REPIQUE DE CAMPANAS

¿Estamos más comunicados ahora que antes?

Los que vivimos en barrios residenciales y populares, cuando no había ni televisión ni radio en muchos hogares, estábamos muy conectados con el mundo, igual no con la misma inmediatez que ahora, pero sí que la gente se enteraba de las cosas que ocurrían a su alrededor.

Leíamos el periódico de días atrás, la televisión no era en directo y se iba a casa del vecino a verla. Cuando fallecía alguien en el pueblo o en el barrio, enseguida se sabía por el repique de campanas que avisaba del fallecimiento de algún vecino, si el fallecido era hombre, se daban dos toques separados; y tres, si la fallecida era una mujer.

Las campanas anunciaban también la celebración de la misa con tres toques continuos, con intervalo de cuarto de hora. El vecindario no necesitaba ni reloj para saber la hora. La llamada al Ángelus hacía que la gente parara y marcaba el momento del almuerzo

Pero, al margen de esto… ¿la gente se relaciona más ahora que antes? Las redes sociales no han venido para comunicar más y mejor a los ciudadanos, aunque sí para comunicarlos con más inmediatez. Antes la gente se comunicaba entre países a través de la carta escrita y la magia de la espera era algo emocionante –que no lo tienen las redes sociales ni el correo electrónico–.

La gente se unía para escuchar la radio o la televisión o salía a la calle a sentarse a la puerta y se formaban corrillos para comentar las anécdotas y noticias del día o la semana. Hoy en día, las propias familias no se sientan a ver la televisión juntas porque, o tienen varias televisiones en la casa, o unos están viéndola por la tableta y otros por el portátil. Más canales de comunicación…

Pero más incomunicación, sobre todo,

en la familia

«ENCHUFADOS» A LA FAMILIA

Se ha perdido el sentarse en torno a la mesa a compartir las anécdotas del día, lo que ocurría en el colegio o en el trabajo, porque la televisión, omnipresente en muchas de nuestras cocinas-comedor, o bien, el móvil, rompen este espacio que es ideal para ponerse al día de lo ocurrido en el pueblo, en el barrio, el país o la misma familia.

Recuerdo un hecho que me conmovió enormemente con uno de mis alumnos, que tenía un problema, importante para él, porque para los menores no hay problemas grandes o pequeños, y no podía comentarlo en casa. A mi pregunta sobre por qué no lo hablaba en casa me dijo:

«Profe, es que cuando yo llego a casa, mi madre, que está separada de mi padre, no está, porque trabaja hasta las siete. Cuando llega entre que se ducha y se pone a arreglar la casa… Yo aprovecho para hablar con ella cuando se sienta a ver la tele y, en ese momento, me dice que no la moleste que está agotada, y así un día tras otro»

La televisión, el móvil, las redes sociales… cualquier excusa es buena para estar informados y conectados, pero cada vez más alejados de los que tenemos a nuestro lado, de nuestra familia y amigos, porque en vez de hacer una llamada mandamos un WhatsApp, porque en vez de contar a dónde vamos subimos una foto al Instagram.

Las redes sociales están bien, la televisión y los móviles también, pero busquemos momentos para estar «enchufados» a la familia y a los amigos. La buena comunicación se empieza a gestar en casa, en la familia, en el centro educativo.

En estos entornos, debemos educar a nuestros hijos-alumnos a estar comunicados, a estar formados y alfabetizados mediáticamente, pero no olvidemos que lo primero que debemos enseñar es a comunicar, a relacionarse con sus iguales y, sobre todo, a hacer un uso adecuado de todas esas magníficas herramientas que, bien utilizadas, pueden ser maravillosos canales para estar bien comunicados con quienes nos rodean.