Muchas veces nos hacemos la pregunta ¿para qué sirve la evaluación? Y se nos plantean situaciones que nos hacen cuestionarnos su valor. Lo cierto es que esas pruebas, con las que todos nos hemos cruzado, en mayor o menor medida, juegan un rol mucho más importante del que podríamos atribuirles en un principio.

A nadie le gusta verse cuestionado y eso es lo que algunos ven en la evaluación, una simple comparación. Pero debemos ser capaces de ir más allá y descubrir las oportunidades de mejora y aprendizaje que abren. Si la evaluación se planifica con un enfoque de investigación y aprendizaje se convierte en un trampolín de adquisición de nuevas competencias y conocimientos a partir del análisis de sus resultados, que deriva en una potente herramienta hacia la excelencia y para la toma de decisiones.

La estandarización aplicada a la evaluación de los aprendizajes permite obtener indicadores fiables de calidad educativa. El análisis del resultado obtenido en una evaluación no debe centrarse en las bajas puntuaciones o en los excelentes resultados, ambos deben ser interpretados como una posibilidad de autoevaluación o autovaloración de los progresos o del sistema. La reflexión se convierte en algo imprescindible para continuar avanzando en la mejora, lejos del uso de rankings, que aportan poca información, cuando se analiza este aspecto de manera exclusiva.

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Fuente: Estímulos PISA Liberados

PISA , TIMSS, PIRLS,… son pruebas externas estandarizadas de referencia en todo el mundo, que analizan los sistemas en primaria y secundaria, ya no sólo como forma de evaluación sino también como elemento de transparencia. Este tipo de pruebas sirven para comparar a nivel de comunidad o país los resultados de los alumnos en función de su rendimiento y sin la influencia directa de su entorno socioeconómico.

No se puede desligar la evaluación de la rendición de cuentas,  ni descuidar la repercusión que tienen ambas tanto en el ámbito educativo como en el laboral de la comunidad educativa. Estudios como el de Hanushek y Woessmann (2011) analizan los resultados obtenidos por los estudiantes de distintos países en función de si realizaban o no pruebas externas y a su vez comparaban esos datos teniendo en cuenta si sus centros tenían autonomía o no. La conclusión a la que llegan dichos autores es que los exámenes externos tienen una influencia importante sobre los resulta­dos académicos. En promedio, los estudiantes tienen mejores resultados académicos en países con eva­luaciones externas. Además, cuando estas existen, la autonomía mejora más los resultados. Se podría interpretar de forma que los exámenes comparables objetivamente crean un entorno de rendición de cuentas, en el que la auto­nomía permite optimizar mejor, puesto que se conoce el contexto. Por el contrario, según se observa en la Figura, dar libertad sin pedir cuentas, es una clara receta para el sistema fracase.

Figura 1. Relación entre el rendimiento del alumnado, la existencia de exámenes externos y la autonomía de los centros

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Fuente: Hanushek, E. y Woessmann, L. (2011). The Economics of International Differences in Educational Achievement.

Para hacer una buena evaluación de los aprendizajes cabe tener en cuenta que el aprendizaje no es “un todo o nada”, se trata de un proceso gradual. En consecuencia no tiene sentido diseñar una actividad de evaluación con el propósito de discernir si el aprendizaje fue o no significativo, sino para obtener información de todo el proceso de forma transversal e incluyendo el contexto y las características concretas de los individuos.

El posicionamiento contrario al de las evaluaciones externas estandarizadas defiende que muchos centros sin eficacia se van a valer del denominado “teaching to the test”, que fomenta el aprendizaje de contenidos para el examen, lo cual determinaría la mejora en los resultados de las pruebas externas, a costa de que otras actividades no susceptibles de dicha evaluación se resintieran. Esta visión es un planteamiento erróneo, dado que un currículo tiene mayor riqueza que lo que alcanzan a medir estas evaluaciones externas estandarizadas, dado que su finalidad es poder intervenir en el sistema con propuestas de mejora, y no como un objetivo finalista a conseguir por los estudiantes.