En la década de los noventa la inteligencia emocional de D.Goleman tuvo un éxito sin precedentes en la cultura popular; una década antes H. Gardner en su teoría de las inteligencias múltiples, había ya definido una inteligencia intrapersonal y una inteligencia interpersonal. Desde la psicología se fue reconociendo la importancia de las emociones y, en consecuencia, la importancia de su educación.

¿Por qué sigue sin reconocerse en el currículum oficial la competencia emocional? ¿Por qué seguimos señalando el mal ambiente en las aulas, y no reaccionamos? ¿Por qué esa indiferencia hacia el motor de cualquier decisión, como nos enseña A.Damasio? Creemos que ha llegado la hora de impulsar un debate que sigue sin producirse: la renovación de lo que se enseña en nuestra educación y cómo se enseña.

Un currículum actualizado a los desafíos de la sociedad del siglo xxi, un currículum con una periodicidad para su renovación constante, un currículum hecho sin prejuicios ni apriorismos ideológicos. Estas condiciones nos ahorrarían debates inútiles hechos desde el provincianismo educativo y cultural.

Un viejo profesor a punto de jubilarse, era mi año de prácticas, se me acercó después de la última evaluación: ¿qué se siente el último día? Sonrió: amigo, no hay tragedias en educación, hay buen trabajo o no lo hay, lo irás viendo. Gracias, tenías razón.