De dónde partimos

El proyecto que expongo a continuación nace de una investigación en la que se recabaron más de 10 mil encuestas a profesores y alumnos. Se trata de un proyecto concebido para adoptar un modelo de escuela diferente. Las conclusiones de dicha investigación fueron, en resumen, las siguientes:
  • El fin u objetivo de la enseñanza actual está enfocado hacia conocimientos o asignaturas tradicionales y no a competencias, actitudes y valores.
  • La innovación en el aula queda excluida en la mayoría de las veces: los docentes no tienen la capacitación pertinente; y, por tanto, no pueden realizar ajustes en su planificación de forma innovadora o tomando en cuenta las exigencias de la sociedad moderna.
  • La enseñanza no se aborda desde un punto de vista humanista en la mayoría de las ocasiones. Esto provoca múltiples problemas que, a su vez, desembocan en la deserción escolar.
  • Por tanto, se propone una nueva forma de abordar la enseñanza-aprendizaje en la escuela secundaria.

Cuáles son los puntos fuertes de este proyecto

1

Un docente como líder pedagógico y tutor único del aula

Se diseña una  nueva forma de abordar la enseñanza–aprendizaje que –a través de un liderazgo pedagógico, en el que un o una docente toma el control de todas las asignaturas, así como de la tutoría, de su grupo de alumnos– permite un control basado en el conocimiento de cada uno de los alumnos. Alumnos a quienes se considera y trata de manera respetuosa; a los que se motiva y orienta hacia al éxito –o logro de objetivos–.

Todo ello para que cada docente pueda adecuar los contenidos o conocimientos estipulados por un programa (ya elaborado y que es igual al de todos los demás docentes que imparten clase en las aulas del país) de acuerdo con las necesidades de su grupo en particular.

2

Transversalidad curricular

Hablamos de adecuación curricular por medio de un currículo trasversal. El docente que emplea la transversalidad es aquel que puede abordar, por ejemplo, un contenido de la asignatura de Español desarrollando, al mismo tiempo, uno de Formación, cívica y ética.

Puede, también, hacer uso de otras asignaturas de acuerdo a la importancia y contenido del tema que ya se valoró previamente según las características del grupo y del contexto escolar.

3

Metodologías activas

Esta es, en esencia, una de las mayores bondades del proyecto; toda vez que, para poder hacer del aprendizaje algo significativo, el docente emplea diferentes metodologías activas, como lo pueden ser la gamificación, el aula invertida y el uso del ABP (‘Aprendizaje Basado en Proyectos’), entre otras.

El ABP en palabras de Vergara (2015)

  • El ABP es un marco sobre el que pensar el aprendizaje. Huye de ser una metodología y tiene dos características:
      • La estrategia se acomoda a los estilos de aprendizaje y enseñanza de alumnado y docentes. Es un método abierto y flexible.
      • Es un marco de enseñanza y aprendizaje en el que se incorporan de forma natural el resto de recursos: aprendizaje cooperativo, técnicas de creatividad, tecnología, problemas, inteligencias múltiples, gamificación, modelos de co-evaluación, etc.

Modelo de escuela diferente

En nuestro «modelo de escuela diferente», el ABP se manifiesta como parte esencial de nuestra andadura diaria. Ha sido aceptado –paulatinamente– por los alumnos; los cuales, acostumbrados a tener una clase tradicionalista, en principio, han mostrado cierta confusión; a otros, sin embargo, les ha parecido que «no hacían nada»; puesto que: no tenían lleno un cuaderno y, además, no habían trabajado con un libro de texto; finalmente, a otro grupo de alumnos, a los más dispersos o a los más rebeldes, les ha parecido FANTÁSTICO. Se observa, en ellos, cómo se muestra la participación activa, el interés por los temas y, sobre todo, el «enganche» necesario para que haga punto de aparición el aprendizaje con este modelo de escuela diferente.

Ha sido un proceso en el cual aún seguimos trabajando con áreas de debilidad, como la propia evaluación. De esta manera, la evaluación en el ABP se presenta como un momento para reflexionar, para valorar las propias creaciones y las de los demás.

Los docentes acostumbrados a reportar una calificación, hemos tenido que enfrentarnos al reto de evaluar y reflexionar, a ver ese momento como uno crucial para suscitar el aprendizaje, ya que el alumno puede analizar sus productos; su finalidad, para el logro del objetivo o meta, y tener la oportunidad de reflexionar acerca de ello. Finalmente, el docente con ayuda del alumno, puede ejercer una evaluación y como dice Vergara «evaluar, no calificar».

El «Para qué» de este proyecto

El proyecto se ha establecido con el apoyo de la autoridad local y bajo el acuerdo de la autoridad educativa federal buscando la concepción de un modelo de escuela diferente; sin embargo, será evaluado con los estándares normales que califican a todas las escuelas del país, lo que podrá ser una desventaja –o no–.

Es un hecho que este proyecto podrá abrir opciones y determinar su propia funcionalidad y eficacia; y, de continuar, también, adecuar nuevos planteles de profesorado –para que se sumen a este–. Aunque, desafortunadamente, como todo proyecto, podría ser evaluado con otra perspectiva, no tan abierta, no tan objetiva; y, por ende, podría ser derogado.

Conclusión

El proyecto aborda, de manera muy clara y sencilla, lo que todo docente debe realizar para suscitar el aprendizaje; además de formar valores, promover actitudes y generar competencias. En caso muy particular, el ABP ha sido el elemento fundamental para llegar a ello; sin dejar de lado el ver a mis alumnos como la parte más importante de mi día a día: ellos generan mis intenciones, mi quehacer y mi planificación didáctica.

A decir verdad, mi grupo fue el primero en iniciar el ABP y, posteriormente, los compañeros se han ido sumando a la propuesta. Se han observado los resultados antes ya mencionados y, también, los retos de la evaluación que ya describí; pero, más allá de este método y las metodologías activas que se han practicado, este proyecto sobre un modelo de escuela diferente ha transformado mi práctica, mi marco teórico y, por su puesto, mi percepción hacia la ‘escuela’ misma.

He tenido la oportunidad de conocer a una directora que, como líder, me ha enseñado muchas cosas nuevas y muy importantes. Me refiero a la doctora Laura Oscos. Para ser honesto, jamás había tenido la oportunidad de ser guiado y motivado por alguien de este modo; por alguien que me ha impulsado a sacar todo mi potencial y lograr alcanzar algo que estaba más allá de un mero objetivo o meta: lograr que uno mismo se cuestione sus hábitos, prácticas y creencias para evolucionar hacia la mejor versión de sí mismo.

Este proyecto me ha enseñado que el proceso de aprendizaje, en cualquier contexto y con cualquier recurso, es posible; que la formación de alumnos en valores, actitudes y competencias también es posible. En mi corta experiencia laboral de 11 años, he visto cómo niños entusiasmados de primer grado se convierten –paulatina y sigilosamente– en jóvenes decepcionados y desinteresados por la educación (como si alguien les robara el alma del estudio y la pasión por aprender, y, aún más, por ser alguien y tener un proyecto de vida).

A día de hoy, tengo alumnos que han sabido encontrar la motivación necesaria para, por lo menos, plantearse metas a corto plazo. Es decir, continuar con sus estudios, cuando ya eso era impensable.

No hay mejor motivación para este diario que incursionar en ello: que un alma sea llevada del terreno de la oscuridad al de la luz, que tenga una visión diferente del mundo y que, por ende, pueda convertirse en un agente de cambio en la sociedad.


BIBLIOGRAFÍA

VERGARA RAMÍREZ, Juan José (2015): Aprendo porque quiero. España: Biblioteca Innovación Educativa.