El sistema educativo es una de las esferas institucionales que genera más debate público y más polémicas. Seguramente, las instituciones escolares, sus prácticas y sus políticas son las más reflexionadas y debatidas de todas nuestras instituciones. De hecho, cumplen su función como “sistema” de socialización y de examen que utiliza la sociedad adulta para y por las nuevas generaciones. Esto hace multiplicar el continuo debate sobre la siempre perfectible educación donde las sociedades plurales proyectan sus deseos, sus idealizaciones y también sus temores y angustias.

A pesar de la ingente producción discursiva que genera el sistema educativo como objeto de discusión, apenas llegamos a consensos normativos o a plataformas mínimas de acuerdo sobre cómo enfocar, qué priorizar y por qué cambiar lo ya existente, lo ya instituido y formalizado. Este breve artículo no pretende ser conclusivo.

Tan sólo pretende sintetizar y sugerir los puntos vertebrales para un cambio educativo demandado por democracias, ciudades y culturas cada vez más complejas y plurales pero mucho más colaborativas. El dilema actual de las instituciones escolares se sitúa entre reproducir lo ya existente (aislarse para competir) o potenciar la innovación social colaborativa (mejor compartir que poseer). Un dilema más abierto que nunca.

1 . Tareas y actividades desafiantes para crear aprendizajes valiosos en red

La relación entre alumnos, profesorado y trabajo escolar es, ante todo, una relación social y como tal, una relación comunicativa, emocional y de poder. La actitud y el comportamiento de los alumnos dependen de cómo la escuela y el profesorado pongan en práctica sus códigos y estilos pedagógicos que siempre serán contextuales, aunque muy similar entre escuelas. Si predomina una pedagogía magistral-rígida-visible, parcelada en asignaturas y enciclopédica, los intereses y motivaciones de los alumnos serán más bien rutinarios e instrumentales cuando no abiertamente resistentes o pasivos.

La presión para obtener mejores resultados en reválidas y pruebas internacionales no hace sino reforzar un modelo académico de escuela donde la productividad por los resultados puede sustituir el placer por aprender. Generar aprendizajes valiosos y un rendimiento auténtico implica crear proyectos educativos estimulantes y transdisciplinares que combinen el trabajo en equipo y en red, la personalización y tareas desafiantes que permitan cooperar, competir, equivocarse, tomar decisiones, descubrir, madurar y profundizar.

El patrimonio cultural, artístico, histórico y científico que marca el curriculum oficial se puede adquirir por múltiples vías y estrategias que han de conducir a aprendizajes y motivaciones relevantes. Si esto suena utópico, tenemos un grave problema de rigidez burocrática. Mantenemos un formato escolar pensado para la escolarización de masas en medio de un mundo complejo y multicultural que demanda un cambio profundo de las escuelas como ágoras de diversidad, descubrimiento e innovación social.

2 . Hacia una escuela de óptimos con metas personalizadas de éxito y progreso

Las cartas de compromiso o el contractualismo que ahora se ha puesto de moda entre familias-alumnos-escuela no fortalece por sí mismo la responsabilización mutua. Pueden servir para recordar los roles complementarios entre las partes. No obstante, si el enmarcamiento escolar (Basil Bernstein) sigue inmutable, no podemos esperar grandes cambios en la motivación y el interés de los alumnos y familias más resistentes o desconectados/as.

Las llamadas inteligencias múltiples han dejado de nuevo en evidencia el exceso homogeneizador de la escuela. Se ha reificado la autoridad y la norma académica como válida para todos, construyendo jerarquías de excelencia y objetivos mínimos a superar sin atender a la creciente diversidad individual. Ni ningún alumno es inútil ni incapaz ni ninguna escuela debería penalizar el derecho al error como oportunidad de aprendizaje. La revisión del curriculum oculto nos debe ayudar a tomar decisiones de cambio si queremos hacer de la escuela un entorno cualificante y un liberador crítico.

Un marco escolar acogedor, afectivo y exigente con el aprendizaje valioso es un tipo de escuela de óptimos que maximiza y acelera el potencial de cada uno. Hay que evitar la segregación de grupos por niveles de rendimiento (streaming) y potenciar las aulas mixtas flexibles que permiten compartir un núcleo curricular común y atender también la diversidad de ritmos, intereses y singularidades. Si el marco escolar es capaz de flexibilizar el tiempo y los espacios, más viable será la personalización de metas de éxito y progreso para cada alumno. Más impacto transformador tendremos.

3 . Los buenos profesores despiertan el interés entre todos los alumnos

Hemos aprendido que la calidad del proyecto de una escuela pasa, de forma primordial, por la calidad de su profesorado y su cultura colaborativa. Su desarrollo como profesionales reflexivos que aprenden y cooperan en común es el gran desafío  siempre abierto. A pesar de su baja autoimagen, la sociedad los sigue valorando y prestigiando como una de las profesiones más útiles y necesarias para el bien común.

A pesar de las prescripciones de la política educativa, el profesorado mantiene siempre un margen de autonomía curricular y pedagógica para actuar con liderazgo innovador y transformador. Como profesionales creativos en plena sociedad del conocimiento pueden redefinir las relaciones de aprendizaje en la perspectiva de una escuela de óptimos abierta a enriquecerse de la vida real y a transformar su entorno.

Los buenos profesores siempre despiertan el interés entre todos los alumnos, a veces como héroes solitarios pero también como miembros de un equipo y de un proyecto capaz de ilusionar y comprometer a los alumnos. El compromiso con la lectura, el estudio y la cultura entre niños y adolescentes se sostiene por los buenos profesores y buenas escuelas que, muchas veces, tienen que ir a contracorriente de poderosas influencias sociales que trivializan y empobrecen los valores, el conocimiento y el mismo placer de aprender y descubrir.

Aprendizajes valiosos en escuelas cualificantes con profesorado creativo. Éste podría ser el resumen telegráfico de los tres puntos vertebrales que no son sino los tres pilares clásicos de la educación: curriculum, organización y profesorado. Redefinidos o por redefinir, mejor dicho, en ciudades y democracias que tienden a un futuro más colaborativo. De esa gran tendencia de cambio colaborativo dependerá el futuro económico viable, la cohesión redistributiva y la democracia exigente. A diferencia de otros momentos históricos, se trata de una tendencia de cambio que no viene impuesta desde arriba. Nace y se desarrolla desde nosotros. Si queremos.

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Profesor de Sociología de la Educación en la Universidad de Barcelona. Doctor en Sociología y antropólogo. Ha sido asesor evaluador de publicaciones en Fundación “la Caixa”, coordinador del Doctorado en Sociología en la Universidad de Barcelona y sociólogo en la Fundación CIREM. Su campo de investigación se centra en la dinámica de las desigualdades educativas y la movilidad social en la economía del conocimiento. Acaba de publicar Crisi, trajectòries socials i educació (Fundació Jaume Bofill, 2012). Colabora en El Periódico de Cataluña como analista de cuestiones sociales y educativas.