Reflexión para los que superamos los 50 años

Aunque sigue sin quedar claro cuando se produce la plenitud del bienestar, porque las diferentes investigaciones arrojan resultados en cierto modo distintos- tres estudios recientes demostraron que la plenitud de la experiencia emocional positiva se produce a los sesenta y cuatro, sesenta y cinco, y setenta y nueve años, respectivamente-, lo que si resulta medianamente claro es que la juventud y la madurez incipiente no son las épocas mas alegres de la vida, sino probablemente las mas negativas.

Laura Carstensen, que fundo el centro sobre la longevidad de la universidad de Stanford, dice  que cuando empezamos a reconocer que nuestros años tienen un límite, cambiamos esencialmente nuestro punto de vista sobre la vida. El horizonte temporal más breve  incita a centrarnos mas en el presente y a invertir nuestro tiempo (relativamente limitado) y esfuerzos en las cosas de la vida que realmente importan.

Así, por ejemplo, cuando envejecemos, nuestras relaciones mas valiosas se vuelven mucho más prioritarias que conocer a personas nuevas o asumir riesgos; invertimos más en estas relaciones y desechamos aquellas que no son muy alentadoras. Así las cosas, hay mas probabilidades de que nuestra experiencia emocional este constituida por tranquilidad y serenidad que por emoción y alegría. También llegamos a apreciar las cosas positivas de nuestra vida y aprendemos a obtener más felicidad de ellas.

Se considera que en la segunda mitad de la vida y en los años siguientes se fomenta la felicidad de otras diversas maneras. Saber que nuestro tiempo en la tierra es limitado, junto con la creciente madurez y las habilidades sociales que acompañaban a cada decenio nos motiva para maximizar nuestro bienestar y controlar las emociones con más eficacia.

Por ejemplo, podríamos hacer lo posible para sentirnos mejor cuando estamos deprimidos, angustiados o furiosos, y evitar pasar el tiempo con personas o en situaciones que nos hicieron desdichados en el pasado. Conservar los sentimientos de satisfacción, serenidad, alegría o intimidad, también puede que se haga más fácil a medida que nos hacemos mayores, porque se ha descubierto que las personas con mayor madurez muestran una tendencia al positivismo en la atención y los recuerdos.

Una línea de investigación fascinante ha documentado que cuanto mas viejos somos, mas probabilidades hay de que seamos tratados con respeto y amabilidad: los demás se enfrentan a nosotros y nos critican menos, nos consienten y perdonan más y se esfuerzan en resolver tensiones y aplacar conflictos.

Reflexionemos: “Es cierto mis años de fertilidad se han cambiado, pero un nuevo capitulo da comienzo”. De  ahora en adelante, daremos la  bienvenida a la mediana edad  y a la vejez con la mente preparada.

Quiero finalizar, proponiéndoos algunas cosas que nos quiten de nuestra  rutina diaria y  que utilizo en mis cursos con adultos y mayores como trabajos para realizar en vacaciones:

Vamos  a hacer algo que nos quite de nuestra rutina diaria: Los condicionamientos sociales nos van presionando para ser razonables, serios y a veces bastante aburridos.

Ejercicios para trabajar en vacaciones

      1. Hacer lo contrario de lo que se hace habitualmente, desde el itinerario para ir al trabajo, unas palabras de elogio con quien solemos reñir o discutir, tener un detalle con alguien que nos caiga especialmente bien, etc.
      2. Escribir una carta o hincar una conversación con alguien o hacer algo que no te atreverías o te daría mucho apuro en circunstancias “Normales”.
      3. Conocer, por ejemplo, a cinco (u otro número), nuevas personas.
      4. Conocer dos nuevos lugares de tu ciudad, donde nunca estuviste.
      5. Probar alguna comida o bebida que nunca hayas tomado antes.
      6. Hacer una broma simpática a alguien (solo si no es habitual en la persona).
      7. Dejar caer en la calle dos monedas de un euro y observar las reacciones.
      8. Poner una prenda a propósito al revés, o colocarse zapatos o calcetines de diferente juego.
      9. Haz una lista de diez cosas que te hagan sonreír.

Y recordar que somos personas libres, que dependemos solo de nosotros y  debemos recordarnos nuestros derechos para ponerlos siempre que creamos necesario en práctica.

Tenemos derecho a:

      • Algunas veces, usted tiene derecho a ser el primero.
      • Usted tiene derecho a cometer errores.
      • Usted tiene derecho a ser el juez último de sus sentimientos y aceptarlos como válidos.
      • Usted tiene derecho a tener sus propias opiniones y convencimientos.
      • Usted tiene derecho a cambiar de idea o de línea de acción.
      • Usted tiene derecho a la crítica y a protestar por un trato injusto.
      • Usted tiene derecho a interrumpir para pedir una aclaración.
      • Usted tiene derecho a pedir ayuda o apoyo emocional.
      • Usted tiene derecho a sentir o expresar dolor.
      • Usted tiene derecho a ignorar los consejos de los demás.
      • Usted tiene derecho a recibir el reconocimiento formal por un trabajo bien hecho.
      • Usted tiene derecho a decir “no”.
      • Usted tiene derecho a estar solo aún cuando los demás deseen su compañía.
      • Usted tiene derecho a no justificarse ante los demás.
      • Usted tiene derecho a no responsabilizarse de los problemas de los demás.
      • Usted tiene derecho a no anticiparse a las necesidades y deseos de los demás.
      • Usted tiene derecho a no estar pendiente de la buena voluntad de los demás.
      • Usted tiene derecho a responder a no hacerlo.

BIBLIOGRAFÍA

Calidad de vida en adultos y personas mayores.

LEIMON Averil y McMAHON Gladeana: Psicología positiva para Dummies. (2014). ED. Para Dummies

HIBBERD. Jessamy: Este libro te hará feliz. (2014). ED. Roca Editorial.

LYUBOMIRSKY. Sonja: Los mitos de la felicidad. (2014). ED. Urano.