Sesenta y cuatro casillas, un espacio trágico e inesperado donde seis piezas diferentes tienen un objetivo: dar jaque mate al rey contrario.

Concentración, memoria, diferentes tipos de inteligencia en acción, control emocional, todo ello no basta para describir esta pasión universal.

Duchamp nunca se dormirá mientras quede una partida de ajedrez, Capablanca sigue persiguiendo a Aliojin por una revancha que nunca jugará, ¿es una casualidad que Fisher muriera con sesenta y cuatro años?, hoy podemos decir que Kasparov y Karpov nos ganaron para siempre…

Europa se plantea su introducción en los sistemas educativos. Hagamos que una decisión sea efectiva: formación a los docentes, unamos en esos proyectos el ajedrez presencial y el ajedrez online, donde se potencien todas sus variantes educativas. Hace tiempo que nuestras escuelas piden una atmósfera diferente, el ajedrez es parte de ese aire.