ADVERTENCIA: este artículo contiene material sensible para mentes cerradas, «Profesiosaurios»1 y otro tipo de docentes o autores / periodistas / teóricos de la Educación (que tienen una experiencia real de aula igual o inferior a 1 sobre un máximo de 100) cuya visión del universo docente se reduce a «enseñar a aprobar» en lugar de «enseñar a Aprender». Si continúas leyendo y eres un@ de ell@s, déjalo aquí. No estarás de acuerdo con lo que digo, ni tan siquiera querrás abrir tu mente a la diferencia, ni pensarás en reflexionar sobre qué sucede en las aulas y –muy probablemente– dirás que soy un cantamañanas que no tiene los pies en el suelo. De igual modo que, pese a que pueda no estar en sintonía con un modelo rígido y tradicionalista de la Educación, no voy a decir que es tóxico o dañino el que puedas estar usando en tu espacio docente. Es el profesional que lo gestiona el que hace que un sistema / herramienta sea válido y no el sistema en sí mismo pese a las fortalezas o deficiencias que pueda tener.

Dicho queda, si sigues leyendo espero tu crítica, tu aporte, tu disconformidad y tus reflexiones argumentadas. No «vendo» nada, no defiendo este acercamiento y enfoque como la panacea educativa bajo ningún concepto, lejos de eso quiero presentar algo que me sirve y que no es aplicable en el 100% de los casos pero que sí tiene elementos MUY aplicables en nuestra realidad docente de cualquier etapa Educativa.

Sí, has leído bien: CUALQUIER etapa educativa. Sólo hay que saber mirar más allá.


Jueducación,

Parte I

«Ahora viene cuando me dicen que jugando se aprende…

ya, claro… y voy yo y me lo creo»

Pues sí; curiosamente el fenómeno de la Gamificación, cuyo origen es completamente ajeno a la Educación y tiene que ver más con el marketing y las ventas en el sector empresarial, se nutre de una de las áreas más denostadas históricamente de nuestro sistema Educativo: Educación Física.

¿Cómo? ¿No te lo crees?

Pues vamos a ver…

El Área de Ed. Física es la principal promotora de los valores lúdicos en su más amplio término y de desarrollo social y emocional frente a éxito y fracaso.

No hay ninguna otra área que tenga como núcleo principal de su desarrollo curricular, calificativo y evaluativo el juego como instrumento de aprendizaje.

Estos elementos son parte indisoluble de su identidad a parte de los valores sociales Universales que la educación debería potenciar y que forman parte de su centro principal de actuación como área educativa: comprensión de normas y límites, integración de marcos de desarrollo de esas reglas, tolerancia, solidaridad, aceptación de la diferencia, trabajo en equipo, estrategias de cooperación-oposición, adaptación a las circunstancias del entorno/situación, aceptación de fortalezas y debilidades individuales y grupales, asignación de roles, planificación de acciones a corto-medio y largo plazo, toma de decisión y aceptación de las consecuencias y un larguísimo etcétera que no voy a acabar de detallar.

Para que luego digan que es una asignatura «María»… suspender Ed. Física no es suspender en capacidades Físicas, cuidado con creer eso. Suspender en Ed. Física tiene que ver con capacidades sociales, emocionales y de relevancia real en el mundo fuera de las aulas.

Suspender Educación Física

NO es suspender en capacidades Físicas

Ahora miren ese mundo «real», ese que habla de los trabajos, los sueldos, la «iniciativa y sentido emprendedor», de la selección de personal y de lo que pasa en el día a día del mundo laboral y díganme si no ven la transferencia.

Sí, lo sé… hay gente que no aplica ésos objetivos como debería, a decir verdad todo el sistema Educativo debería replantearse el enfoque del área de Ed. Física y de Música pero bueno, eso es materia para otro día.  Sigamos…

¿Todavía seguimos sin ver la conexión con

el mundo de la «Gamificación»?

Bien, expuesto este primer punto vayamos a ver qué pasa con el punto del que quiero tratar: aprender jugando es mucho más que recibir puntuaciones y recompensas.

Es ser parte de una experiencia. Algo que aglutina todos los elementos anteriores y que tiene en su ADN un potencial educativo y de aprendizaje que va más allá de elementos para fomentar la participación y la motivación de manera extrínseca.

En las primeras Jornadas de Gamificación y Aprendizaje que se celebraron en Madrid el pasado 25 y 26 de marzo Oriol Comas proyectó el siguiente comentario:

«Don’t think of gamification as only the use of badges, rewards and points; instead think of the engaging elements of why people play games –it’s not just for the points– its for the sense of engagement, immediate feedback, feeling of accomplishment, and success of striving against a challenge and overcoming it»

Karl. M. Kapp

The Gamification of Learning and Instruction

A tenor de ésta afirmación de Kapp es a partir de la qué quiero desarrollar la línea principal de este artículo/opinión acerca de los juegos y su inclusión dentro del ámbito educativo.

Sería interesante intentar recordar la serie «Stranger Things», como referente de última generación, ejemplifica aprendizajes basados en juegos pese al entorno de ficción y que es utilizado por sus protagonistas como analogía en un momento de la serie: juegos de rol y decisiones fuera del entorno lúdico, aunque sea a modo anecdótico y completamente fuera del marco formal es un ejemplo muy gráfico y «actual».

Más allá de esta anécdota seriéfila debemos mirar en qué significa usar juegos en el aula.

Usar juegos

en el aula

Usar estrategias de aprendizaje basado en juegos es querer hacer partícipes a los que son «usuari@s» de ellas de una experiencia.

Aquí no estamos hablando de puntos, clasificaciones, medallas o recompensas… OJO: no digo que no sean útiles, que lo son, sino que no debe ser el núcleo central de la acción de aprendizaje.

El ejemplo más claro a nivel adulto es participar en un paintball; sí, sonará raro pero analicemos el contexto:

¿Importa quién ganó o cómo se lo pasaron l@s participantes?

Ahí radica el tema central

Esas recompensas pueden y deben ser utilizadas con mesura, como detonantes de ciertos aspectos o situaciones, pero no deben ser el único incentivo u objetivo; es como plantear que acabar el libro de texto sea el objetivo en lugar de planteárselo como una herramienta que aprender a utilizar.

Cuando centramos la acción en el «punto» en la «medalla» o en la «clasificación» perdemos de vista lo que Kapp menciona y que, desde mi punto de vista, debería ser el esqueleto vital del aprendizaje basado en juegos: la experiencia de jugar como detonante y punto central del aprendizaje.

Cuando uso juegos en mis clases tengo muy claro para qué quiero ese juego o esa parte del juego.

No he usado como eje o foco el obtener medallas, clasificaciones o recompensas en el desarrollo de las mismas ni he hecho que formara parte indispensable del desarrollo de la/s sesión/es que he planteado.

Repito que no estoy en contra de usarlas, reitero que son efectivas y útiles pero que no deben centrar el uso de las estrategias de juego en el aula.

Su uso es fantástico, su abuso es nefasto y es fácil caer en ese abuso… es un «lado Oscuro» en al que es fácil ser arrastrado.

Cuando planteamos un juego en clase, al menos creo que debería ser así, primero deberíamos tejer con seda fina, permítanme esa metáfora arácnida, una red que “atrape” la atención de nuestro grupo, que les ponga en situación y contexto, que les atraiga y les cree curiosidad, que quieran ser “atrapad@s”.

La raíz de toda acción de juego se debe a la experiencia, a la participación, al querer estar ahí y no verlo desde fuera.

Por poner un símil deportivo: todos querríamos ser parte activa de la victoria de nuestro equipo, estar ahí y no sólo como espectadores, saber que hemos contribuido de alguna manera a la consecución de ese objetivo y que, pasado un tiempo, vamos a poder decir que ese tesoro también lo encontraste tú.

Y aquí cito a mi bien amado Einstein, a quién se le atribuye una de mis banderas docentes:

 «El Aprendizaje es Experiencia,

todo lo demás es información»


1 Término acuñado por Mireia Long.