Pienso que una de las disciplinas escolares en la que sufrimos mayor confusión es la Historia. Y si soy yo quien está confundido espero que sabrán perdonarme.

No es una asignatura de las llamadas instrumentales como las lenguas o las matemáticas ni una de las consideradas «marías» como solíamos denominar a la educación física o la religión. Pero fíjense que la mayoría de debates que se suscitan sobre el currículo atañen a la Historia, aquí y en muchos otros países. Creo que porque no hemos abandonado del todo el paradigma de la educación nacional del siglo XIX.

Una de las disciplinas escolares en la que

sufrimos mayor confusión es la Historia

En los primeros estados modernos, que ensayaban modelos de democracia, se consideró importante cohesionar a la población con el sentimiento. Muchos eran grandes estados formados en luchas feudales y absolutistas que empezaron a compaginar la milicia con la administración de personas y cosas en el siglo XVIII.

La gente tenía al Rey como referencia hasta que en alguna parte se empezó a decidir que fuera al revés. La Historia va incluyendo de manera zigzagueante. Pero esa inversión fue y es aún vacilante. Los líderes fueron, son y serán necesarios aún un tiempo (generoso).

Y los líderes necesitan cohesionar su equipo y para eso no hay nada mejor que una historia compartida. Y si es corta, se busca alargarla lo más posible (aunque evitemos caer en las alegrías aguirrianas de la España de los 3000 años)1. Todos lo hacen. El problema es que los líderes y los equipos sirven para sobrevivir, funcionar y competir en la función.

Jules Ferry fue el ministro francés que en la Tercera República impuso el currículo de Historia para animar a su equipo. Por desgracia fue después de una sonora derrota en 1870 y los currículos en ciertos contextos toman un cariz de revancha que en aquel caso pagamos todos cincuenta años después.

Cuando los políticos disputan por el currículo de una asignatura hay que suponer que debe ser una asignatura central. Curioso en una época en que todo parece que fueran redes sociales, robótica y programación o biotecnología.

¿Qué demonios pintará la Historia en ese futuro?

El extinto ministro Wert ambicionaba españolizar a los niños catalanes (el tema era la lengua, pero también la historia) y la consejera Rigau le espetó que lo que hacía falta era catalanizarlos porque lo eran poco. Son preocupaciones de ellos. Pero a estas alturas de la Historia la escuela no está para formar equipos nacionales, eso les compete a los políticos y esperemos que sean cautos y prudentes.

La Historia de la escuela es universal. Me atrevería a decir que estamos en el momento de que fuera la escuela quien se convirtiera en referente de toda la sociedad de todo el mundo, incluidos los políticos. Pero para eso haría falta un tiempo de Ilustración Escolar donde surgieran Montesquieus y Condorcets de la pedagogía que definieran el papel de una escuela libre para una humanidad libre. Sacaremos más inclusión con los zig-zags, después, que haga falta.

La Historia de la escuela

es universal

Creo que empezamos a entrar en la época en que Felipe II, Jaume I o incluso Franklin D. Roosevelt fueron notas a pie de página. Para un niño representan una forma de llevar un sombrero alto y negro, un casco molón con dragón alado o un señor viejo y constipado.

De manera similar, anfiteatros, castillos, monasterios o palacios renacentistas son decorados bonitos en los que los niños no acaban de ver qué historia se representaba.

Si la Historia está en el centro del currículo es porque nos dice quiénes somos y nos permite discutir quiénes queremos ser. Nosotros poblamos los decorados y eso se ha de reflejar en las clases para que la Historia nos diga algo. Y en realidad no debe decírnoslo, debemos discutirlo.

Todo niño nace en la Historia y actuará en ella. Cuando lo vemos por primera vez ya tiene un poco de historia y el peso minúsculo de su pequeña historia desequilibra infinitesimalmente la trayectoria de la gran bola rocosa de la Historia. El papel del profesor de Historia es no dejarle quedarse en una historia pequeña y estrechamente localizada. Es un actor del mundo y debe saberlo.

Debe saber en qué contexto histórico creará riqueza o programará contenidos. Pero eso está reñido con explicarle secuencialmente una historia ajena, externa, de otros. Esa la estudian los profesionales de la Historia para que los demás podamos discutirla en función de nuestro papel. La nuestra es la Historia de Todos y esa incluye el futuro al que nos podemos orientar. Tal vez así crezcamos puliendo nuestras iniciativas como las plataformas colaborativas que a veces sirven para que todos colaboremos para enriquecer a algunos.

Si no hay mucha oposición intentaré seguir perfilando la visión de la Historia Escolar que imagino (posiblemente parecida a muchas que se estén practicando ya).


1 A veces se hacen historias de España como si los dinosaurios de la Rioja ya hubieran sido españoles.

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Licenciado en Prehistoria e Historia Antigua. Profesor de EGB y Primária entre 1980 y 2000. Redactor de textos escolares y enciclopedias juveniles para la editorial TEXT/LA GALERA. Autor de novela juvenil. Postgrado de Edición en la UOC. Autor del proyecto Biblioteques d’Investigació Jove y del blog LLIBRE DE TEXT: L’ANCIEN RÉGIME. Miembro de la Societat Catalana de Pedagogia y del grupo “Narració i pedagogia”.
Actualmente retirado.