campus virtuales, favorecen proyectos de innovación docente basados en TIC, ofertan formación de sus grados y postgrados on line, desarrollan jornadas, congresos y seminarios sobre eLearning,… Pero por otra, las Facultades y Escuelas universitarias siguen, en la mayoría de los casos, manteniendo el horario tradicional y decimonónico de las clases presenciales. En muchas universidades españolas todavía el profesorado y el alumnado tiene que cumplir su “horario presencial” (es decir, asistir y estar presente en el aula física en el horario asignado a su asignatura y en el despacho en el horario de tutorías). Y, además, se les pide a estos profesores que deben crear espacios virtuales para su alumnado (normalmente en plataformas de e-learning tipo MOODLE o similares), desarrollar contenidos o materiales de estudio digitales –en formato PDF, presentación multimedia, animación, mapa conceptual, o videoclip-, proponer actividades on line para ser cumplimentadas por sus estudiantes, desarrollar procesos de tutorización individualizada y en pequeño grupo, realizar evaluación continuada, etc.

En conclusión, las TIC favorecen la interacción comunicativa y, en consecuencia, el trabajo colaborativo entre estudiantes a cualquier hora y desde cualquier lugar. El problema es que, en la actualidad, la incorporación del eLearning al contexto presencial universitario se plantea –en muchos centros- como un mero añadido o anexo a las prácticas tradicionales de organización del horario académico, sin que represente una alteración o innovación sustantiva del mismo. Ello está provocando que una proporción relevante del profesorado y del alumnado universitario español perciba el eLearning más como una carga, como un incremento de su horario laboral que como un nuevo enfoque o perspectiva pedagógica de desarrollo de la docencia y el aprendizaje acorde con los nuevos tiempos de la cultura digital.

En mi opinión, esta situación no podrá mantenerse por mucho más tiempo, lo que generará, a medio plazo, una crisis profunda del modelo organizativo del tiempo y el espacio en las universidades presenciales tal como lo hemos conocido hasta la fecha. Ello nos obligará a cambiar radicalmente (o debiera hacerse) los horarios académicos y el uso de las aulas de las Facultades así como los planes de dedicación docente reconociendo y legitimando las actividades de elearning desarrolladas por el profesorado. Más flexibilidad y menos rigidez en el desarrollo de las actividades de enseñanza-aprendizaje. Menos tiempo entre cuatro paredes de cemento, y más comunicación entre profesores y estudiantes en los espacios virtuales.

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  • Javier Legarreta

    Buenas,

    Este cambio necesita ser acompañado, además, por un cambio en la “moneda” con la que se reconoce la labor del docente universitario.

    Tradicionalmente, antes de l’EEES, con una metodología basada eminentemente en la clase presencial, la “moneda de pago” era el tiempo que el docente compartía con sus alumnos en el aula.
    Ya con el cambio a l’EEES y el consecuente cambio metodológico que implica, y aún más con el necesario uso de las TIC que aquí apuntas, esta “moneda” carece de sentido y, además, es un freno para los necesarios cambios metodológicos y utilización de las TIC, ya que se provoca la incoherencia que indicas (“es un trabajo no reconocido”) e incluso, si quiero oficializar el cambio metodológico, no conviene, ya que “se me pagará en función de las horas que pase con los alumnos en el aula, me mantengo con mi clase magistral”.

    Difícil reto por delante, ya que antes las cuentas para reconocer al docente eran claras, ahora se abre un amplio abanico que no se si seremos capaces de ‘catalogar’, para ‘instrumentalizar0 ese reconocimiento, ese ‘pago’ al docente.

    Javier.