En 1968 pudimos alejarnos suficiente por primera vez

para ver el mundo en persona

Fue una gran experiencia incluso para los que lo vimos filmado, pero lo más sorprendente fue que ya sabíamos perfectamente cómo era.

Parece una verdad de Pero Grullo, pero esconde una verdad que se nos escapa entre los meandros de la historia oficial. Saber cómo son las cosas antes de verlas. El cuento de los tres sabios ciegos que intentan saber cómo es un elefante es una alegoría entrañable, pero si damos tiempo a los sabios y el elefante se deja manosear, acabarán sabiendo perfectamente cómo es ese animal… excepto su color.

Ésa es la experiencia, pero el conocimiento no les está vedado. Los humanos somos el animal que tiene a su disposición todos los puntos de vista. Se trata sólo de perseguirlos. Y sólo los prejuicios o la pereza nos pueden frenar. Recordemos también la parábola de los tres monos tapándose con las manos su conexión con el mundo.

Somos el animal que tiene a su disposición

todos los puntos de vista

Cuando un ser humano tenga la experiencia de pisar y ver el suelo marciano recibirá una gran emoción, pero le parecerá estar pisando un viejo conocido. Colón no encontró nada especialmente desconcertante. Las aguas del Pacífico eran semejantes en casi todo a las del Atlántico. Pero estaba la emoción.

Y eso pueden remedarlo los niños que vienen de su piso, de su jardincito de juegos y del asfalto y enlosado de las calles. En la escuela deben haber mares, desiertos arenosos, selvas impenetrables y estepas heladas. En la escuela debe haber maravilla que nace de lo nunca experimentado.

Sólo los prejuicios o la pereza

nos pueden frenar

El ser humano empezó haciendo líneas. Parece que nuestro cerebro está preparado para resumir en líneas («De las células a las civilizaciones» por Enrico Coen, Crítica, 2013). Y pronto pasó a planos. Tenemos planos de la Babilonia antigua. Hacer una pirámde con los medios de su época requería una planificación detalladísima y en tres dimensiones, dadas las cámaras internas y pasillos a diferentes alturas.

Tal vez los mapas de la Roma antigua no fueran una maravilla, pero eran suficientes para sus propósitos. Bastaba con cartografiar las vías como hoy lo hacemos con el metro. Era un imperio de ciudades como el metro lo es de estaciones. Los portulanos medievales estaban llenos de líneas, rutas, ángulos y divisorias entre vientos. Y, sobre todo, las costas.

Pronto se imaginó el mapa como un dibujo de costas. Los escandinavos dieron el pistoletazo de salida, se podía uno arriesgar y llegar adonde fuera. La Edad Media fue la travesía del desierto necesaria para pasar de la leyenda y el rumor al conocimiento, de la seguridad del imperio conocido a la aventura del mundo por conocer.

Por las razones que fuera ese salto de mentalidad se dio en Europa, el continente en que se fundieron la competencia y la cooperación. Veníamos de la introspección medieval saturada y estábamos ávidos de conocimiento. La imprenta se inventó en China pero obtuvo su excelencia en Europa. Fue un momentum. La numeración se inventó en India, pero la ciencia matemática progresó en Europa.

Cuántas vidas.

Cuántos diarios.

Cuántas pequeñas informaciones discutidas, cotejadas, impresas, revisadas, proyectadas en líneas

Un mapa del siglo XVI parece burdo, pero las formas esenciales están bien lineadas. Rumores, atavismos e islas brumosas inventaron aún un continente austral inexistente durante dos siglos. Pero el ser humano es tesonero y sagaz, capaz de morir sólo para ver.

En el siglo XVIII, después de miles de esfuerzos ímprobos, vidas dedicadas, rigor, comunicación y debate, los mapas ya prefiguraban con gran exactitud los que veríamos dos siglos después desde el espacio. Y no tenemos bastante.

El momentum europeo

ya pasó

China, India y América tendrán el suyo. África está viniendo. Allí nacimos, en Asia nos graduamos, en Europa nos doctoramos, en América emprendimos. Ahora nos toca a todos.

¿Quién perdería tiempo escolar españolizando

si se puede sentir orgullo de humanidad?

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Licenciado en Prehistoria e Historia Antigua. Profesor de EGB y Primária entre 1980 y 2000. Redactor de textos escolares y enciclopedias juveniles para la editorial TEXT/LA GALERA. Autor de novela juvenil. Postgrado de Edición en la UOC. Autor del proyecto Biblioteques d’Investigació Jove y del blog LLIBRE DE TEXT: L’ANCIEN RÉGIME. Miembro de la Societat Catalana de Pedagogia y del grupo “Narració i pedagogia”.
Actualmente retirado.