Esta es una duda común que suele asaltar a los padres, a veces también a los profesores. Entre el ‘no se lo digas, que se lo creerá’ y el  ‘díselo, ¿cómo va a desarrollar si no su capacidad?’ se encuentra todo un abanico de opciones. Aquí va mi reflexión al respecto.

Se habrá observado que no titulo: ‘mi hijo es superdotado, ¿se lo digo?’ Y lo hago porque su hijo no es superdotado: tiene una determinada capacidad. Y ¿no es lo mismo? Desde luego que no. La capacidad es una cuestión de grado y, además, se refiere a dimensiones específicas. Es decir, que tenemos -de ordinario- puntos fuertes y puntos débiles. Pero no hay, no existe, algo así como un rasgo distintivo o atributo que unos tienen y otros no. Por tanto, no es posible decir que su hijo es superdotado, o si se dice, no debería hacerse dando a entender que se trata de un rasgo fijo e inmutable. Y, por favor, menos aún como un CI o como una etiqueta. Eso sería lo fácil, pero también lo equivocado. ¿Cómo es posible que haya quien diga ‘mi hijo es superdotado porque tiene un CI de 130’ o, ‘mi hijo no es superdotado porque tiene un CI de 127’? No tiene mucho sentido.

Por tanto, si en lo que está pensando es en decirle a su hijo que ES superdotado: olvídelo. Cometerá un error y lo dejará perplejo, confuso y preocupado. Entre otras cosas porque no sabrá muy bien lo que le está diciendo, ni qué significa. O peor aún, creerá que es un niño “rarito”,  de esos que lo saben todo.

Ahora bien, pensemos que si la educación es un proceso de gradual responsabilización de seres libres, el autoconocimiento es esencial. Conocerse a uno mismo es crecer en libertad, crecer como persona, en definitiva, educarse. Por ello parece esencial ayudar a nuestros hijos a conocerse, para que puedan aceptarse y responsabilizarse progresivamente de sus propias vidas.  Éste es el ejercicio propio de la autoridad educativa, entendida como servicio, que ejercen los educadores (padres, profesores, amigos) sobre los educandos. Y es que la educación es, sobre todo, autoeducación.

Entonces, si su hijo no es superdotado, ¿qué es? La verdad es que no es más que un proyecto con, inicialmente, algo más que dudosas potencialidades. Tiene un regalo, pero también una tarea encomendada. O sea, que cada uno tiene sus capacidades, diversas, y en más o menos grado, y por eso tendrá que hacer algo por sí mismo (aunque sea con ayudas) para desarrollarlas.

¿De qué jactarse si uno no ha hecho nada para recibir lo que tiene? Pero como lo tiene, debe responsabilizarse de su desarrollo; nadie hará crecer tu potencial por ti. De ahí lo que decía en el párrafo anterior: la educación, principalmente, es autoeducación. Somos protagonistas de nuestra propia educación,  pero protagonistas precarios, es decir necesitados de ayudas.

Lo que su hijo tiene, por lo dicho, es un potencial, una o más capacidades, una serie de dimensiones de su personalidad (en sentido amplio) que podrán aplicarse a un determinado campo de trabajo, del saber, de las artes, del deporte, de la actividad humana en suma. Y en razón del potencial de uno, tiene un trabajo por llevar a cabo, tanto más cuanta más capacidad.

¿Cómo puede, entonces, ocultársele a un hijo su extraordinario potencial para alguna o varias actividades intelectuales, artísticas o deportivas? ¿Cómo podría llegar a ser un buen jugador de algo si no le decimos que tiene condiciones para ese algo? Naturalmente porque tiene determinadas condiciones, pondremos los medios a nuestro alcance para que las desarrolle y aplique.

Así pues, dado que el desarrollo personal es una combinación entre potencial (capacidad), medios y trabajo, se entiende bien que sin trabajo, el potencial se convierte en una mera realidad virtual.

Por otra parte, su hijo ya sabe que no es como los demás, que aprende antes que ellos, que tiene una sensibilidad para las relaciones personales y los problemas sociales muy especial, que sufre con lo que otros quizá se ríen, que sus intereses no coinciden demasiado con los de sus compañeros, que… ¿a qué les suena todo esto?

Olvidémonos, pues, de etiquetas absurdas y pongámonos manos a la obra,  que la tarea de desarrollar la capacidad de uno será larga pero apasionante. ¿No lo es acaso la educación de cualquier hijo?

Su hijo no es un “friki” por tener altas capacidad, y tiene que saberlo; es como otros miles de niños y jóvenes. Lo importante es que le ayude a ver que todos somos distintos, con puntos fuertes y débiles, y que algunas personas tienen puntos fuertes muy destacados como él o ella, por eso tendrán que trabajar duro para realizar todo su potencial. Utilizar ejemplos de los deportistas, músicos, pintores y otras personas eminentes le ayudarán a explicarle la distancia que media entre tener capacidad para algo y llegar a realizar esa capacidad.

También es importante que comprendan que pueden tener un papel muy destacado de servicio a los demás, que su potencial bien encauzado puede ser motor de grandes logros que para otros no son posibles. Tenemos que enseñarles a que se gusten (sin narcisismos), a que se acepten y a que luchen por mejorar cada día como, por otra parte, hacemos todos los demás.

Finalmente, tenemos que ayudarles a ser felices. Pero la felicidad no se logra si uno no sabe quién es, o cómo es, o qué puede lograr en esta vida. O si lo sabe y se lo niegan una y otra vez. Desde luego es difícil lograr la felicidad si no nos permiten desarrollarnos como personas, de alta capacidad, sí, pero personas.

Yo, sin duda, con palabras y ejemplos sencillos se lo diría. Y luego haríamos planes y lo celebraríamos. ¡Ah! y le pediría que de vez en cuando le echase una mano a su hermana/o que le cuesta la geometría… pero sin descuidar su propio proyecto de robótica…

En suma, le ayudaría a conocerse y a luchar por sus proyectos  e ilusiones. Y no le ocultaría, pero sin dramatismos, que crecer es complicado pero que merece la pena dar lo mejor de uno mismo para ponerlo al servicio de los demás.

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Vicerrector de Innovación y Desarrollo Educativo en la Universidad Internacional de La Rioja-UNIR desde septiembre de 2015, soy Catedrático de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación y Doctor en Ciencias de la Educación y Ciencias Biológicas.
Past-President del European Council for High Ability (2000-2004) y miembro del National Advisory Board del Center for Talented Youth (CTY) de la Universidad Johns Hopkins (2003-2011). Fundé y dirigí el centro para la atención educativa de alumnos de alta capacidad CTY España, International Charter Member del CTY de la Universidad Johns Hopkins (2001-2011). He sido profesor de la Universidad de Navarra durante 36 años (1979-2015).
Mi carrera investigadora en el desarrollo del talento académico en jóvenes de alta capacidad me ha llevado a ser Consultant Editor de algunas de las revistas extranjeras más prestigiosas de este ámbito entre las que destacan: High Ability Studies, Education Today, Talent Development and Excellence, Sobredotaçao, Gifted and Talented International, Abilities and giftedness; así como de algunas de las españolas más reconocidas como la Revista Española de Pedagogía, Estudios sobre Educación, RELIEVE, Bordón, Educación XXI o Revista de Educación.
Soy miembro de Sociedades Científicas como:
International Association for Talent Development and Excellence
European Council for High Ability
World Council for Gifted and Talented Children
National Association for Gifted Children (EE.UU)
Sociedad Española de Pedagogía
He publicado más de 150 trabajos de investigación en revistas españolas y extranjeras y soy autor y coautor de 30 libros y capítulos de libros, varios de ellos dedicados a la alta capacidad y el desarrollo del talento, así como a la evaluación de Sistemas Educativos.

  • Juan Valera Mariscal

    Totalmente de acuerdo Javier. Muy clara tu aportación y creo necesario compartirla y así lo haré.
    ¿Le dirías a tu hijo que es alto? ¿Que tiene buen timbre de voz? etc. El ser humano es un enorme paquete de capacidades, saber desarrollarlas y combinarlas es un trabajo progresivo. En cuanto a las capacidades intelectuales, lo primero es detectarlas y una forma es la evaluación profesional, pero creo que es más adecuado enriquecer su vida con opciones de ponerlas en práctica ¿Como voy a saber si mi hijo es buen con las matemáticas si no le apunto a grupos de juegos matemáticos o de experimentos con números,….? A veces cómo padres, nos limitamos a evaluar por cómo se comportan en un horario y en un contexto, el colegio. Pero es como si por el hecho de que ya hay clase de gimnasia en el colegio no llevara a mi hijo a clases de fútbol ¿Como descubriría que se le da bien? Los niños deben tener oportunidad de ver todo de multiples perspectivas, para ver si le encuentran el lado apasionante. Cuando algo le apasione y se vea que obtiene buenos resultados, que manifiesta capacidad por varios indicadores, desde luego es importante que se lo digamos, no como a un héroe que ya ha logrado todo, sino como un afortunado que tiene ventajas a su favor, pero que seguramente tendrá muchos otros aspectos de los que preocupares. Podemos tener capacidad para resolver con facilidad cuestiones verbales, pero luego no haber desarrollado la capacidad de automotivarnos o de esforzarnos, o de gestionar el fracaso necesario para los grandes logros. Como dices donde hay capacidad puede haber un regalo, pero debe haber responsabilidad, en los padres, en el niño y en la medida de lo posible en los educadores y entorno.

    • A.B.

      Soy madre de un chico y una chica superdotadas. Pertenezco a una asociación para niños de alta capacidad. Y este tema, de “es conveniente o no decírselo a mi hijo”, es algo que con frecuencia se oye en la asociación.
      Mi experiencia, después de 9 años desde que lo supimos con mi hijo mayor y pertenecer a esta entidad y escuchar a muchos padres, no es de respuesta tajante “sí o no”.
      Hay niños en los que ha sido su tranquilidad y “salvación” mental el haberlo sabido, como el caso de un chico que se creía loco por no ser como los demás, por no poderse entender con los compañeros. No entendían su humor, su bocabulario,…Y hasta que no le hicieron las pruebas tanto ellos como sus padres, que se lo explicaron, no tranquilizaron en casa.
      Otro se creía tonto, porque el resto de compañeros, al no entender las normas tan complicadas que ponía en los juegos y contar chistes que los otros no entendían,…y verse apartado siempre del resto, llegaba a esta conclusión. “¿Mamá yo soy tonto verdad?”.
      Otros se sentían bichos raros. Alguno sufría bulling. Y ni ellos ni sus padres sabían porqué.
      En estos casos el haber conocido su capacidad ha sido realmente positivo, aunque incluso, alguno haya aborrecido y deseado no tenerla porque le aparta y le hace tan “friky”, para el resto.
      En casos como estos aparte de ser importantísimo saberlo es igual de importante conocer que no son ellos los únicos, que no son una anomalía de la naturaleza. Y, yo hablo desde mi experiencia, desde algunos casos que he vivido en directo en la asociación, porque desgraciadamente no veo que haya otros lugares donde esto tenga cabida. El encontrarse con otros como ellos, el entenderse con iguales, el llegar a un sitio y que tras haber estado un rato, el niño, entusiasmado, salga diciendo “papá aquí entienden mis chistes”, o “¿Ya nos vamos?”( y han pasado tres horas, y los padres habían dicho que no sabían como iba a encajar porque no se relacionaba bien con otros niños).
      A todos nos gusta, nos estimula, y nos ayuda, aun sin saberlo, a continuar progresando en algo que se nos da bien cuando otros lo valoran. A sus compañeros se les reconoce que jueguen bien al fútbol, que bailen, canten, sean graciosos ( aunque el profesor no lo valore, pero el resto de compañeros sí). Pero a ellos, por lo general no les ocurre, mas bien todo lo contrario, ni el profesor, que no sabe cómo son ni como llevarlos lo hace. Muchos de ellos lo que escuchan es “qué desastre de letra”, ” tu Pepito no, que ya sabemos que te lo sabes”, “deja de hablar”, “tu siempre en tu mundo”.
      Para ellos, esta gran “desgracia” de tener alta capacidad se convierte en tabú porque si lo saben se van a sentir superiores al resto, según piensan muchos padres y profesores. E incluso dicen que si lo saben los demás va a ser peor porque se van a meter con ellos. Mejor lo dejamos estar y esperamos a que se le pase o se normalice como también se cree. Por tanto concluímos y concluye la comunidad, ser inteligente ES MALO.
      Decírselo, pues hay que valorar cuando y como. Pero lo que sí es importante es integrar, respetar y poner en valor. A ellos y a todos. Creo que se necesita en este país aprender a enseñar reforzando lo positivo y a valorar lo que tenemos, en vez de negar, ocultar y castigar.