Detrás de estas posiciones están los bien conocidos postulados genetistas y ambientalistas, es decir, las teorías que conceden una exclusiva determinación genética a las capacidades humanas –todo es heredado– y las que ponen todo el énfasis en el impacto del ambiente en el que los sujetos se desarrollan –todo es adquirido–. Actualmente, sin entrar en un análisis pormenorizado de esta cuestión, podemos afirmar que los expertos adoptan posturas intermedias, bien matizadas. Es decir, que aunque la genética ocupa un papel importante, no es menos cierto que el ambiente es fundamental para el desarrollo y despliegue de las capacidades potenciales del ser humano.

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Si adoptásemos una posición puramente genetista, la educación estaría de más. Sería equivalente a decir que uno nace de alta capacidad o no. Se trataría de una cuestión de combinaciones aleatorias de pares de alelos. Si adoptamos una postura ambientalista, donde todo el desarrollo se fía al impacto de la sociedad, la familia, la escuela, etc., tendríamos que decir que todos podrían llegar a ser de alta capacidad si el ambiente fuese el adecuado. La simple observación cotidiana de nuestras aulas nos lleva a reconocer que si bien la educación es crucial en el desarrollo personal, no lo es menos que las limitaciones y capacidades personales ponen ciertos límites a nuestro nivel de logros, incluso en el mejor y más favorable de los ambientes.

Es fácil poner aquí algunos ejemplos sencillos que ilustren este punto. Supongamos una niña de corta edad con un talento natural (capacidad, habilidad, potencial, etc.) para la danza. Es posible, sólo posible, que con un gran maestro, un adecuado programa de enseñanza y una dosis personal de sacrificio y trabajo duro, llegue a destacar en este campo (el éxito es otra cuestión). Lo que es dudoso, digamos imposible, es que otra niña con un esquema corporal pobre, una visión espacial deficiente, una psicomotricidad torpe y una estructura física inadecuada, pueda –por mucho entusiasmo y entrenamiento que aporte– llegar a adquirir siquiera la mínima competencia para esta actividad.

Lo mismo se podría aplicar a cualquier deportista incipiente. Llegar a tiempo en la detección de las personas con facultades adecuadas para ofrecerles el programa más conveniente para su desarrollo es una necesidad. Pretender que las personas alcancen a rendimientos excepcionales sin tener condiciones para ello, es inútil. Un viejo aforismo clásico lo resume admirablemente:

Quod natura non dat Salmantica non praestat.

Lo que es importe es no tener que decir: “este chico o esta chica, atendidos a tiempo hubiesen sido grandes deportistas, o matemáticos, o físicos, o escritores”. Esto es lo que el sistema educativo y la sociedad NO pueden permitirse.

En suma, no hay duda de que la biología juega un papel decisivo en el desarrollo de los talentos, pero esto no justifica –en ningún caso– la falta de un trabajo disciplinado, serio, intenso y riguroso, con el nivel de reto intelectual, físico, artístico, etc., adecuado a la competencia personal. Los niños de alta capacidad no dejan de serlo cuando trabajan duro y realizan una práctica continuada. Más bien es la alta capacidad con la que esos niños nacen la que les hace trabajar duro.

Su motivación e incluso su práctica extensiva

son el resultado de su tAlento,

y NO la causa.

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POST ANTERIORNI NATIVOS, NI INMIGRANTES DIGITALES: INTEGRADOS
SIGUIENTE POSTVIAJE TRANSFORMADOR
Vicerrector de Innovación y Desarrollo Educativo en la Universidad Internacional de La Rioja-UNIR desde septiembre de 2015, soy Catedrático de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación y Doctor en Ciencias de la Educación y Ciencias Biológicas. Past-President del European Council for High Ability (2000-2004) y miembro del National Advisory Board del Center for Talented Youth (CTY) de la Universidad Johns Hopkins (2003-2011). Fundé y dirigí el centro para la atención educativa de alumnos de alta capacidad CTY España, International Charter Member del CTY de la Universidad Johns Hopkins (2001-2011). He sido profesor de la Universidad de Navarra durante 36 años (1979-2015). Mi carrera investigadora en el desarrollo del talento académico en jóvenes de alta capacidad me ha llevado a ser Consultant Editor de algunas de las revistas extranjeras más prestigiosas de este ámbito entre las que destacan: High Ability Studies, Education Today, Talent Development and Excellence, Sobredotaçao, Gifted and Talented International, Abilities and giftedness; así como de algunas de las españolas más reconocidas como la Revista Española de Pedagogía, Estudios sobre Educación, RELIEVE, Bordón, Educación XXI o Revista de Educación. Soy miembro de Sociedades Científicas como: International Association for Talent Development and Excellence European Council for High Ability World Council for Gifted and Talented Children National Association for Gifted Children (EE.UU) Sociedad Española de Pedagogía He publicado más de 150 trabajos de investigación en revistas españolas y extranjeras y soy autor y coautor de 30 libros y capítulos de libros, varios de ellos dedicados a la alta capacidad y el desarrollo del talento, así como a la evaluación de Sistemas Educativos.
  • Juan Carlos Lopez Garzon

    Sigo pensando que los niños con talento incipiente en un determinado ámbito están incentivados interiormente para aprender y trabajar con constancia y dedicación plena en ese ámbito. Par ellos no les supone esfuerzo ni trabajo duro. Prefiero hablar de voluntad, constancia y perseverancia. El esfuerzo lo hacen en los ámbitos que no les interesan pero que están obligados a cumplir.

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  • Antonio De Haro Millan

    No digamos las cosas claras nunca no sea que los mediocres nos lapiden. Ahora ser genéticamente inteligente es un dislate, pero no lo es tener genéticamente una alta motivación para aprender y hacer. Vamos Javier… vamos.

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