¿Qué historia abrazamos en la escuela? Y digo “abrazamos” para irle dando un tono sentimental.

Creo que la Historia, cuando fracasa en el aula, es principalmente por falta de sentimiento. Los libros de texto no lo traen y se le encomienda al profesor, en solitario. Como dice Kieran Egan, los niños, para entender, han de saber qué sentir al respecto. Antes habría que potenciar fuertes sentimientos históricos en los maestros. Pero cabe el peligro de caer en sentimentalismos particulares. A mí, las revoluciones me emocionaban hasta hacerme llorar. Las entendía mal.

El sentimiento ha de ser razonable… Y compartido. No se trata de los sentimientos que el profesor lleva consigo. Uno puede emocionarse con los ferrocarriles, pero no pretender que todos sus alumnos lo hagan. Hemos de encontrar un fondo de emoción humana común.

La historia tradicional parecía un asunto de personas mayores haciendo cosas de personas mayores. La hemos adaptado convirtiéndola en colección de cromos en primaria (dólmenes, faraones, pirámides, griegos, templos, anfiteatros, emperadores…) previa al manual de oposiciones de secundaria (Renacimiento, Reforma, Descubrimientos, Absolutismo…). Algunos profesores recurren a potenciar al héroe o a producir sensacionalismo a partir de lo corriente, hay diferentes estilos de “sentimentalizar” el conocimiento. Pero, ¿qué sentido tiene?. Lo peor que podemos hacer es tratar la Historia como algo externo que observamos desde fuera, aunque intentemos aportar espectacularidad. Eso lo hacen los profesionales.

Los historiadores, nos sirven material racional para la emoción. Lo espectacular es que eso de lo que ellos intentan distanciarse nos tiene a nosotros metidos dentro.

La historia, es nuestra memoria y en clase hay que descubrir motivos para rememorar y evaluar… emocionalmente

 

EJEMPLOS

Voy a poner ejemplos:

Hace 74 mil años un volcan, lo llamamos Toba, explotó en el sudeste asiático e inundó la atmósfera de polvo. Posiblemente un año entero, tal vez más. Entre neandertales, sapiens y algunos otros homínidos no llegaríamos al millón, tal vez ni nos acercaríamos a esa cifra. Ese tipo de acontecimientos geológicos extinguen especies enteras. A nosotros, no. Pero ¿cómo debieron vivirlo? Esa pregunta nos obliga a desplegar el mapa, a informarnos de sus técnicas y posibilidades de vida. ¿Qué pudo significar para ellos uno o dos años de oscuridad?

Polvo, frío, lluvia, alimentos escasos. Rozaron la extinción sin duda, pero aquí estamos porque éramos ellos y sobrevivieron algunos. Que la naturaleza podaba mucha vida es una condición de nuestra existencia en el mundo. Y que ahora no la dejemos hacerlo, también. Llegar a mayor, sacrificarse, aprovechar las oportunidades, pensar el todo y las condiciones de la vida de todos.

EL HÉROE Y LOS MALOS

Un tipo importante dejó algo de su vida esculpido. Y de paso nos regaló el primer nombre de la historia: Narmer. Era faraón, per-o, el de la “gran casa”. Sus contemporáneos lo reverenciaban, nosotros podemos tratarlo de tú. Le presentaban manos cortadas de enemigos y él atizaba con estilo a su adversario. Como si nosotros nos dibujáramos en la libreta vestidos de superman y golpeando a un montón de orcos. Hace 5 mil años empezó la historia del héroe y los malos.

El ser humano empezó niño. Y los niños pueden entenderlo. Hay que hacerlo para madurar. De ahí podemos derivar a todos los héroes, emperadores y reyes. Los que «encarnaban» a la colectividad y escogían “proyectos”: una pirámide perfecta, una tumba protegida por un ejército de terracota. Los demás se dejaban dirigir y hasta podían emocionarse con los proyectos grandilocuentes… hasta que se cansaban. Alejandro fue amado y denostado. César fue amado y denostado. Pero al final siempre se rebelaban contra ellos, siempre nos rebelábamos y siempre nos rebelaremos. Todos aspiramos a un proyecto propio. Le llaman «empoderar».

RUTA DE LA SEDA

En el 102 antes de nuestra era el emperador Wu aseguró la Ruta de la Seda ahuyentando a los nómadas agresivos (hunos, tal vez). Ciudades estado, imperios y rutas conforman la topografía de la historia humana. El ser humano, la naturaleza, el camino. El mundo está lleno de maravillas en forma de materiales, productos e ideas y eso es lo que nos mueve. Los nómadas perdieron sus campos y montañas con la flor que les proporcionaba colorete para el embellecimiento de sus mujeres y mucho se lamentaron (La Ruta de la Seda, NHK, 1980 DVD n. 2, 22:30 –vid. infra–).

Nómadas o sedentarios, queremos productos que nos hagan la vida fácil y bella. Puede ser seda, oro, especias o colorete. También teléfonos móviles. Y para eso recorremos grandes distancias o hacemos cola toda una noche. No hay tanta diferencia entre una caravana organizada y una cola organizada para conseguir entradas de nuestro grupo favorito. Hoy las rutas son telemáticas y también tienen sus peligros y sus bandoleros. Es indudable que la vida se ha vuelto más fácil, por eso hay que conocer de dónde veníamos y cómo se adaptaban entonces en función de sus espectativas.

¡Lo que hemos llegado a hacer para conseguir seda, papel o pimienta! Hemos pasado penalidades pero también hemos matado. Y los niños han de entender que algo de todas esas muertes llevamos encima todos y que no «debemos» vivir sin pensar un poco en ello. Hoy admitimos que nadie debe sufrir para que nosotros gocemos, pero sigue sucediendo. Sólo la Historia es maestra de una honestidad profunda. Sólo ella nos enseña las consecuencias de los pactos rotos o de los pactos forzados, pero es tan inmensa que nunca se acaban de aprender. El sensacionalismo está en la anécdota, en el hecho puntual. Pero la trayectoria humana es simplemente sensacional. Que viene de sensación y provoca emoción

Por eso hemos de encontrar una coherencia interna de nuestra memoria histórica (no la nacional) que nos enseñe por qué hemos de pensarnos continuamente como humanidad, es decir, buscar siempre el todo, y por qué, como escolares y como ciudadanos, la historia no puede evadirse del futuro, de nuestra actitud histórica, por infinitesimal que nos parezca en un mundo con tantas personas e intereses.

Yo pienso que en algun momento el debate sobre la propiedad privada o nacional de muchos productos estratégicos deberá reabrirse y repensarse como hizo Europa con el carbón y el acero. La simple vida lo reclamará y el progreso de las rutas (las virtuales y la «nueva ruta de la seda») lo acelerarán. Pero sólo soy alumno.

En todo eso caben los austrias, los borbones, el renacimiento y todas las reformas y revoluciones. Al fin y al cabo son los tics y anécdotas del temperamento y el carácter humano.