Historia escolar o Historia en la Escuela. ¿Qué es la Historia? Una pregunta que tiene mucha historia, valga la redundancia. La suelen plantear los historiadores y por lo tanto parecería una cuestión profesional.

Pero atañe a los profesores que la enseñan en escuelas e institutos, atañe a los niños y jóvenes que la han de estudiar y nos atañe a todos porque trata de seres humanos en el tiempo. Nadie queda fuera nunca.

Puesto que parece tan importante y de interés tan general, no creo que esté de más pararse a considerarla con detenimiento, no fuera que estuviésemos siguiendo caminos desviados. Seguiré el esquema del título pero al revés.

HISTORIA ESCOLAR, ¿POR QUIÉN?

Nadie duda que todo lo que sabemos de nuestro pasado colectivo (su biografía la gestiona cada cual mientras vive) lo certifican los profesionales que llamamos historiadores. Yo diría que son los notarios de nuestro pasado.

Si el pasado de la humanidad fuera un producto, ellos lo venden y su collegium da los precintos de calidad. La enseñan en las universidades y de las universidades sale. Si alguien posee un fragmento de pasado, sea material o recuerdo, ellos lo reúnen y lo añaden al gran rompecabezas.

Ellos trastean allí donde se supone que hay piezas fosilizadas del pasado, principalmente en forma de escritos. Abriéndose camino a través de la tierra o de las paredes si el tiempo las ha tapado.

Pero la historia somos todos, presentes y pasados proyectándonos al futuro

Trasciende las operaciones profesionales y nos interpela a todos en la vida pública. Nos explica. Venimos de ella y la prolongaremos.

En ese sentido digo que los niños (nuestra proyección, tengamos hijos o no) llevan la Historia puesta. Nos atañe a todos, es para nosotros.

Por eso me interesa mucho distinguir entre productores y usuarios. Porque, ¿cómo usamos la historia? Básicamente como herramienta para comprender. Y comprender es algo que trasciende la mera profesionalidad de los historiadores.

A ellos les reconocemos autoridad, pero ellos se detienen en el presente, quizá un poco antes si han de respetar el protocolo de la perspectiva. De hecho el riguroso presente significa ya futuro en su profesión.

En cuanto al presente (contado en años) juegan en el mismo campo que los demás pues todos tenemos acceso a las mismas pruebas que ellos, aunque ellos nos aventajen en perspectiva dado el conocimiento profundo y la exclusividad de su dedicación. Y eso me lleva al

¿PARA QUIÉN?

Que los historiadores sean notarios no significa que la Historia les pertenezca. Nos pertenece a todos, ellos sólo fijan los límites en que puede moverse una discusión.

Nadie debe trastocar una cronología bien establecida ni mezclar hechos bien separados ni  proponer explicaciones que usen conexiones imposibles. Ellos vigilan y los profesores son sus representantes curriculares y tal vez historiadores ellos mismos.

Pero la historia es para los niños y los jóvenes porque ellos son sus propietarios, sus consecuentes, sus usuarios finales.

No insistiré en el tópico de «la historia sirve para conocer el presente». Pero sí insistiré en el concepto de «llevar la historia puesta». Cualquier pequeño cambio en el pasado nos haría ser otros, como bien expresa el cuento de Bradbury El sonido del trueno.

Por lo tanto la historia escolar no es tanto un ejercicio de incorporación de bagaje cultural como de autoconocimiento. Uno de los grandes problemas que aún sufre la enseñanza de la Historia es no haber logrado que los alumnos dejen de verla como algo externo que les obliga curricularmente, como quien estudiara la evolución de la ópera, sino como todo lo previo a ellos mismos.

Desde la prehistoria están ellos. En la antigua Roma, ya navegaban sus almas. Se incorporaron al torrente euroasiático, en la Edad Media . En la Edad Moderna todo el mundo se añadió.

Y de la Edad Contemporánea recibirán todos los golpes que puedan sufrir a lo largo de su vida. Pero incluso ese esquema, tan enraizado en nuestras escuelas y que habría que empezar a erradicar, es un lastre de la Historia escolar, como nos muestra el

¿DE QUIÉN?

Ya hace tiempo que algunos historiadores se dan cuenta de que nuestra Historia no es toda la Historia. Desde siempre las editoriales nos vendían «Historias Universales» que, teniendo, por ejemplo, 10 volúmenes, dedicaban 7 a la Historia europea (la Historia, para nosotros) y en 3, despachaban los demás continentes como si fueran casi planetas distintos.

Probablemente (¿quién sabe todo lo que pasa realmente?) seguimos explicando «la Historia» en nuestras aulas, dividida tal como se ha hecho tradicionalmente en el eje Francia-Alemania (Antigua, Media, Moderna y Contemporánea).

Espero que la mayoría de profesores se hayan dado cuenta de lo lejos que les quedaba Felipe II a sus alumnos de origen chino o paquistaní. Tal vez no tanto a los de Colombia. En cualquier caso, nuestro concepto de «la Historia» creo que requiere un replanteamiento a fondo.

Ya hace casi 30 años apareció el libro Las redes humanas de los McNeill (padre e hijo) en CRÍTICA. Desde entonces ha crecido el concepto de historia humana como Gran Historia, sin que haga falta remontarse al Big-Bang como hacen algunos.

Una nueva Historia Universal

Hay incluso quien piensa que no existe algo que pueda llamarse «humanidad» y que sólo es un deseo y una posibilidad, fuera de los campos antropológico, zoológico o filosófico. El sociólogo Marc Augé habla (yo lo hacía) de «Prehistoria de Toda la Humanidad» refiriéndose al momento presente en su libro El porvenir de los terrícolas (Gedisa).

Si, en cualquier caso hubiera de construirse un imaginario de Historia Universal verdadera, la escuela sería un buen lugar para empezar a hacerlo. Alguien debería empezar a reciclar a los maestros para eso.

Una nueva Historia Universal debería basarse en el origen de los humanos, sus migraciones, su distribución, sus logros técnicos, sus conflictos y socializaciones, sus instituciones comparadas, sus modos de ver la trascendencia, sus vías para conocer el mundo.

Y al final como les está saliendo intentar integrarse todos en un sólo planeta sin comérselo antes de tiempo. Pero no se preocupen, a la Tierra siempre le quedará lo mineral, que con eso tiene bastante.

De todo ello saco unas conclusiones pedagógicas que resumo clara o brevemente por si sirven para discutir:

  • La Historia profesional, estudiada secuencialmente, es cosa de los estudios profesionales que empiezan con Bachillerato y FP.
  • La historia escolar es cosa de diálogo dirigido, estimulado y puntuado, es decir
  • En primaria debe aprenderse el andamiaje cronológico y después discutir sobre lo que se sabe o lo que se desea saber.
  • En ESO deben empezarse a discutir las particularidades de las divisiones históricas y continuar los diálogos.
  • La Historia tiene usos individuales y sociales que duran toda la vida para todas las personas. Y tiene una disciplina que atañe sólo a los profesionales.
  • No hay razón para que la Historia de uso personal y social sea menos rigurosa y extensa de lo que los actuales manuales prescriben, sino posiblemente para que lo sea más.
  • La Historia no es un adorno cultural sino una necesidad imperiosa de todos los individuos.

No les pido que estén de acuerdo, pero sí que lo consideren.

Licenciado en Prehistoria e Historia Antigua. Profesor de EGB y Primária entre 1980 y 2000. Redactor de textos escolares y enciclopedias juveniles para la editorial TEXT/LA GALERA. Autor de novela juvenil. Postgrado de Edición en la UOC. Autor del proyecto Biblioteques d'Investigació Jove y del blog LLIBRE DE TEXT: L'ANCIEN RÉGIME. Miembro de la Societat Catalana de Pedagogia y del grupo "Narració i pedagogia". Actualmente retirado.