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NUESTROS NIÑOS Y JÓVENES

En el post en el que compartí la carta dirigida al sistema educativo, hacía referencia a la importancia de centrar la educación en el que aprende y no en el que enseña.

Quizá todavía existan personas que se rehúsan a dar importancia a esta necesidad y prefieran seguir defendiendo la idea de que “la letra con sangre entra” o de que el objetivo de la escuela sea “vigilar” que las cosas se hagan como ellos dicen, cuando dicen y porque lo dicen (educación tradicional)  “castigando” el error, “limitando” la creatividad y alienando el pensamiento.

Centrar la educación en el que aprende

y no en el que enseña

NIVELES DE LOGRO

Sin embargo, basta con mirar los resultados que obtenemos en las pruebas que miden el “nivel de logro de los aprendizajes” en nuestros niños y jóvenes en matemáticas y español a nivel nacional e internacional.

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Y el incremento de los porcentajes de deserción escolar1.

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USUARIOS DEL SISTEMA

Para darnos cuenta de que estos datos son el reflejo de lo que “los usuarios del sistema” nos están tratando de decir o nos han dicho y nos hemos negado a escuchar, “la necesidad de cambiar la educación”

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Los números no mienten, por lo tanto, urge movemos de nuestra postura de educación tradicional como lo hemos venido haciendo hasta hoy,  la OCDE en el análisis de los resultados obtenidos en nuestro país en el 2012 atribuye a este punto como una de las razones de los pobres puntajes en matemáticas y lectura.

“…la enseñanza, el aprendizaje y la evaluación se siguen llevando a cabo de manera “tradicional”; en general, el maestro expone su clase al frente del salón, los alumnos no participan en la planeación ni en la organización de sus clases y la evaluación se concentra en calificaciones sumarias.”2

REESTRUCTURACIÓN COGNITIVA

Poder cambiar un sistema que lleva años reproduciéndose requiere una reestructuración cognitiva de los adultos responsables del mismo. Si no lo hacemos, la apatía por aprender y el poco interés por ir a la escuela ganarán a cualquier buena voluntad y esfuerzo por revertir esos resultados.

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Por ello es absolutamente necesario que cada uno de nosotros dejemos de creer que:

La única escuela real es la que experimentamos los adultos.

Lo que a nosotros nos sirvió, les servirá a las nuevas generaciones.

El aprendizaje “obligado” por el sistema es importante y significativo para el alumno (solo al 30% de la población le funciona el sistema educativo actual).

Debemos agrupar a los niños por año de nacimiento y evaluarlos a todos al mismo tiempo, bajo el mismo esquema y pretendiendo un mismo nivel de avance.

Los contenidos y la enseñanza unidireccional y restrictiva funcionan.

La educación tiene que ser masificada.

CREENCIAS LIMITANTES

También si miramos al futuro encontraremos razones de peso para cambiar lo que estamos haciendo. En el 2014 el World Innovation Summit for Education emitió los resultados de una encuesta realizada sobre el futuro de la educación, la cual reporta entre otros datos, que en el 2030 la educación estará basada en métodos innovadores en un 93% vs 7% de los métodos tradicionales; los conocimientos académicos no serán lo más importante, las habilidades personales con 75% de importancia se impondrán sobre el 59% a los conocimientos y 42% a las habilidades prácticas; Los contenidos en las escuelas en un 83% serán individuales vs 17% estandarizado; la colaboración y la cooperación serán la base del aprendizaje:

“ …el día en que los niños de hoy vayan a la universidad, no llegarán a escuchar clases teóricas. Irán a recibir orientación, interactuar con sus compañeros y, juntos construir diversidad de saberes y desarrollar estrategias de vida… Los salones no tendrán pizarrones y butacas. Habrá salas de reuniones… para aprendizaje cooperativo”3

Analizando lo anterior refrendamos lo que ya se ha manifestado “nuestro sistema escolar es ineficiente, obsoleto y anacrónico”. “Reaprendamos”, “reinventemos el sistema”, escuchemos lo que niños y jóvenes nos dicen abiertamente sobre cómo viven la educación y lo que no nos dicen pero reflejan en sus acciones.

Es momento de empezar a considerar los siguientes puntos:

Hacer uso en las aulas de la pedagogía basada  en la:

Cibergogía (‘aprendizaje en entornos virtuales’)

Heutagogía (‘modelo en el cual el estudiante es el que decide qué y cómo aprender’)

Generar espacios de microaprendizaje que mueva a la responsabilidad y gusto por aprender. Donde cada aprendizaje sea una experiencia increíble.

Adaptarnos al sistema de aprendizaje de cada niño, apoyándonos de los descubrimientos de la neurociencia.

Aplicar una definición más flexible de lo que es éxito y logro.

Establecer espacios y ambientes generadores de ideas y confianza.

Hacer uso en el aula de las nuevas teorías sobre motivación, sociedad y desarrollo.

El análisis es muy claro ésta generación sólo aprende si quiere hacerlo, si está motivada, de lo contrario no hará nada o no le será significativo, sólo lo hará “por cumplir” cayendo en una falacia educativa, la cual es evidente en los resultados de los exámenes que se les aplican y en las actitudes de rechazo, hartazgo, desilusión y apatía que muestran.

Ellos desean vivir un modelo educativo distinto, en donde vayan a la escuela a “crear algo”, donde su imaginación y creatividad sea empoderada y canalizada y se dejen de lado los algoritmos de rutina. Sin duda es algo que podemos hacer, sólo es cuestión de querer.


NOTAS

1Imágenes tomadas de El Universal.

2Conclusiones y recomendaciones emitidas por la OCDE sobre la evaluación de la educación en México 2012.

3WISE 2014  (World Innovation Summit for Education).

Tomado de: La nueva generación. ¿Cómo será su educación en el futuro?. Tec Review. Septiembre/octubre 2015.