Capitalismo

para rato

Tal como lo veo tenemos capitalismo para rato. No puedo imaginarme cuándo será posible que la gente emprenda proyectos sin tener que pensar que debe monetizarlos y venderlos para poder vivir. No es sólo cuestión de moral sino de organización universal. Otra cosa es que le añadamos más conciencia al sistema. Ahí entra la Educación y ahí entran sus problemas.

Mientras sea más importante la maquinaria que sus operadores,

la escuela deberá preparar operarios

Por una parte están los dueños de la maquinaria y por otra los representantes de los operadores (dueños y operarios). Parece que de momento van ganando los primeros porque son caballeros universales mientras los otros, simples funcionarios locales.

Mundo

«a trozo

El mundo está según lo hemos ido construyendo, a trozos. Aquello de cien mil años que ha empleado la humanidad para separarse y quinientos para volverse a juntar. Existen estados desde hace sólo 5 mil y ellos crearon las escuelas (templo o palacio, tanto da).

Hemos llegado al presente en forma de naciones y aún algunas fallidas. Esperemos mantener el tipo para evitar que más se vuelvan «fallantes» o «por fallar». Los estados son sistemas para vivir. Las empresas son sistemas de qué vivir. Entre ambos crean los proyectos humanos que se realizan.

Cada sistema tiene sus objetivos e intereses y se divide en subsistemas. Sin embargo, el sustrato y el entorno forman un sistema único que funciona con una lógica implacable: las leyes de la física son las únicas que se cumplen a rajatabla. Tenemos entonces un problema.

Parecería que eso avala una educación para formar personas conscientes y amigables, pero no es tan sencillo. La escuela de momento es nacional y sufre la tensión entre todos los sistemas y subsistemas. Es el sistema de reproducción imaginativa de una especie animal que es sobre todo imaginativa.

No es que haya naciones imaginadas, es que todo lo humano es imaginado y creo que si no confrontamos y consensuamos un imaginario global básico, el planeta, que no es nada imaginario, nos enterrará.

Los organismos internacionales responden a lógicas múltiples y no siempre coherentes. No es lo mismo, evidentemente, la UNESCO que la OCDE. Una obedece más a la conciencia y otra más a la inteligencia. A la inteligencia le va bien por naciones. A la conciencia, no tanto. La inteligencia puede sacar panes de las piedras, pero después no los repartirá según el sermón de la montaña.

Si el Papa tuviera jurisdicción económica tal vez no habría problema, pero su institución se creó en un primer momento, cuando la economía era otra cosa. Hoy sólo puede interpretar indefinidamente el papel de un Jeremías respetado, aplaudido, pero inoperante.

Entre inteligencia

y conciencia

La escuela está en la disyuntiva entre inteligencia y conciencia. La inteligencia puede permitirse hasta ser autista. La conciencia no puede permitirse no ser inteligente. Me temo que en el mundo actual sólo en la escuela se encuentran íntimamente estas dos peculiaridades del animal humano.

Tal vez también en muchas ONG’s, tal vez en algunas instituciones de la ONU. Por eso creo que es urgente que los maestros se formen en una Teoría de la Humanidad solvente que nos piense como un sistema coordinado (Humanidad) viviendo en un sistema físico (Tierra) de momento y durante mucho tiempo único1.

Y aquí entra la política, la de los conscientes que haya, que en España no me suena nadie2, y la formación de maestros que intentaré estudiar si llego a ello.


1 Me hacen gracia esas predicciones de que tendremos que emigrar a la Luna o Marte (¡por Dios!) y hablan de colonias de un millón de personas. ¡Dios mío! Un millón es mucho menos de lo que suman las familias ricas que podrían pagarse el pasaje. Pero muestran cuanta inteligencia autista tenemos en este magnífico planeta.

Yo creo que un político consciente hablaría más a menudo de educación, de ecología, economía y política mundial de una manera en que yo no he oído a ninguno.