EL CURRÍCULO DE LOS MAESTROS

No sentaré cátedra en este tema, pero nada humano escapa a la mirada del sentido común bienintencionada. Algo diré desde las sombras de mi caverna y si algún día salgo, me alegraré de haberme equivocado en mis críticas y descubrir inútiles mis consejos. Algunas veces he tenido oportunidad de hablar con alumnos de alguna facultad o de oír comentarios sobre estudiantes en prácticas. Y pienso sobre lo que me habría ayudado en mi ejercicio y no me alcanzó.

Por lo que he podido ver a partir de breves conversaciones con alumnos universitarios y noticias que recibo sobre estudiantes en prácticas no puedo ser muy optimista, pero seguro que sólo estoy tocando la pata del elefante y me creo que es como un árbol. Uno llega al magisterio por amor al conocimiento, por amor a los niños o por revancha con su escolaridad insatisfactoria.

También por simple instinto de supervivencia: opciones laborales masivas y fáciles. España es país de árdua empelabilidad, el empleo de maestro puede ejercer cierta tentación para licenciados poco motivados y encaminados a salidas de baja nota. Eso ha sido y me temo que sigue siendo. El país icono lo resolvió elevando la exigencia para ser maestro, espero que aquí también estemos en ello. Pero oigo sobre las políticas de contratación universitaria y me preocupo. Oigo sobre el desempeño de los equipos docentes de las facultades y me preocupo. Ojeo los currículos de graduación de algunas facultades y me preocupo. Hoy me centraré en esto último.

Acudo a las páginas de diversas universidades (Granada, A Coruña, Valencia, Sevilla, Complutense de Madrid, Rovira i Virgili, Autónoma de Barcelona y UB) y  veo sus propuestas a lo largo de cuatro cursos de graduación. Observo una pauta general que es la siguiente:

Concentrar las asignaturas teóricas en los dos primeros curos (o sólo en el primero) y las prácticas en los dos últimos.

Es decir, empezamos en primer y segundo curso por todo lo que sea filosofía, sociología, pedagogía general y reflexión pedagógica cuando los alumnos vienen tiernos mental y experimentalmente a la universidad. Si nuestra experiencia sigue siendo válida, un profesor diferente en cada caso, expondrá su asignatura de manera secuencial-histórica y los alumnos tomarán apuntes.

El buen profesor hará participar a los alumnos en reflexiones críticas, pero ellos sólo podrán aportar su imaginario más o menos nebuloso y previsiblemente poco contrastado con la realidad. Si es así, se trata de un enfoque positivista, tal vez válido para un aspirante a pedagogo (que tampoco debería ser un teórico puro), pero, a mi parecer, no para personas que entrarán tres o cuatro años después en un tipo de refriegas que le demandarán mucha reflexión. En educación, la teoría no es un a priori, sino más bien un a posteriori. Si me equivoco, tiren estas líneas.

En tercero y cuarto curso del grado solemos ver todas las didácticas, los métodos especiales, las atenciones y diagnósticos y las dificultades. Tiene su lógica. Siempre he visto la didáctica como una caja de herramientas o un armamento. Justo se distribuyen las herramientas antes de que el mecánico entre en taller. Y siempre son herramientas especializadas: para ciencias sociales y naturales; para matemáticas; para educación física; para lenguas; para educación especial… La interdisciplinariedad no aparece mucho. Pero voy a intentar refutar esa aparente lógica.

Teniendo en cuenta que me estoy ocupando de grados para maestros de primaria, podríamos poner esa especialización en el microscopio. Cuando alumnos de dieciocho años entran en una facultad, tal vez lo que tienen aparte de ilusiones y esperanzas, sea un recuerdo bastante fresco de sus propios problemas con las asignaturas, con los saberes y conocimientos. En lo que posiblemente podrán aportar opiniones más o menos contrastadas, será en cuestiones didácticas, en cómo se aprehende el conocimiento. Especialmente en el contexto escolar del que venimos, donde aún priman los saberes compartimentados.

Tal vez los dos primeros cursos del grado sean buen momento para ponerlos en solfa, someterlos a reflexión. La didáctica que pudo haber valido para ellos y no se dio (a veces, a menudo, tal vez siempre) quizá refuerce su deseo de renovar el mundo. Otro argumento que se tiene poco en cuenta es de tipo psicológico.

Si te preparas en los últimos cursos para afrontar la enseñanza con unas metodologías aprendidas para cada caso concreto, muy posiblemente tiendas a poner antes la herramienta que la máquina. Es decir, a seguir una pedagogía maestro-alumno, presupongo el método que les irá bien para aprender y lo aplico antes de que ellos digan nada.

Es un peligro. Especialmente si uno prefiere una pedagogía que ponga al alumno por delante. En esos casos, creo yo, las herramientas didácticas son el arsenal de reserva que uno tiene en la caja hasta que ha entendido bien los problemas concretos de los alumnos. Para mí, las didácticas son lo que tienes a punto cuando un alumno o varios no pueden seguir por sus propios medios.

Porque para mí, el alumno es un autodidacta asistido y responsabilizado. Y yo, maestro, el «guardián entre el centeno» que evita que caiga por la pendiente que no ve o que le señala el mejor camino al mundo real.

¿Estoy diciendo que las Facultades se equivocan y programan al revés? Tampoco es eso. Pero resalto que es precisamente en tercero y cuarto, habiendo hecho ya algunas prácticas, cuando les sería útil reflexionar sobre la Historia, los Fundamentos  o la Sociología de la Educación y hasta podrían hacer aportaciones más maduras. Y en cambio no veo peligro de que olvidasen las didácticas hechas en primero y segundo, porque las habrían incorporado a su experiencia fresca y reciente. Por el contrario, siempre soy partidario de combinar adecuadamente las cosas. Sólo digo que en primero y segundo necesitan también práctica y que en tercero y cuarto estarán maduros para la teórica.

Combinar la teórica y la práctica en todos los cursos, sin embargo, también exigiría a las facultades un esfuerzo de renovación y a las administraciones de financiación. ¿Puede hacerse con un currículo tan compartimentado como el de las escuelas y con profesores que van y vienen lo justo en virtud de un contrato basura?

Seguiré preguntando y

pensando en ello