Don Quijote, en sus caballerescas aventuras para deshacer entuertos, veía gigantes donde había molinos, y como resultado de sus arremetidas no conseguía nada positivo… Por el contrario, en Educación nos encontramos con asuntos y situaciones que aparentan ser simples molinos de viento, pero que en realidad son gigantes intangibles, inalcanzables o casi imposibles de vencer.

Son disfunciones muy enraizadas, forman parte del paisaje escolar, pese a ser muy negativas, palpables y conocidas (baste ver en el reciente estudio del Consejo Escolar del Estado “El éxito en la Educación Primaria y Secundaria” como estamos en el último lugar en repeticiones de curso, abandono escolar prematuro y porcentaje de población que supera al menos bachillerato o ciclos formativos de grado medio de los 10 países considerados), pero parecen situaciones intocables, nadie piensa en su corrección ni a medio plazo… Veamos con detalle de qué gigantes hablamos.

Para empezar, tenemos el régimen funcionarial del personal docente en los centros públicos, el cual está regulado por el derecho administrativo, y tiene su razón de ser en el mejor servicio a las Administraciones públicas mediante los funcionarios, personal que serviría a la función pública con objetividad e imparcialidad, con disciplina y moral de servicio (entrega) con otros cánones distintos a la simple productividad de las instituciones privadas.

Los elementos fundamentales de la función pública serían el estatuto, el cuerpo y la carrera, todos los cuales, a propósito del funcionariado docente, han ido degenerando hasta quedar desdibujados, especialmente a partir de la Ley de Medidas para la Reforma de la Función Pública, de 1984: no existe estatuto docente, el cuerpo, para ingreso en un colectivo jerarquizado, pierde sentido al no operar grados o estamentos dentro del cuerpo, precisamente porque falla también el tercer elemento, la carrera, porque en la práctica no hay carrera docente establecida.

Por tanto, el régimen funcionarial actual del personal docente es algo anquilosado, un serio obstáculo para la eficacia, carente de estímulos para la buena prestación del servicio y protector de quienes lo prestan sin calidad, que se ven amparados por el sistema garantista del derecho administrativo.

molinos de viento en educacion1 | Molinos de Viento en Educación

El segundo molino de viento, un verdadero obstáculo para una enseñanza productiva, es algo que se ha ido enredando, complicando y que ahora confunde más que guía la labor del profesorado. Me refiero al plan de trabajo, lo que en la práctica se llama la “programación docente”, que es casi un castigo para los profesores, sobre todo después de los bandazos que ha ido pegando el contenido del currículo en las distintas leyes educativas.

El profesorado necesita un plan de trabajo claro y sencillo, que no le consuma demasiado tiempo elaborarlo, porque debe dedicarse, sobre todo, a la práctica de la enseñanza, no a una compleja ingeniería curricular en la que, hasta los más voluntariosos, abandonan al poco tiempo, entregándose la inmensa mayoría, al seguimiento del libro de texto.

Quienes recuerden aquellos tiempos de “cuestionarios” y “temarios” de las asignaturas coincidirán en que era un plan de trabajo claro y sencillo de seguir: eran porciones de contenidos o conocimientos de la materia de que se tratase, y guiaban al profesor mediante los bloques o capítulos en los que se ordenaba. Sin embargo, hemos avanzado hacia conceptos, tecnicismos y consideraciones cualitativas, en muchos casos burbujas pseudopedagógicas que han ido explotando, y ahora tenemos un elenco de objetivos, criterios de evaluación, estándares de aprendizaje, indicadores de evaluación, procesos cognitivos, rúbricas de desempeño… Hay que concluir que el profesorado no tiene, porque no se le facilita, un plan de trabajo claro y sencillo.

Otra disfunción educativa, un tercer molino de viento que es un verdadero gigante traga niños, adolescentes principalmente, retirándolos de la ruta escolar es el papel de barrera para la continuidad que ejerce el título de Graduado en Secundaria, que es una certificación o diploma limitativo, excluyente, porque sin él se impide el acceso a estudios superiores, cerrando el futuro formativo a una parte importante del alumnado, realidad muy “española”, porque en casi ningún otro país opera la certificación de la secundaria baja con ese término cerrado, decisorio.

Como además este filtro terminal de etapa está asociado a los que se aplican para la promoción al final de cada curso, todo ello redunda en un porcentaje altísimo de alumnado repetidor, que en muchos casos termina por desanimarse y abandona los estudios incluso antes de llegar al filtro final, y así están nuestros números: mucha más alta repetición de curso, de abandono prematuro y de alumnado que no supera la etapa secundaria obligatoria, un panorama ante el que debe hacerse algo, porque son muchos los alumnos, todavía adolescentes, que ahora mismo caen en el limbo de la calle sin salida al no haber obtenido el Graduado en Secundaria.

molinos de viento en educacion2 | Molinos de Viento en Educación

Mi último molino de viento es una extendida disfunción en la práctica docente: el empleo de exámenes de contenidos memorísticos, de validez final, total o única, para la evaluación de los aprendizajes, es decir, se convierte el examen, generalmente trimestral o mensual, en la medida que deben dar los alumnos para considerar el nivel que han alcanzado.

Lo que realmente vale es lo que respondan en los exámenes, en los que se van a enfrentar, mayormente, a preguntas sobre contenidos memorísticos, en los que se obtienen peores resultados, los cuales “producen” mayor tasa de repetición de curso… Si todo es tan negativo, ¿por qué el profesorado continúa con el culto a los exámenes y a la dureza de las calificaciones, provocando en no pocos casos la repetición de curso por parte del alumno? Apuntaré aquí dos razones.

La primera es porque la nota de un examen se puede defender mejor por el profesor, ante la reclamación del alumno o de la familia, que la valoración recogida mediante la aplicación de una rúbrica o por la simple observación del trabajo del alumno por parte del profesor.

La segunda razón ya es menos justificable, porque tiene detrás un ajuste de cuentas con el alumnado conflictivo, ante el cual hay hoy día pocos recursos disciplinarios para el control de su comportamiento y se utiliza la calificación y la decisión de no promoción para intentar sujetarlo primero, y si no se consigue, aplicarle la “justicia” que su poco trabajo o mala actitud han merecido. Algo mezquino, pero soportado por la normativa con sus rígidos criterios de promoción.

¿Pueden arreglarse estos molinos de viento de la Educación? Sí, cuando haya políticos decididos, comprometidos y dispuestos al acuerdo con otras fuerzas políticas. Para interesados, las ideas y soluciones aquí.


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