Lo repetiré otra vez: el pesimismo tiene un prestigio que no merece. Hay una corriente de intelectuales y periodistas que han hecho mucho daño en su pesimismo militante. Escúchenlos: todo está mal, es imposible que esto cambie, este país se lo merece, se veía venir, lo mejor es que todo desaparezca y todo vuelva a comenzar. La educación es un tema preferido de los pesimistas militantes.

Apliquemos una aportación psicológica muy famosa de Seligman, han interiorizado la indefensión aprendida: hagan lo que hagan, no creen en el resultado o eficacia de lo que hacen. Es peor, trasladan su problema a los demás. Un pesimista militante en la educación, es lo más peligroso que puede ocurrir a un alumno o generaciones de ellos. No creen en su trabajo. Ellos dirán que todo está fatal, que aunque lo hacen de muchas formas diferentes, siempre se encuentran que los alumnos no quieren aprender. Huyan de ellos, sonrían después. Transmitir implica creer en lo que haces. Es sencillo, ellos dirán que es imposible. Sonrían, por favor, todos podemos mejorar.
  • Se les llama también personas tóxicas, porque todo su empeño es que los demás se alineen con ellos. Si alguien con entusiasmo plantea hacer tal cosa, el pesimista o tóxico dirá que ¡¡¡uffff! eso lo ha intentado hacer él mil veces y que no hay manera (¡mentira!). Lo que pretende es que nadie a su alrededor destaque por su iniciativa porque entonces ya él queda significado por lo contrario, como un vago inmovilista, y eso tampoco. Así que todos quietos, que nadie se mueva y a seguir viviendo de la mamandurria, y mejor quejándonos para que la sociedad vea que nos merecemos el sueldo porque sufrimos mucho.

    • Estimada Teresa, totalmente de acuerdo.
      Un cordial saludo desde INED21

    • Paco

      Llevas mucha razón. De esos “profesores tóxicos” siempre hay más de uno en los centros y claro cuando se hacen cosas quedan con las vergüenzas al descubierto. El problema es cuando quien corta esas alas está en la cabeza del centro.

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  • JU

    Totalmente de acuerdo! Que lástima que el hecho de que uno pueda hacer algo diferente, innovador en el entorno educativo, sea motivo de des(prestigio)…

  • Jesús

    Tan peligroso como los pesimistas militantes son los optimistas que piensan que la realidad es de Walt Disney. En todo caso, creo que ser crítico y decir cuándo las cosas no funcionan o que ciertas cosas se están haciendo mal, no es bien acogido. Si todo lo vemos de color de rosa, no conseguiremos cambiar las cosas para mejor.
    Y lo de “Sonría por favor”, es muy bonito decirlo cuando uno está a salvo, y las cosas te van bien, pero hay muchas personas, a las que por un mínimo de respeto humano y de empatía, no se le puede decir que “sonrían que todo puede mejorar”. No me gustan ni los pesimistas militantes, han hecho mucho daño, pero los optimistas militantes… también lo hacen.