Hay afirmaciones que repitiéndose, se convierten en tópicos: la educación no es un gasto, es una inversión. Nuestro país olvida relacionar aquello que toda economía del conocimiento demuestra: ningún país que quiera estar en primera línea mundial lo hará sin un sistema educativo a la altura. Seamos realistas: ¿alguien se puede extrañar que la productividad sea uno de los defectos de nuestra actividad económica?
El capital humano es el valor productivo más importante en el s. XXI, ese capital necesita de una perspectiva global para su desarrollo. No podemos permitirnos caer en el provincianismo educativo, en esa espiral de partidismo político que no deja ver el bosque. En nuestro sistema educativo dos tareas siguen esperando: globalizar nuestras mentes, globalizar nuestra acción.