La universidad recibe, la universidad, da. Es la universidad quien está al servicio de la sociedad. No hay descubrimiento científico tan esotérico que no pueda ser comunicado de alguna manera a los niños. Los editores pueden mediar, pero no a partir de libros de texto. Los manuales son vehículos de saberes estables y funcionales. Este esquema puede ir hacia abajo.

Los jóvenes reciben, los jóvenes dan. En su universidad de juguete los jóvenes pueden también ser editores de juguete. Y no olvidemos lo serios que son los juegos.

Es evidente que los jóvenes quieren expresarse y que en los escenarios de innovación educativa les ofrecen innumerables métodos y técnicas. Está superado el mural tradicional de papel de estraza con rótulos chaparros, recortes y fotos. Hoy tenemos los blogs, los podcasts, las presentaciones, los registros sonoros y audiovisuales, los intercambios y chats (etwinnings y similares) y muchas cosas más. Pero para mí el libro siempre será el rey de la cultura. Y vive en todos los mundos.

Recuerdo que una de las últimas cosas que hice fue crear una editorial que tenía despacho en el aula de ordenadores (sería el año 2000 o 2002). Se admitían toda clase de originales y se hablaba con los autores para pulir el manuscrito. Después las nuevas tecnologías ponían la imprenta mientras que la encuadernación seguía siendo un asunto artesanal. Hoy ampliaría la experiencia a casi toda la vida de clase.

Los niños y los jóvenes leen para después poder expresarse. No para recitar una lección. Y las lecturas serán emocionales y ficcionales, pero también instructivas y reflexivas. Recuerden, el nuevo género del ensayo para niños y jóvenes. Adultos reflexionando honestamente y escribiendo pensando en el niño que podrían tener delante. Después el maestro ya jugará el papel del escritor o de su crítico. No «enseñarán» más una panoplia de… (12 x 5 o 6)

…manuales a lo largo de una escolaridad que un currículo personal de lecturas y debates en clase con maestros y compañeros a lo largo de una infancia y adolescencia. Por supuesto no entro en cualquier otra clase de actividades que puedan hacerse, que encontrarán su tiempo. Y al fin y al cabo, la estructura de cada tema será debatida y la culminará el maestro en la pizarra que sea.

Los jóvenes reciben, los jóvenes dan. En su universidad de juguete los jóvenes pueden también ser editores de juguete. Y no olvidemos lo serios que son los juegos.

Pero después los jóvenes querrán expresarse y eso es tan laborioso como leer. ¿Qué es la escuela sino una factoría de laboriosidad? Pero los niños son capaces de tareas árduas si pueden imaginar la belleza de un resultado. Y el resultado puede ser un libro. Porque a la postre, los niños pueden leer a los adultos pero pueden leerse también entre ellos. Pueden leer a sus compañeros presentes y pueden leer en la historia de los que les precedieron. Toda escuela puede tener una biblioteca de producciones propias. Con la premisa de que en el juego, como en la realidad, no se publica todo sino sólo lo bueno. Y en la escuela han de aprender a perseguir lo bueno, el maestro es el «coacher». No es mal ejercicio contrastar a los alumnos de hoy con lo que escribieron sus predecesores y con ellos mismos (hoy ex-alumnos) que hoy tendrían ocho o diez años más y aportarían su perspectiva.

Y hoy tenemos casi todo lo necesario. Están los ordenadores, las pantallas, los programas, las impresoras… Casi todos los programas ya incorporan un modo de impresión en «folletos» que no son otra cosa que los cuadernillos que elaboran los impresores profesionales y con los que los encuadernadores montan la «tripa» del libro que después encuadernan. Una hoja A4 se convierte en cuatro páginas A5, un formato muy adecuado para una imprenta escolar.

Están también las grapadoras de brazo largo que permiten coser el papel en ese formato. Y el material para encuadernar puede conseguirse a un precio asequible. Pero también hay la posibilidad de maquetarlo todo en el ordenador y transformarlo en un formato para libro electrónico o tableta, por ejemplo con el programa Calibre que tiene versión, creo, de acceso público.

Ello abre la posibilidad de toda clase de interacciones de centro y de zona. Los congresos y las ferias de libros. El intercambio entre bibliotecas escolares. Los debates entre centros sobre visiones de un mismo tema y muchas cosas más que la imaginación nos brinde.

Porque ¿no resultará que la gente lee poco porque hay algo erróneo en la formación inicial de todos? ¿Es que hay separaciones entre leer, entender, divertirse, aprender, emocionarse? ¿Es la vida una compartimentación de momentos?

La disyuntiva está entre:

Un currículo de adultos igual para todos los niños con libros que los persiguen.

Un currículo que cada niño puede elaborar persiguiendo libros hechos por adultos y coincidiendo más o menos con sus compañeros.