Un sistema educativo se desarrolla dentro de una mentalidad social que condiciona a todos sus protagonistas: alumnos, padres, profesores y administración. Esa mentalidad en nuestro país ha fracasado. Además de una burbuja inmobiliaria padecemos una burbuja educativa: esa idea de que la educación no implica orden, esfuerzo y disciplina. Una burbuja que nos ha llevado donde estamos.
El milagro japonés no es milagro, es un conjunto de variables económicas, culturales y sociales. El respeto y la disciplina no son negociables en la mentalidad japonesa: una sociedad donde el orden está enfocado a un perfeccionismo en todo aquello que hacen o adoptan. Para un japonés el dilema no es hacer o no hacer algo, es hacerlo bien o hacerlo perfecto. Obligación en japonés tiene más acepciones que en ninguna otra lengua, leo en un reportaje sobre la cultura japonesa. Lo sabemos: España no es Japón, somos un país latino, una geografía y un clima diferentes.
El relativismo es una buena excusa para que todo siga igual. Les propongo dos preguntas, ¿cuál es el nivel de ruido de nuestras aulas e institutos? ¿por qué palabras como disciplina y orden, nos llevan a prejuicios y estereotipos inmediatos?El orden y la disciplina nos son de derechas o izquierdas, son presupuestos y objetivos educativos. Aquí nuestros dilemas nos delatan: me apetece o no  me apetece hacerlo.