Hace unos días Caligae teatro  ha tenido la inmensa suerte de ser seleccionado y participar  en los Encuentros Caixa-escena en los que nuestros alumnos-actores en la Escuela de Artes Escénicas de Murcia, con otros grupos de teatro de la Región, han podido adquirir en los talleres didácticos herramientas tan necesarias para nosotros como la expresión corporal, la improvisación y la coordinación escénica.

Es buen momento, entonces, para echar la vista atrás y recordar que han pasado ya seis años desde que este grupo de teatro vio la luz, años en los que con mucho esfuerzo ha conseguido una fortaleza especial y una solidez envidiable.

MEJORES ESPECTADORES

En un pasillo de nuestro centro

Caligae teatro nació en un pasillo de nuestro centro, el pulmón del IES José Luis Castillo Puche,  concretamente,  donde los alumnos buscan a profesores, donde los profesores buscan a los jefes de estudios y donde todos, en algún momento, buscamos al director.

Allí, José Antonio Mellado y yo nos cruzamos una mañana y allí mismo recordamos que, en nuestra época adolescente, nadie nos ofreció formar parte de un grupo de teatro, reconociendo los dos que la actividad teatral podría hacer de nuestros alumnos mejores espectadores.

Pusimos, inmediatamente carteles anunciando una convocatoria que no sabíamos cómo iba a resultar, pero algo nos decía que  esa maquinaria, aunque –en un primer momento– lentamente, comenzaba a funcionar. No tuvimos problemas en decidir  a qué teatro nos dedicaríamos, pues reconocíamos en la cultura grecolatina la cuna de la cultura occidental y en su teatro la influencia en el teatro actual.

El primer año,  elegimos Caligae Magnificus  una parodia del Miles Gloriosus de Plauto que tanto nos gusta a los dos. Cada viernes  ensayábamos con una sola inquietud: que el Salón de actos del centro tuviera todas las sillas ocupadas el dia del estreno. Conseguimos que el público, profesores y familiares de nuestros actores y actrices disfrutaran de la comedia latina llena de equívocos, lenguaje vivaz y personajes estereotipados. Después vino Opimus, Aulularia, Minutus, Lisistrata Oinófilos, Tesmoforias… y  este año, Anfitrión.

Cuando ya han pasado seis años, estoy aún más convencida de que el teatro es un instrumento pedagógico potentísimo con el que nuestros alumnos reconocen la sociedad en la que viven, aumentan su autoestima y aprenden a ser mejores personas. Pero está claro que los docentes no escapamos de estos beneficios que hace el teatro en todos nosotros; pues admito, con algo de pudor,  que el veneno del teatro ya corre por mis venas. Él ha sido capaz de hacernos sentir intranquilidad y sosiego, miedo y valentía,  alegría y tristeza y todo en un mismo día.

UN ESLABÓN MÁS

No hay estándares de aprendizaje y no

nos preocupamos por llegar a todos los contenidos

Nuestros alumnos desde el primer montaje han respondido como verdaderos actores y actrices dándonos lecciones  de entrega y motivación  que han coincidido con momentos en lo que nosotros veíamos que esa maquinaria podía pararse en seco… Todos estos esfuerzos han comenzado a dar sus frutos, la maquinaria marcha magnis itineribus por lo que ya es imposible pararla, hemos aprendido que el teatro con esfuerzo, con motivación, se convierte en algo mágico, magia entre profesores y alumnos pero, sobre todo, magia entre estos teatreros que hacen de cada montaje una aventura.

Debo añadir que esa profesora que soñaba, hace años, con hacer teatro grecolatino con sus alumnos no es la misma que  escribe. Cada uno de los actores- alumnos que han pasado por el grupo de teatro han dejado algo de ellos en mí, y  quiénes hacéis teatro (Paco, Carmen, Arístides, Jaime…)  en vuestros centros sabéis de qué hablo: se crea una conexión entre nosotros y nuestros alumnos, alejada de la práctica docente, donde nuestro papel de profesores se queda a un lado y solo somos un eslabón más de la cadena. No hay estándares de aprendizaje y no nos preocupamos por llegar a todos los contenidos del curriculum de las materias.

Gracias a todos por empujar esta máquina, por darnos esa fuerza que se convierte en ayuda, que siempre y tanto necesitamos. Os aseguro que este veneno no tiene antídoto. Lo sabemos quiénes formamos parte de esta familia Caligae que aumenta cada año.  Esa es la magia del teatro, que por cierto, nació en GRECIA,  que nadie lo olvide…