¿Cuántas madres y padres habremos oído esta frase peculiar de boca de nuestros hijos? Y ¿A partir de qué edad la manifiestan más veces? A mi parecer, cuando los niños se van haciendo más mayores. Entran a la escuela con muchas ganas e ilusión y a medida que van pasando los cursos, sobre todo cuando llegan a la etapa primaria, van perdiendo esa ilusión con la que entraron.

Para mí, NO es idóneo tener que sentir: “Es que no quieren hacer nada”, “Son niños malcriados”, “Claro, se lo consienten todo“.

¿Por qué no cambiamos de una vez el argumento y en vez de culpabilizar a los niños… por qué no culpabilizamos al sistema?

Soy maestra de educación primaria en una escuela pública y sé que mis alumnos –desde el primer al último niño que tengo– pueden hacer cosas y aprender, ¡todos! Desde el que tiene necesidades específicas de apoyo educativo, pasando por el que le cuesta leer, hasta el que no acaba de entender las divisiones.

Si queremos pretender que todos los alumnos pasen por el mismo cedazo, ¡vamos apañados!

Para mí, tampoco es idóneo aducir que, porque un niño haya suspendido una prueba de matemáticas, ya no deba estar dentro del grupo “normal”. Pero ¿qué consideramos como normal?

DEJEMOS DE FIJARNOS EN LA

NORMA y fijémonos en el NIÑO

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Lo que vale para un niño quizá para otro no, sin embargo, no cejamos en nuestor empeño de hacerlos pasar a todos por la misma criba.

Es como si en vez de ir a una escuela, fuéramos a una fábrica donde los alumnos son los productos y la gran máquina es la escuela. Si el resultado es bueno el producto continúa su camino y sale al mercado con éxito. Si el resultado no es bueno, el producto es defectuoso y se retira. Para entendernos, en el caso de las personas, los fracasados continúan en la sociedad, pero excluidos de esta.

¡Llegar a este punto es muy lamentable!

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Y más pensar en que uno de los culpables es el sistema educativo en el que estamos inmersos.

Siempre me acuerdo de una alumna mía la primera vez que la tuve en segundo curso, una niña muy inquieta, llena de energía, con una manera de hacer y hablar un poco peculiar o como la catalogaría la sociedad: algo “rara”; pero que –a mi parecer– te sorprendía en todo momento.

Un día, a la hora del patio, le pedí si se podía quedar un momento conmigo porque ya llevaba días observándola cómo le costaba concentrarse en sus tareas, cómo le molestaba mucho cosas que hacían sus compañeros y cómo le costaba leer y, sobretodo, escribir.

Le comenté todo esto que había estado observando en ella y le pregunté si le gustaba venir a la escuela. Su respuesta fue un rotundo “¡NO!

–¿Por qué?–le pregunté.

–Porque no me salen las cosas bien y los niños me molestan.

Después le pregunté:

–¿Qué te gustaría hacer en la escuela para que estuvieras más contenta?

Su respuesta fue:

–¡Hacer experimentos!, mezclar colores con botes, hacer cosas…

A esta alumna le cuesta estar atenta más de un par de minutos, enseguida desconecta y ya no te atiende. Para esta alumna aprender no es estar escuchando un discurso aburrido de la maestra, sino “HACER”, hacer algo y que a la vez aprenda, es decir, dar sentido a lo que está haciendo (Learning is the work).

Hay una gran cantidad de niños como esta alumna que necesitan hacer para aprender. No os podéis imaginar la inteligencia de esta niña aun siendo una niña con dificultades en lecto-escritura. Si no le damos a esta niña lo que necesita para aprender, el “producto” saldrá defectuoso y difícilmente tendrá éxito.

Yo siempre digo que tengo tantos niveles de aprendizaje como niños tengo en el aula. A ver si abrimos los ojos y visualizamos al grupo clase; no como un grupo homogéneo donde lo único que los une es el año en que nacieron, sino como un grupo heterogéneo donde cada niño se desarrolla según su propio nivel de aprendizaje; y no, sobre lo que dicta “la norma”.

Confío que en un futuro no muy lejano, las escuelas serán lugares donde los niños no estarán organizados por cursos y asignaturas, sino que interactuarán libremente por la escuela con iguales, adultos, nuevas tecnologías, voluntarios… y donde los maestros no seremos los que tengamos todo el conocimiento y verdad absoluta; sino que acompañaremos a los niños en su viaje fascinante a construir el saber, para ser personas de provecho en la sociedad en la que viven.

Por fortuna, ya hay gran número de maestros y escuelas que están dando “la vuelta a la tortilla” y están transformando la escuela. Hay muchos maestros que están haciendo una gran labor y esfuerzo porque las cosas vayan a mejor para nuestros alumnos. Qué triste que tengamos que pasar por una carrera de obstáculos que nos ponen nuestros políticos cuando deberían darle suma importancia al tesoro más preciado y futuro de nuestro país, los niños.

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  • janeide

    Recuerdo que después de kínder me ha decepcionado mucho con la escuela porque no había alegría, era casi el único maestro de copiar el libro sobre na pizara y nosotros la copia de la libreta. Además de abordar los problemas sin aplicarlas, no había sentido! Así que yo no quería ir a la escuela!

  • JFCalderero

    Muchas gracias Mónica por tu acertado artículo. Creo que te gustará esta tesis que codirigí en 2013: https://repositorio.uam.es/bitstream/handle/10486/13254/62847_Garc%C3%ADa%20Barrera%20Alba.pdf?sequence=1 Saludos cordiales.
    Pienso que también te puede interesar mi ponencia LA EDUCACIÓN PERSONALIZADA COMO SOLUCIÓN SOCIAL Y AMBIENTAL que puedes leer íntegra en: https://ined21.com/la-educacion-personalizada-como-solucion-social-y-ambiental/

    • Mónica García

      Muchas gracias! Claro que sí, me lo miraré y te comento qué me ha parecido.
      Gracias por leer mi artículo.

    • Mónica García

      Felicidades por tu tesis. Me ha gustado mucho el apartado de la educación personalizada. Es la escuela la que se tiene que adaptar a cada alumno, y no el alumno a la escuela.

    • JFCalderero

      Muchas gracias por tu comentario. Pero… no podemos quedarnos en compartir buenas ideas sin más; aunque no es poco y por algo se empieza.
      Creo que tenemos que ponerlas en práctica, cada uno en su entorno inmediato, FAMILIA (EN PRIMERÍSIMO LUGAR), Escuela, Actividades sociales, Opinión Pública, y también difundirlas.
      Para educar bien a un niño concreto es un error esperar a que… alguien haga algo en algún entorno lejano… política, administración, medios de comunicación, etc.

    • Mónica García

      Totalmente de acuerdo!
      Gracias.