¿EL TAMAÑO IMPORTA?

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En el cerebro,

importa

Sabemos que el cerebro del adolescente está “en construcción”. Plena ebullición neuronal. No es un momento estático, se trata de una sucesión de etapas que comienza con unos cuantos granos desperdigados y se prolonga a lo largo de la universidad.

¿Y si hay algo más que un puñado de hormonas? 

La tesis que plantea Strauch se basa en la recopilación de diferentes investigaciones, que recogen los resultados de los análisis del cerebro del adolescente, mediante la aplicación de potentes escáneres que han penetrado en cerebros vivos y rastreado sus movimientos.

Los escáneres permiten obtener imágenes de resonancia magnética (MRI), observan cómo el potente campo magnético del hidrógeno del cerebro, con una descarga de ondas de radio sacude los átomos. El MRI mide la energía que liberan los átomos para recuperar la posición normal. Cuando se introducen los cálculos en un ordenador, se genera un patrón o perfil de las estructuras cerebrales. Una fotografía precisa del cerebro y su crecimiento.

Los científicos llaman a este crecimiento neurogénesis, que es más intenso en la infancia y en la adolescencia. Unas investigaciones con ratones realizadas en la universidad de Yale exploraron la aparición de nuevas neuronas en diferentes edades. Se comprobó que si se detiene este crecimiento en la adolescencia, cuando estos ratones llegaban a una edad adulta, ya no tenían interés ni curiosidad por aproximarse a otros ratones.

Bunge, que forma parte de este equipo investigador, dirige el Building Blocks of Cognition Laboratory, desarrolla los estudios de la neurociencia cognitiva. Como recoge en una de sus conferencias“la adolescencia es una edad proclive a tomar riesgos. Desestiman las situaciones peligrosas”. Hay un incremento en la velocidad y en el flujo de conexión entre las distintas áreas del cerebro, y las funciones cognitivas dependen de lo extendidas que estén estas redes. “Cuanta más comunicación hay entre las dos partes del cerebro, más eficiente es el control de uno mismo”. Serán los 25 años la edad aproximada para alcanzar gran parte de este control, debido al desarrollo de la corteza prefrontal.

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¿CÓMO ES, CÓMO FUNCIONA?

El cerebro es “fluctuante, enloquecido y confuso”. Es el objeto más interactivo que existe en nuestro planeta, señala la autora. Los científicos han encontrado el santo grial que lo diferencia del cerebro adultosu exuberancia. Sigue su exploración, y nos queda mucho por saber, “apenas asoma la parte de la zapatilla por el borde del monopatín. ” Ojo, está en construcción.

Cambia a mucha velocidad y con mucha intensidad, pero le faltan los frenos. Es decir, el desarrollo de la corteza prefrontal, que es el área que controla e inhibe los impulsos. “Es emocionante, y siento que me gusta; es un subidón de adrenalina. No conozco mis límites y supongo que quiero averiguarlo”, recoge Strauch, de uno de sus testimonios.

El cerebro es un enorme devorador de energía. Cabe en nuestro puño, apenas pesa kilo y medio, solo representa el 2’5% de nuestro peso corporal, pero utiliza el 20% de la energía del cuerpo.

La sustancia gris de los lóbulos frontales se hace cada día más densa. Se reduce su tamaño y se ajusta la corteza prefrontal. El vigilante que controla los impulsos y reclama cautela. Proliferan las conexiones, que permiten que los neurotransmisores (dopamina) del movimiento, la atención y el placer intensifiquen su acción.

Las largas fibras que conectan las neuronas quedan revestidas de mielina. Esa cobertura de grasa que envuelven los axones y ejerce de aislante, permite que las señales eléctricas del cerebro circulen a gran velocidad. Una carga eléctrica en un axón mielinizado viaja cien veces más veloz que otro sin este aislante.

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¿CÓMO VEN EL MUNDO?

Varios estudios recogidos por Strauch señalan evidencias de que los adultos (en gran medida y la mayoría) reaccionan con la corteza frontal, la parte del cerebro que ayuda a controlar los impulsos, la parte que echa el freno emocional y razona con lógica, mientras que los adolescentes no lo hacen así. Ven el mundo de modo diferente a como lo hacen los adultos. Como les falta experiencia para entender las claves sociales, así como un corteza prefrontal desarrollada y funcional, tienen dificultades para analizar el contexto.

No se trata de “meterles la información”, sino que se tomen las decisiones correctas, porque el cerebro les funciona de otra manera. Esta estrecha relación entre el crecimiento cerebral y gran parte del crecimiento cognitivo y emocional, es una de las llaves de la educación.