La tecnología está tan presente en nuestras vidas que parece que siempre ha estado con nosotros. Mis hijos, de siete y ocho años, no han vivido otra cosa que en un mundo tecnológico, controlado por máquinas y aparatos electrónicos y donde la información, de un lado a otro del mundo, es inmediata.

Para ellos, es difícil de comprender que antes no había televisión, ni teléfono y que el simple hecho de hablar con sus primos a través de Skype, donde se pueden ver y hablar en directo con solo apretar un botón del iPad o el teléfono,  algunos años atrás era poco menos que impensable.

Los avances tecnológicos llevan consigo un desarrollo de los medios de información; por lo tanto, una sociedad como la nuestra necesita una educación actualizada acorde con los tiempos que vivimos, con medios tecnológicos adecuados; pero, sobre todo, con la preparación actualizada del profesorado. Todavía, nos encontramos a muchos docentes en nuestros centros educativos que son reticentes a utilizar las tecnologías de la información y la comunicación en el aula, bien porque no creen en su utilidad, bien porque son «analfabetos digitales».

A todos se nos ha dado el caso, en más de una ocasión, que son nuestros propios hijos o alumnos los que nos solucionan problemas técnicos con el móvil, tableta u ordenador. O son los que, en muchas ocasiones, nos indican los pasos a seguir a la hora de usar o descargar cualquier programa. Partiendo de esto, lo que está claro es que no podemos dar la espalda a la realidad y la Educación del Siglo XXI tiene que ir en consonancia con la sociedad del S. XXI.

La UNESCO en su Programa de formación en alfabetización mediática e informacional destinado a los docentes habla de la alfabetización mediática e informacional, que une diferentes disciplinas que hasta ahora estaban separadas. La alfabetización mediática e informacional, según recoge este programa de la UNESCO:

«Trata de dotar a los ciudadanos de los conocimientos básicos sobre el papel de los medios de comunicación y los dispositivos de información en las sociedades democráticas, siempre que esa función esté correctamente desempeñada y los ciudadanos puedan evaluar de forma crítica la calidad de los contenidos que se transmiten. Además, la alfabetización mediática e informacional abarca un conjunto de competencias y conocimientos esenciales para los ciudadanos del siglo XXI: les dará, en efecto, la posibilidad de participar en el sistema mediático, desarrollar su espíritu crítico y adquirir conocimientos a lo largo de la vida para participar en el desarrollo de la sociedad y convertirse en ciudadanos activos».

Está muy de moda la enseñanza virtual o educación virtual que son las enseñanzas en las que los estudiantes participan en un entorno digital donde llevan a cabo su formación tutorizados online. En esta línea están los MOOC o cursos abiertos y masivos online, donde instituciones públicas y privadas, sobre todo universidades, diseñan cursos masivos donde participan miles y miles de estudiantes de distintas partes del mundo. También están  los cursos online, entre otros,  donde se tiene un trato maás personificado, con tutores con los que puedes interactuar.

Lo que está claro es que los entornos de aprendizaje están cambiando a pasos agigantados. Esto nos lleva a plantearnos la siguiente pregunta: ¿estará llegando el final del centro educativo tal y como lo conocemos en la actualidad? No debemos olvidar que la principal función del docente debe ser la de hacer de guía y acompañante del alumnado en el proceso de enseñanza aprendizaje. Al docente no lo podrá sustituir ni la enseñanza virtual ni los grandes avances de la tecnología en materia educativa. Por ello pienso que en esta sociedad de la información y las TIC, la formación  hay que humanizarla, hacerla cercana al consumidor, de la información y la formación, y esto no hay máquina que pueda suplirlo.

La escuela debe estar abierta a los cambios que la sociedad de la información y la comunicación nos está ofreciendo día a día. Aquí juegan un papel relevante las redes sociales que también se están haciendo un hueco, no solo como visibilizadora de los proyectos que se desarrollan en los centros sino como una manera de compartir y obtener información de otros centros y tener un feedback actualizado de lo que estamos haciendo en las aulas.

Finalizo con el Artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos que afirma:

«Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión».

Por ello, y así lo contempla la UNESCO, la alfabetización mediática e informacional es fundamental para permitir a los pueblos de todo el mundo valerse de este derecho fundamental y fomentar el diálogo social.