Una propuesta de acompañamiento Integral

en la Educación Secundaria

Neura es el nombre de un personaje que nació en mi instituto hace un par de años de la mano de la profesora de Educación Visual y Plástica. Su aspecto: brazos y piernas largas, grandes ojos, boca sonriente y gorra de visera prominente que tapa sus orejas. No sabemos si es él o ella pero sí sabemos que es adolescente. Su nombre es un mote simpático que alude a sus revolucionadas neuronas y nos evoca ese estado anímico altamente variable de la adolescencia. Neura es el vivo reflejo de esta etapa vital en la que se mueven los más de mil alumnos de mi centro.

Nos aparece en distintos formatos y tiene misiones varias: nos anuncia actividades, nos hace preguntas, nos recuerda cosas que se nos olvidan y nos muestra sus habilidades. Habita en el instituto y hace gala de un desparpajo al que ya le hemos tomado cariño.

Del personaje, me llama especialmente la atención la postura que suelen tomar sus brazos. Uno de ellos siempre busca apoyo. Alguien en quien dejar caer su peso.

Porque crecer, cansa y nos saca de nuestro equilibrio. Aunque no lo verbalicen, aunque lo rechacen aparentemente, nuestros adolescentes, con esos cuerpos aún descompensados por los cambios propios de la edad, buscan apoyo físico y delatan a su vez, la necesidad de apoyo emocional y anímico.

De nuestros cientos de Neuras he aprendido que detrás de cierto descaro y actitudes un tanto provocadoras, hay seres que piden apoyo para seguir esa complicada carrera de hacerse persona.

Tratar con adolescentes en un centro de secundaria es tratar con la complejidad humana en su expresión más radical, en su momento encrucijada, en su momento construcción.

Y todo pasa en ese sitio llamado instituto donde el aprendizaje es una prioridad.

El reto es relevante porque en nuestros centros hay que poder conjugar dos aspectos inseparables de sus vidas:  el momento construcción y el momento aprender.

Para resolver esa ecuación, el acompañamiento de todos nuestros neuras necesita convertirse en el eje educativo a partir del cual se desarrollen los otros aprendizajes competenciales y curriculares. Cabe recordar que aprender es un acto humano que nos procura la supervivencia. Por eso, todos nacemos con hambre de saber.

Pero aprender también es un acto esencialmente relacional, aprendemos mejor acompañados que solos, con nuestros adultos y nuestros iguales. Los seres humanos somos por condición, seres relacionales: desde nuestro nacimiento, sabemos que existimos en tanto que los demás nos reconocen y nos ven.

Y nos vinculamos a través de la conexión emocional. Es un acto bidireccional. Todos y cada uno de nosotros tenemos nuestra propia estructura relacional aprendida de nuestros referentes desde el momento de nacer y a lo largo de nuestra vida.

FACILITAR EL ENCUENTRO

Para aprender se necesitan vínculos seguros que permitan hacer frente a los desafíos, miedos y frustraciones propios del proceso de aprendizaje. Se necesita saber que nos seguirán queriendo aunque algo no salga bien. Podemos afirmar, pues, que la vinculación con nuestros alumnos es un acto previo a aprender. La calidad del vínculo determina la calidad del aprendizaje. No hay aprendizaje significativo sin una relación significativa.

Con el fin de establecer buenos vínculos y poder acompañar a nuestros adolescentes es fundamental dotarnos de un espacio y un tiempo de calidad para conseguir el encuentro. El encuentro permite que la personas se vean, se escuchen y se sientan. El encuentro es dar reconocimiento al otro como legítimo otro, como un ser único y de valor. Dificultades de espacio y tiempo son comunes en todos nuestros institutos. Pero eso no puede detenernos a la hora de encontrar formas creativas de facilitar el encuentro con nuestros adolescentes.

ACOMPAÑAMIENTO INTEGRAL

En nuestro instituto, Neura nos ha inspirado a diseñar un Proyecto de Acompañamiento Integral que tiene como objetivo crear un entorno de relaciones significativas que apoyen aprendizajes significativos. El objetivo es conseguir que los adolescentes sientan apoyo físico, emocional y anímico para seguir aprendiendo.

«La vinculación con nuestros alumnos es un acto previo a aprender».

Tiene tres ejes principales: el apoyo individualizado, el acompañamiento entre iguales y el soporte comunitario. Para  lograr el primer eje hemos dado espacio a la tutoría individualizada de manera que  el tutor, mientras el grupo clase hace plan lector con un profesor en el aula, puede conversar de manera individual con el alumno que él considere. Se pretende que sea el espacio de la escucha, de la comprensión, de reflexionar sobre el proceso de aprendizaje y sobretodo de fomentar logros y éxitos, construir esperanza e infundir seguridad en el alumno.

El segundo eje se centra en el acompañamiento entre iguales. Para ello nació el Proyecto Sherpa. Conocedores del valor que tiene el apoyo entre compañeros, los alumnos de 4º de ESO hacen de sherpas de los alumnos de 1º de ESO.

Se encuentran una vez por semana y en esos encuentros tratan temas que les preocupan, que les son comunes y en los que los alumnos mayores tienen experiencia.

Los encuentros se hacen a través de las parejas compuestas por un alumno de cuarto con uno de primero. Gracias a los sherpas podemos detectar y atender mejor situaciones susceptibles de bullying, dificultades emocionales o académicas entre otras.

Hemos comprobado cómo el proyecto tiene una incidencia directa y muy positiva en la integración de los alumnos nuevos, en su desarrollo académico y personal y en la convivencia en el centro.

El Proyecto de Acompañamiento Integral se completa con un tercer eje de dimensión comunitaria. En su proceso de construcción personal, los adolescentes tienen necesidad de sentirse parte de algo, un deseo de pertenencia y de implicación a un colectivo. Algunos brillan en lo académico. Otros, no. Todos, sea cual sea su relación con los estudios, tienen derecho a ser parte del instituto, a tener su espacio de expresión y aportar sus capacidades al centro. De esta mirada ha nacido el Consejo de Alumnos, el espacio voluntario en el que se puede debatir, proponer y modificar aquello que tenga relación con el funcionamiento del instituto. Para promover el debate, Neura nos ayuda con sus preguntas y la alimentamos de respuestas fruto de nuestra reflexión.

VIVIMOS EL PROYECTO

El proyecto de acompañamiento integral es un proyecto vivo, un proyecto que se nutre de las inquietudes de nuestros adolescentes. Algo que sabe interpretar muy bien nuestra Neura a través de sus apariciones.

Vivimos el proyecto como algo nuclear en la educación de todos ellos y sabemos que lo iremos moldeando según aparezcan nuevas necesidades. Lo que tenemos claro es que si queremos que los adolescentes sigan aprendiendo y se sientan acompañados en ese largo camino de construirse como personas deben sentir que el instituto cree en ellos y que su vida va a ser mejor después de pasar por él.