Cuando un administrador de la educación se sienta a esbozar lo que conviene a la infancia y la juventud de su país, es decir, empieza a hacer un borrador de currículo, ¿en qué piensa exactamente? ¿Piensa en la «alta cultura»? ¿Piensa en una cultura más antropológica? ¿Piensa en el dietario de los estudios universitarios? ¿Piensa como un escritor de autoayuda?

No es una cuestión baladí como parece a primera vista. Y me ha venido a la cabeza leyendo un libro que ya tiene años y se llama simplemente LA CULTURA, de un profesor alemán de literatura llamado Dietrich Schwanitz y publicó Taurus en 2002, me parece. Lleva el significativo subtítulo de «Todo lo que hay que saber». Lo que me interesa es esa pretensión, porque siempre he tenido mis más y menos con el «hay que». Aunque con todas mis reticencias, creo que su lectura puede ser de utilidad a cualquier profesor para calibrar a qué altura está su preparación. Yo me he detectado muchas lagunas.

Por lo que leo en los prólogos, creo que el libro fue una de las primeras reacciones a las pruebas PISA de las que Alemania no salió muy feliz. Después ha habido más libros y la cuestión se repite como pregunta básica de la renovación escolar:

¿Qué hemos de enseñar a los niños?

En el prólogo del editor se dice:

«Esa queja sigue siendo válida entre nosotros, como también la dificultad por conseguir realizar el principio general de que, con independencia del lugar en que se estudie, deban impartirse prácticamente los mismos conocimientos a todos los alumnos. Sólo así puede asegurarse que al final todos accedan al mismo nivel educativo. El Abitur alemán encuentra así su contrapartida en la nueva reválida que se está debatiendo en la reforma educativa española». (p. 28)

Para mí la frase «impartir los mismos conocimientos» contiene la madre del cordero. Analicémosla. La idea es que lo que somos los humanos está recogido e interpretado por un artefacto llamado CULTURA que se basa en todo lo que hemos escrito, dibujado, pintado, esculpido, fabricado y construido los humanos. Hay una tradición sintética que solía venir en enciclopedias temáticas e historias que ha fosilizado:

«Los viejos contenidos parecen haberse vuelto extraños y se han petrificado convirtiéndose en fórmulas, y tampoco los profesionales de la educación los defienden ya con demasiada convicción. Puesto que hemos seguido desarrollándonos, debemos renovar el diálogo con nuestra cultura situándonos en una nueva perspectiva. Muchos de los que tienen dificultades con el actual sistema de enseñanza así lo desean». (p. 7)

Y ¿qué hace Schwanitz ante esto? Reelabora los contenidos con personalidad y los resume con más personalidad tendiendo puentes entre épocas. Y además explica, en una segunda parte, cómo se suele vivir en nuestros países ese relato cultural en medio de juegos y luchas de poder intelectual. Hasta hay momentos en que parece un manual de «como resultar culto o al menos parecerlo» (hay que suponerle una intención irónica). ¿Cómo le sale?

El resumen que hace es bonito, bastante coherente y encima ingenioso. Tiene los errores lógicos que comete un mortal cuando habla de TODO. Aunque ese «todo» es sólo europeo. La visión parece buena y sin duda la recomiendo a todos los maestros, aunque para él la cultura son sólo las Humanidades.

Pero conozco a muchos maestros que ante muchas frases del texto pedirían aún mucha explicación. Los resúmenes se asientan sobre bases de saber compartido que no siempre pueden darse por supuestas. El problema es que la CULTURA es como un bosque en el que cada cual hace sus caminos. Y no está mal que se limpie y se hagan vías transitables para el paseo, pero el bosque demanda exploración. No creo que pueda haber dos resúmenes de la CULTURA y un sólo erudito que no pueda ser encontrado en falta.

Eso no invalida que cada maestro tenga una versión propia de LA CULTURA para poder acompañar a los niños en las exploraciones. Tampoco invalida que los editores vendan su versión de LA CULTURA en volúmenes coleccionables (¿?) y la administración los apruebe. El problema es que eso facilita a los niños más el turismo (caminos trillados) que el viaje (su propio descubrimiento). Al fin y al cabo sus maestros vienen entrenados en el «turisteo» más que en la exploración. No sé si algunos no se perderían en el bosque. ¿Cómo, pues, podrán guiarlos?

La CULTURA es como un bosque en el que

cada cual hace sus caminos

Es interesante que muchas veces el autor da un salto del hecho histórico a la consecuencia cultural actual:

«Pero Lutero no se retractó y sus colegas de la Universidad de Wittenberg, Philipp Melanchthon y Andreas Karlstadt, se pusieron de su parte. Johannes Eck, vicerrector de la Universidad de Ingolstadt (en la que después estudiaría Frankenstein)» (p. 103)

Y el caso es que a veces, para interpretar esos saltos se ha devenir ya con CULTURA.

«Lutero «había cruzado el Rubicón» (cuando César cruzó el Rubicón comenzó la guerra civil)»”  (p. 103)

Desde entonces, quizá desde antes, ya desde  El mundo de Sofía, se han publicado muchos libros con la intención de enriquecer o actualizar el contenido y el estilo que los curriculadores oficiales no acaban de encontrar.

El mundo ha cambiado y, creo yo, estamos en una segunda Ilustración. En la primera empezábamos a conocer el MUNDO. Ahora que tenemos esa tarea bastante encarrilada, empezamos a conocer el YO, quizá más grande que el mundo. Y lo más terrible es que, además de LA CULTURA, las técnicas se han expandido y diversificado tanto, que al menos sus bases parecería que también deben formar parte de la cultura escolar, cuando antes sólo eran cosas para el aprendiz de mecánico.

El problema de los resúmenes es que son síntesis y las síntesis exigen que ya se tenga cierta experiencia en el mundo. Quizá por eso les cuesta tanto a los niños de primaria hacer resúmenes.

Hacer un resumen se basa en que sabes que muchas cosas se pueden dar por supuestas (como la distancia temporal entre Lutero y César). Y dije en otro lugar que las síntesis son para adultos con prisas por pasar oposiciones.

El profesor de academia si que imparte y el adulto, obediente por concernido, está atento. Pero si queremos que un joven de ESO sea capaz de hacer resúmenes, antes, de niño, en primaria, habrá de reunir una experiencia notable que le diga lo que puede darse por supuesto.

Tal vez hacia los 14 o 15 años pueda leer LA CULTURA de Schwanitz o los fragmentos que le interesen de sus más de 500 páginas. De todas maneras el término «impartir» merece más comentario en otra ocasión.