LA MUERTE

ÚLTIMA ETAPA EN NUESTRO CAMINO DE VIDA

«Las sociedades occidentales han olvidado la muerte. No es, pues, extraño que la muerte no haya sorprendido tanto al hombre como en la actualidad».

DR. Henri Delbecque

Todas las personas al término de su vida necesitan ser acompañadas, independientemente de la edad, el sexo o la categoría social y cualquiera que sea el lugar acordado o la espiritualidad durante su existencia.

Se debe ser tolerante respecto a sus creencias, respetar su autonomía en la toma de decisiones, respetando a la persona y potenciando su dignidad.

Estructura del artículo

1. Desde el cuidador: familia y amigos.

Cómo ayudar a un ser querido a dar el salto.

Cómo acompañar al moribundo.

Dar permiso.

2. Desde el enfermo o doliente.

Etapas.

Sufrimiento moral del paciente.

3. Por una muerte digna

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Desde el cuidador

LA FAMILIA

Elizasu C. nos dice que: desde el mismo momento en que la familia toma conciencia de que uno de sus miembros va a morir en un plazo más o menos breve, surgen una serie de miedos:

Al sufrimiento del paciente y especialmente a que tenga una agonía dolorosa.

A que el paciente sea abandonado y no reciba la atención adecuada en el momento necesario.

A hablar con el paciente (conspiración del silencio).

A que el paciente comprenda su situación física por las manifestaciones o actitudes de la familia.

A estar ausente cuando la persona fallezca, a separarse de ella un momento, lo cual entorpece la necesidad de descanso y de realización de las actividades propias de la vida cotidiana.

CÓMO ACOMPAÑAR AL MORIBUNDO

Sé firme como la roca, sonríe cuando veas que desfallezca que no vea que tu alma llora por ese tiempo que se le va. Cuando veas que se viene abajo aunque su aspecto sea duro y parezca que está bien, piensa que es alguien que ha perdido todo, por tanto comprende la dureza de su sentir.

Apóyalo.

Ríe con él mientras tenga fuerzas para hacerlo.

Cógelo de la mano, mímalo, dale un gran abrazo, siente su temblor a través de tu piel.

La importancia de la escucha, incluso muchas veces es más importante que el hablarle, observarle en su manera de comunicar tanto verbal como no verbalmente.

No pierdas la oportunidad de decirle cuanto le queremos si es pariente o todo lo que ha aportado a nuestra vida si es amigo.

Es una persona que se muere, que va a un mundo distinto, donde la fuerza de la vida está dejando de empujar.

Respetar su mundo interior, aumentar la intimidad e intentar compartir el trance por el que está pasando.

Es importante hablar con el enfermo de cosas cotidianas y de personas queridas, recordarle los mejores momentos de su vida y los buenos momentos pasados juntos. Es decir, hablarle de la vida.

Debemos conseguir traer al enfermo al presente y no debemos olvidarnos de que el presente pertenece al no tiempo, es decir, a la eternidad.

COMPARTIR

Acompañar  al moribundo implica compartir su mundo más íntimo, conocer sus sentimientos, sus emociones entender sus creencias  saber  lo que anhela, lo que espera aún cuando no lo ve, su fé  su esperanza. Esto nos permite avivar esa fé hasta convertirla en fuente motivadora, fortalecedora para vivir sus últimos días. Pero..  ¿Cómo sembrar esperanza en el corazón de otro si no hay esperanza en nuestro corazón?  Es imposible engañar al moribundo. El moribundo no puede ser engañado, él sabe quién le miente, todo lo percibe porque está en la hora de la verdad  y él reconoce  la autenticidad de quien lo acompaña.

Acompañar al moribundo implica compartir

su mundo más íntimo

DAR PERMISO

«Me gustaría tener el coraje de dejarme morir, siempre que los más allegados a nosotros nos dieran permiso para morir».

En algunas ocasiones, ante el sufrimiento de sus familiares, el moribundo no se concede permiso a sí mismo para partir. Por eso, llegado el momento, puede ayudar decirle que le queremos, que estaremos bien, que no se preocupe por nosotros y que puede partir y descansar

Nos cuesta trabajo darles el «permiso» de morir, el permiso de irse. Queremos sujetarlo. Pienso que los médicos están especialmente equivocados en eso, luchando contra la muerte, manteniendo a la gente viva con máquinas.

Necesitamos llegar a comprender que hay un tiempo para morir y necesitamos dar ese permiso para poder morir cuando realmente es el tiempo de morir.

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Desde el enfermo o doliente

Cuanto más envejecemos más cerca estamos de la muerte. Si no hemos adquirido el hábito de pensar en ello hay muchas posibilidades de que nos invada la angustia.

Esa perspectiva de desaparecer para siempre es más espantosa cuando no sabemos verdaderamente por qué hemos vivido.

La muerte pone fín a la vida pero no a la relación, continuámos viviendo en el corazón de aquellos a los que conmovimos y acariciamos en vida.

Cuando al envejecer nos volvemos más conscientes de nuestro yo, tenemos también menos miedo a morir, porque experimentamos que somos eternos.

¿Cómo podemos morir sin haber dicho adiós a los que nos importan, sin haber escuchado de sus labios esas palabras de amor que dan fuerza para morir, sin tener el sentimiento de estar en paz con ellos?

Cómo podemos morir sin haber dejado a los que se quedan una palabra, un gesto, una mirada que les consolará de la separación y les ayudará a vivir sin haberles dado la ultima bendición.

Hablamos, y después de poner nuestras cosas en orden, cerraremos los ojos. Confundámonos con el silencio y esperemos la muerte. Estos rituales del silencio son muy eficaces.

Debemos aceptar la muerte; forma parte de la vida. Y, sin embargo, en el fondo del corazón, casi nadie la espera de verdad ni lo desea. A pesar de que racionalmente, conocemos perfectamente el hecho de nuestra finitud, raramente somos plenamente conscientes de todo lo que representa. Solo parece tener realidad la muerte de los demás, no la nuestra.

«Pocos creen que ya les ha llegado su hora, la hora de dejar de ver, de sentir de abandonar definitivamente irreversiblemente el mundo que les rodea, el mundo de los recuerdos entrañables, el mundo de los suyos».

ETAPAS

Etapas por las que pasa el enfermo cuando le han comunicado su enfermedad:

LA NEGACIÓN

El paciente no quiere ver, no quiere saber. Hay una lucha entre nuestra manera de querer ser feliz y la realidad de lo que nos ocurre. Es una reacción de defensa.

El enfermo siente que la realidad le sobrepasa y necesita un tiempo que hemos de respetar hasta que vaya admitiéndola. Como dice Stephen Levine «La mente niega todo lo que es incoherente con nuestro modelo de cómo deberían ser las cosas».

LA IRA

Esta etapa es una etapa breve, pues el paciente se da cuenta de la importancia de los tratamientos, de cómo van disminuyendo sus fuerzas.

Se trata de una lucha interna en la que la progresiva realidad de la muerte entra en conflicto con un fuerte impulso por recobrar el mundo perdido. Prevalece la ira. No debemos juzgarla ni interpretarla como un ataque personal. Los intentos de combatirla con palabras tranquilizadoras o argumentos racionales están abocados al fracaso. Es mejor escuchar, permitir que el enfermo exprese la ira y empatizar con él, entendiendo sus sentimientos. 

LA PENA, TRISTEZA

Según avanza la enfermedad, disminuye la fuerza, la imagen se va deteriorando, etc., se va formando una depresión. Hay que crear alrededor de él un ambiente tranquilo, dejarle espacio para manifestar su sufrimiento, algunas palabras y mucho silencio.

Es una fase de abatimiento ante las pérdidas que ha de afrontar. Se tiende a oscilar entre diversas emociones: tristeza, llanto, mutismo, agresividad. El enfermo se siente muy vulnerable. Si se le transmite nuestra total aceptación, exprese lo que exprese, se le ayuda a pasar del rechazo a la aceptación. En muchas ocasiones no valen de nada las argumentaciones sino la cercanía, tal como refleja Stephen Levine:

«Tomarle la mano a la otra persona es  más importante

que todas las palabras que podamos decir»

LA ACEPTACIÓN 

Al cabo de un cierto tiempo, el paciente siente la inutilidad de sus resistencias y entra progresivamente en la llamada etapa de aceptación.

La persona se acerca progresivamente a una etapa de adaptación a su nueva realidad. Experimenta un sentimiento de paz interior y exterior que no debemos confundir con la resignación. Sufrimiento moral del paciente, Elizasu C. (2010: 22):

El dolor

El paciente enfermo terminal tiene dificultades para situar el dolor, ya que su sufrimiento muchas veces es difuso. El dolor es una experiencia sensorial, desagradable, subjetiva y del que solo la persona que se queja puede explicar.

La depresión y la angustia aumentan también la percepción del dolor.

La alteración de la imagen corporal

Por la enfermedad misma o por los tratamientos empleados, a menudo esa pérdida dolorosa es vivida como un ataque a la dignidad y hace que muchas veces el enfermo se aísle y rechace todos los intentos de comunicación.

La ruptura del equilibrio cotidiano

Todas las actividades habituales y simples (levantarse, moverse de un lado a otro, comer, respirar) ahora cuestan más esfuerzo y más tiempo.

Las consecuencias psicológicas y morales de la enfermedad

El enfermo tiene una profunda inquietud: ¿me volveré a curar?, ¿podré volver a ser como antes?, ¿existen tratamientos?, ¿me voy a morir? Estas inquietudes se manifiestan de modo diferente: agresividad, mutismo, etc.

Las humillaciones

El enfermo sufre de su dependencia de los otros. Depende de los horarios de aquellos que le cuidan o le visitan y se siente humillado en su cuerpo. A la vez también sufre una falta de intimidad, compañía o soledad no deseadas.

La vulnerabilidad

Los enfermos sufren al tener que abandonar una cierta imagen de ellos mismos. Dejan mostrar sus vulnerabilidades o debilidades y buscan alrededor de ellos consuelo, afecto, que les reconforte.

La exclusión o la marginación

El enfermo siente rechazo por su enfermedad que le llevará a su muerte. El entorno tiene miedo y distancia sus visitas al no saber como reaccionara en tales circunstancias. El enfermo se siente también excluido al no poder mantener sus roles socio-familiares.

El cuestionamiento del sentido de la vida

Muchas preguntas atormentan al enfermo ¿Por qué yo? Soy demasiado joven para morir, ¿Qué he hecho para merecer esto? Muchos tratan de buscar un sentido a su vida actual y algunos encuentran razones de vivir: el amor a los suyos, la amistad de su entorno, la esperanza a pesar de todo y, un instinto de supervivencia ante lo desconocido. Otros se apoyan en su fé religiosa.

El miedo

Muchos miedos invaden al enfermo. Estos temen sufrir, ser abandonados, perder la cabeza, ahogarse etc. Otros temen un juicio severo y esperan palabras de perdón. Los hay que se interrogan sobre el más allá.

El sufrimiento del entorno

Junto a su sufrimiento, los enfermos sienten de manera intensa el sufrimiento de sus allegados.

POR UNA MUERTE DIGNA

«Cuando se aproxime mi hora quisiera estar preparado para afrontar la muerte con serenidad»

R. Bayés

Un deseo que creo que todos estamos de acuerdo, es el de que cuando nos llegue la muerte, nos gustaría que fuera en el trascurso del sueño, sin dolor y en paz.

La muerte digna, la muerte sin dolor y sin angustia, es ante todo un derecho humano. Incluso un derecho animal. El derecho a morir dignamente se inscribe en el ámbito de los derechos relacionados con la autodeterminación (Paniker, 2005)

Dentro de unos límites, podemos dirigir el lugar, el momento y la manera en que moriremos, tomando decisiones aprovechándonos de los avances médicos en esta materia. Podemos dejar nuestras decisiones escritas una de ellas es el «Testamento Vital» es un documento por el cual la persona detalla voluntariamente los tratamientos médicos que quiere recibir, o no quiere recibir, en el caso que una enfermedad irreversible o terminal le deje en un estado que no le permita expresarse por sí misma.(Asociación DMD, por una muerte digna.)

Para terminar este artículo quiero invitaros a ver y disfrutar de un trailer de un corto de dibujos animados, que trata este tema de una manera reflexiva pero con toque de humor, tan importante para todos nosotros.

Cortometraje «La dama y la muerte»


BIBLIOGRAFÍA

Para trabajar con mayores:

ELIZASU, Carolina. (2010): El acompañamiento en fin de vida. ED. CCS.

KÜBLER-ROSS, Elisabeth. (2007): La muerte; un amanecer. ED. Luciérnaga.

KÜBLER-ROSS, Elisabeth. (2006): La rueda de la vida. ED. Ediciones B.

BUENO, Mariano. (2010): La muerte nacimiento a una nueva vida. ED. Edaf

MARTIN NOMEN, Leila. (2007): El duelo y la muerte «El tratamiento de la perdida». ED. PSICOLOGÍA PIRÁMIDE

Estrategia en Cuidados Paliativos del Sistema Nacional de Salud.