El miedo como emoción universal tiene muchas funciones. Hay miedos que nos alertan, hay miedos que nos hacen huir. Nuestra crisis económica y social ha dado la oportunidad política de escenificar un miedo patológico: el miedo que paraliza. Hay muchas denominaciones de nuestras sociedades: sociedad red ( M. Castells), sociedad líquida ( Z. Bauman). Hoy somos sociedades del miedo.

Dos mecanismos fundamentales utilizan la clase política y económica. El primero: la aceptación inevitable del presente y de las acciones que implica ese presente. La alternativa es un futuro de caos y desorden, de ahí que nadie deba poner en duda esas acciones. El segundo: todos somos igualmente responsables de nuestro presente crítico y peligroso. Nadie puede ni debe eximirse de la culpa social.

Las consecuencias son claras: cada acción política y económica es necesaria, nadie es responsable individualmente de nuestra situación. Aceptar unas premisas es aceptar un lenguaje político, un lenguaje del miedo. Una sociedad que se respeta a sí misma, es una sociedad que elige el lenguaje en que quiere vivir. La educación en democracia y nuestra realidad actual empiezan a distanciarse: educación y miedo son términos incompatibles.

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  • Daniel Peres

    Muy buenas. Si se me permite, yo diría que más que la sociedad del miedo lo que tenemos hoy -y hago uso de conceptos heideggerianos- es una sociedad de la angustia o del malestar. El miedo -como ya advirtió el filósofo alemán- es siempre “miedo de”; es decir, el miedo tiene siempre un objeto determinado que es su causa. La angustia, o el malestar, por el contrario, tiene ese rasgo de indeterminación que no nos permite focalizar el problema. Nuestra sociedad no es una sociedad del miedo, pues no conocemos con certeza el objeto de nuestro malestar. Lo que hay, más bien, es un síntoma, una patología, que recorre toda la nervadura de lo social. ¿Qué hacer por tanto? Resistir a todo y contra todo, generar nuevos espacios de libertad desde la creatividad, y esperar, no ya un cambio o una revolución, sino un reconversión.

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  • Si, el miedo no reconocido se convierte en angustia y ansiedad. Y esto genera malestar. Personal y colectivo. Es una voz social que esta presente. Ser conscientes de estos malestares, miedos y ansiedades, personales y sociales, nos permite poder elegir (nos libera de la dependencia ante esta opción confusa). Hay que mirar de frente a este miedo social, aunque nos repela y nos diela… Tras el miedo hay dolor (sin malestar), dolor que sana y que conecta con ese amor social que también existe. La sociedad del amor, junto a la sociedad del miedo…