El modelo de Formación Profesional en España está, a nivel estatal, más fracturado que nunca. La LOGSE,  en el año 1990, apuntaba  en su preámbulo la necesidad de prestigiar la FP:  “( …) la configuración de esta Formación Profesional como una vía secundaria, pero, al tiempo, demasiado académica y excesivamente desvinculado y alejada del mundo productivo (…)”.

En estos últimos veinticinco años hemos podido comprobar el avance y la popularidad de estos estudios. De hecho, desde el curso 2002/03 los titulados y matriculados en FP de Grado Medio y Superior se encuentran a máximos históricos. Este aumento es atribuible a la disminución de las tasas de abandono escolar, provocada por la crisis económica, así como a las menores oportunidades laborales en el sector de la construcción y a una mayor incidencia del paro en los trabajadores con baja cualificación (El abandono educativo temprano: Análisis del caso español).

Evolución-de-la-tasaFuente: http://www.mecd.gob.es/inee/sistema-indicadores/Edicion-2014.html

En el siguiente gráfico, podemos comprobar la importancia en el nivel de estudios alcanzado sobre la probabilidad de ocupación. Los titulados de Grado Medio y Superior tienen aproximadamente el doble de probabilidad de estar ocupados que un graduado en ESO.

Nivel-de-estudios-alcanzado

Fuente: http://www.mecd.gob.es/

Por otro lado, pese a la todavía vigencia de algunos títulos LOGSE, ¡creados hace 25 años!, con la aprobación de la LOE de 2006, se comenzaron a actualizar las diferentes titulaciones que ofrecía cada familia profesional. Una actualización necesaria por la aparición de nuevas profesiones, así como para poner al día títulos que habían quedado obsoletos. Asimismo, y acertadamente, se amplió la duración de todos los títulos de Grado Medio a un mínimo de 2000 horas (incluyendo la Formación en Centros de Trabajo -FCT-).

Hasta aquí, el modelo de la FP en España parecía seguir un camino más o menos equilibrado en cada una de las comunidades autónomas. Cada CCAA podía establecer modificaciones curriculares o crear nuevas titulaciones de acuerdo a las características socioeconómicas de su entorno propio, siempre desde un modelo comprensible que marcaba unas líneas generales de acceso a la Formación Profesional o de acceso a otros estudios.

Aún así, cada CCAA ha ido legislando de modo que el acceso a la FP se ha ido facilitando a los futuros estudiantes; exigiendo menos requisitos académicos previos con el objetivo de ampliar el número de matriculados en Formación Profesional, con el riesgo de desprestigiar unos estudios cada vez mejor considerados.

En la actualidad, desde los años 2011 y 2012, se han sucedido distintas regulaciones en cada CCAA para introducir la llamada FP Dual o modelo alemán en nuestro sistema educativo de Formación Profesional. La moda germana nos ha llevado a un sinfín de experimentos a la hora de introducir un “nuevo” modelo de FP. Un modelo que, lejos de suponer una transformación real del sistema formativo o un cambio de mentalidad de centros educativos y empresariales, está provocando una disminución de la carga lectiva del alumno a cambio de un mero aumento del número de horas de práctica profesional en los centros de trabajo.

Para mayor decepción, cada CCAA está regulando una modelo de FP Dual, también llamado en Alternancia, que convive con los antiguos títulos LOGSE de FP, con los títulos LOE de FP y con la recién aprobada FP Básica de la LOMCE (2013). Un guirigay al que sobrevivimos gracias a la buena voluntad de los centros educativos y de sus docentes que tratan de aplicar con sentido común cada una de las reformas mencionadas. Todo ello pese a los recortes, aumentos de ratio, políticas de privatización o desmantelación de la enseñanza concertada de iniciativa social en algunas CCAA.

En el País Vasco, uno de los modelos a seguir, se ha aprobado el IV plan estratégico que pretende  “(…) continuar avanzando hacia la adecuación, apertura y modernización de nuestro modelo y que culmina con el diseño y puesta en marcha de un nuevo marco, construido desde las fortalezas actuales, que nos sitúe definitivamente como un referente internacional en formación profesional.” Un plan que conlleva una inversión real destinada principalmente a las dotaciones y mejora de equipaciones de los centros. Un modelo de FP que desea seguir siendo un referente de la Formación Profesional en Europa desde el consenso de los diferentes grupos políticos, la comunidad educativa -centros públicos y concertados- y el mundo empresarial.

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Fuente imagen: https://www.flickr.com/photos/lucynieto/2040542611/

El futuro no parece augurar un modelo de FP que invierta en lo realmente necesario: medios técnicos vinculados a la innovación productiva y formación permanente del profesorado. Si a esta inversión le uniéramos los cambios metodológicos necesarios -con su formación pertinente- y un acercamiento del profesorado al mundo de la empresa, seríamos capaces de dar un gran paso para la mejora del sistema de formación profesional actual. Una FP que necesita orientarse a un mundo más complejo y flexible donde las capacidades personales y técnicas se valoran a la par. Una FP que no cabe en una educación basada en la memorística o en unos libros de texto cuyos contenidos varían a una velocidad pasmosa. Una FP modelada para adelantarse a las expectativas de los empleadores y que prepare a sus alumnos para emprender por cuenta propia.

En definitiva, necesitamos un modelo de FP que motive a los alumnos que deciden elegir estos estudios, una FP que invierta en sus docentes y en unos medios técnicos imprescindibles para el empleo, el crecimiento económico y la competitividad de nuestro tejido productivo.