DIRIGIR TÚ LA VISITA

Cuando se hace una ley de calidad de la educación uno podría pensar que hay algún bando en contra de la calidad o que hasta ahora se ha descuidado la calidad. ¿Realmente pleiteamos por la calidad? ¿O es que vemos la calidad en diferentes lugares?

Para algunos la calidad se promueve especificando muy bien los contenidos y competencias que los maestros deben educar… (?) perdonen, la palabra no se presta… la frase demanda el verbo enseñar. La palabra enseñar refiere a «señalar», mostrar una dirección, o bien, algo para ser contemplado.

El «enseñador» es un cicerone, un guía que te precede y te dice todo lo que has de mirar y te lo explica. Y cuando acabas la visita, deberías saber tanto como él o al menos tanto como te ha señalado y explicado. De modo que, al día siguiente, podrías dirigir tú la visita.

LAS EXPERIENCIAS

Pero todos sabemos que lo que le ha permitido explicar algo son muchas caminatas propias, muchos libros leídos, muchas conversaciones mantenidas… de todo ello ha obtenido una experiencia. Eso es lo que le ha permitido hablar con soltura de lo que ha llegado a amar.

Lo que realmente importa en la vida son las experiencias, que contienen contenidos, habilidades, conversaciones, búsquedas, frustraciones, contrastes, logros.

¿Puede un currículo prescribir una conversación de aula «de calidad»?

¿Puede definir lo que para cada niño será un esfuerzo «de calidad»?

¿Saberse de memoria un libro de texto muy gordo puede considerarse un «esfuerzo de calidad»?

Dar en público una conferencia muy preparada, con entonaciones adecuadas, estructura muy medida, buena dicción y argumentos contrastados, ¿es un logro de calidad? Nadie asegura que no sea una representación muy bien preparada. Si así fuera, ¿sería un esfuerzo de calidad?

EL ESPÍRITU DEL ALUMNO

Porque lo que al final pretendemos es la calidad de cada uno de los alumnos, no necesariamente la del currículo y ni siquiera la del profesor. Siendo esto necesario, no sería suficiente. Lo importante no es la cantidad y detalle de los contenidos, que también tiene su importancia. Lo importante es la calidad de lo que, los contenidos que sean, hacen en el espíritu del alumno.

Sí, espíritu, porque la educación es un asunto trascendente. El mundo podría estar representado por 10 ítems de contenido o por 100. Es un asunto de sabiduría en la elección.

Pero nadie asegura que 100 ítems que entran en el cerebro y allí se quedan provean al joven de más calidad personal y social que sólo 10 bien elegidos que viven intensamente dentro de él y se pasean por todos sus sentidos y sentimientos.

Yo conservo bastantes ítems de contenido remanentes de mi escolaridad, pero me he pasado la vida rehaciédolos o recuperándolos y falsando no pocos. Tal vez, hubiera llegado a más haciendo eso en la misma escuela con menos ítems. ¿Es calidad tanta redundancia de vida?

Sin dudar de que lo principal es la calidad de los maestros, yo empezaría convirtiendo la escuela por dentro en un centro cultural de calidad.