En nuestra propuesta de las competencias del docente del s.XXI, en el informe: “Desde la igualdad a la excelencia”, hacíamos una síntesis de diez competencias básicas que nuestro trabajo implica. Hoy queremos centrarnos en esta pregunta: ¿es necesaria una formación psicológica para el profesor actual? ¿si es afirmativo, qué clase de formación?…
En coherencia con nuestro análisis, haremos referencia a tres directamente. Primera: habilidades de comunicación, con ella queremos describir no solo un dominio del lenguaje verbal, también de todo el ámbito de la comunicación no verbal. Definiendo estos objetivos, ¿cómo sigue sin aparecer tales conocimientos y habilidades en la formación actual? Comunicar no es hablar simplemente, es un proceso complejo que sigue ausente en muchos procesos de selección del profesorado.
Segundo: habilidades de motivación, con ello nos referimos a toda la amplitud de estrategias y tipos de motivación que puede establecerse en un sujeto para que haga suyo un objetivo. Un buen profesor debe motivar, y debe saber motivar: esto último no puede ser solo voluntarismo, debe ser parte de sus competencias como docente. Los sistemas educativos deben comprender que un profesor motiva, en la medida que le motivemos a él: una lección para las leyes educativas.
Tres: reconocimiento psicológico de las diferencias individuales, aquí entra una síntesis de psicología general, psicología del desarrollo y psicología evolutiva. Un profesor actual debe individualizar la enseñanza, este proceso empieza reconociendo la individualidad psicológica de cada alumno. Desde INED21 queremos dejar constancia de una realidad que no sale en los medios: la lucha de muchos compañeros en España e Iberoamérica que en condiciones psicológicas extremas de tensión y, en algunos casos, de violencia, siguen desarrollando su trabajo. Su anonimato los hace aún más admirables: supervivientes psicológicos en ambientes críticos.

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  • JMLBernal

    Sin duda. Imprescindible. Habilidades sociales, aspectos básicos cognitivos-conductuales, y de las terapias llamadas de “tercera generación” (conductuales)