Una simple técnica que toma sólo unos minutos puede ayudar a un estudiante estresado a recuperar el estado de ánimo necesario para el aprendizaje.

ESTUDIANTES ESTRESADOS

A menudo encontramos estudiantes en un estado mental estresado o ansioso. Las señales más reveladoras son los comportamientos inapropiados o los arrebatos, los comentarios negativos y los movimientos de ansiedad como el agitar las piernas y apretar los puños.

Estas señales deben suscitar una preocupación inmediata e indicar a los educadores que puede ser necesaria una respuesta. El objetivo es guiar al estudiante hacia una mentalidad autorregulada, pero ¿cómo lo hace un profesor?

Primero revisemos lo que sucede con un estudiante en medio de un arrebato. Se está liberando el cortisol, que es el responsable de mantener a la gente viva ante el peligro. A menudo llamada la hormona del estrés, el cortisol juega un papel crucial en nuestra capacidad de protegernos. Cuando experimentamos situaciones estresantes, la liberación de cortisol nos ayuda a responder rápidamente, pero tiene un costo, ya que afecta negativamente la capacidad del cerebro para funcionar a un nivel óptimo.

Piénsalo de esta manera: Estás en el océano en una tabla de surf esperando la ola perfecta. A corta distancia, ves una aleta de tiburón que sale del agua, dirigiéndose hacia ti. Inmediatamente se liberan dos sustancias químicas, cortisol y adrenalina, y entras en la respuesta de lucha, vuelo o congelación: Puedes luchar contra el tiburón, huir remando tan rápido como puedas, o congelarte y esperar que el tiburón pierda el interés en ti. Cualquiera que sea tu respuesta, te encuentras en un momento de estrés, ansiedad, incertidumbre y miedo debido al aumento de los niveles de cortisol.

Ahora consideremos cómo se vería esto en un ambiente de aprendizaje. Al final de una clase, dos estudiantes se enteran de que han recibido una mala calificación en un examen de ciencias. Esta no es una situación de vida o muerte como la del tiburón que se aproxima, pero la respuesta fisiológica es la misma. Los niveles de cortisol de los estudiantes son altos y están ansiosos, un estado mental que no permite un pensamiento claro y consciente. Al entrar en su clase de inglés, los dos estudiantes están visiblemente molestos. Uno se dirige directamente a su asiento y comienza a llorar, mientras que el otro tira su bolsa de libros al suelo y golpea el escritorio. Para el profesor, es importante reconocer estas señales antes de empezar la clase.

LA RESPUESTA AL ESTRÉS Y EL CEREBRO

El cerebro joven puede ser confuso, complejo y a menudo incomprendido, no sólo desde la perspectiva de los adultos sino, lo que es más importante, desde la de los propios estudiantes. Para que los estudiantes entiendan cómo funciona su cerebro, es importante enseñarles sobre algunas partes del cerebro y sus funciones. Para mantenerlo simple, enséñales sobre la amígdala, la corteza prefrontal y el hipocampo.

La amígdala dirige las respuestas rápidas cuando es necesario, la respuesta de pelear, volar o congelarse. Cuando la amígdala detecta una amenaza, responde más rápido que la corteza prefrontal, que dirige la capacidad de tomar decisiones y resolver problemas, y el hipocampo, que es responsable de recordar detalles y almacenar recuerdos. Las dos áreas del cerebro que más se necesitan para el trabajo académico son, por lo tanto, ignoradas. Como resultado, un estado mental ansioso, estresado o temeroso puede conducir a una mala toma de decisiones, a la incapacidad de pensar con claridad y a comportamientos impulsivos.

Aprender a calmarnos es imperativo para nuestro bienestar, y la siguiente técnica, que está diseñada para disminuir los impulsos y las emociones negativas, puede ser compartida con los estudiantes. El objetivo es llevarlos a un pensamiento y aprendizaje más regulado.

UNA TÉCNICA DE DESESCALADA

Volvamos a los dos estudiantes molestos de su clase de inglés. No están listos para trabajar, pero el profesor puede ayudarlos tomando unos minutos para guiarlos a un estado de calma.

Este proceso debería tomar entre cuatro y seis minutos y estar centrado en el estudiante. He proporcionado una muestra de lo que un profesor puede decir en cada etapa, pero debe modificar esas declaraciones para que se sientan naturales para usted.

Si tiene un paraprofesional o un profesor de apoyo en la clase, puede pedirle a un estudiante que parezca molesto que salga al pasillo o a un área del aula reservada para la desescalada. O puedes hacer esto como una actividad de iniciación de toda la clase para cualquiera que pueda tener algo preocupante en su mente. Los estudiantes pueden elegir esta técnica de desescalada -pensar en sus respuestas en lugar de compartirlas en voz alta- o participar en una actividad de calentamiento conectada a la clase, como completar una anotación en el diario u hoja de trabajo.

Déle tiempo al estudiante para que recupere la calma: Diga, “Me doy cuenta de que estás muy molesto. Trabajemos juntos en la respiración lenta durante un minuto para controlar tus impulsos”.

Dirige al estudiante a ser consciente de sus pensamientos y sentimientos: Diga: “¿Qué está pasando en tu cerebro y en tu cuerpo en este momento? Dime cómo te sientes y qué estás pensando, y si estás listo para concentrarte en seguir adelante con la calma.”

Haga que el estudiante redirija sus pensamientos: Diga: “Tómate un minuto, cierra los ojos, respira lentamente y piensa en algo que te haga feliz. Sé que me dijiste cuánto te gustan las galletas recién horneadas de tu abuela. Piensa en entrar en la casa de la abuela en un estado mental de calma mientras hueles las galletas, las pruebas, y sientes el calor de ellas al salir del horno.”

Dé al estudiante una respuesta positiva sobre la calma: Diga, “Ahora abra los ojos. ¿Cómo te sientes? Si necesitas más tiempo para calmarte, házmelo saber. Deberías sentirte feliz y emocionado por tu trabajo para llegar a este punto”.

Dale al estudiante un poco más de tiempo para reenfocarse: Diga: “Tómese un minuto y haga algo por usted. Sal a caminar y toma un poco de aire, o cuéntame sobre tu partido de béisbol de la otra noche”.

Haga que el estudiante reflexione sobre el futuro: Diga: “La próxima vez que te sientas así y yo no esté contigo, ¿qué puedes decirte a ti mismo para hacerte cargo de tu pensamiento y comportamiento, y llegar a un lugar regulado?”