Lo repetiré otra vez: el pesimismo tiene un prestigio que no merece. Hay una corriente de intelectuales y periodistas que han hecho mucho daño en su pesimismo militante. Escúchenlos: todo está mal, es imposible que esto cambie, este país se lo merece, se veía venir, lo mejor es que todo desaparezca y todo vuelva a comenzar. La educación es un tema preferido de los pesimistas militantes.

Apliquemos una aportación psicológica muy famosa de Seligman, han interiorizado la indefensión aprendida: hagan lo que hagan, no creen en el resultado o eficacia de lo que hacen. Es peor, trasladan su problema a los demás. Un pesimista militante en la educación, es lo más peligroso que puede ocurrir a un alumno o generaciones de ellos. No creen en su trabajo. Ellos dirán que todo está fatal, que aunque lo hacen de muchas formas diferentes, siempre se encuentran que los alumnos no quieren aprender. Huyan de ellos, sonrían después. Transmitir implica creer en lo que haces. Es sencillo, ellos dirán que es imposible. Sonrían, por favor, todos podemos mejorar.