Cosas que hacemos por amor

Es increíble las cosas que hacemos por amor.

Te das cuenta en mil detalles, incluso en pequeñas cosas…

Nunca me han gustado las películas de miedo, de terror. Creo que jamás había ido al cine a ver una película de miedo. Sin embargo, resulta que a mi hija le encantan y… ¡adivina qué ha pasado!

Domingo por la tarde. ¿Vamos al cine? me pregunta mi hija y, aunque tenía planificado revisar la maqueta de mi último libro, me cuesta poco aceptar la propuesta, y cambiar la tarde frente al ordenador por unas horas de cine y palomitas al lado de mi hija. La sorpresa llega cuándo le pregunto qué quiere ir a ver y me sugiere «It 2»… «solo si quieres, claro, si no, buscamos otra, aunque todas son muy flojas». Y me sorprendo a mí misma diciendo que sí, optando por «It», para hacerla feliz a ella… pequeños detalles, algo que no decías que no harías nunca, algo que te cuesta mucho hacer… pero que haces por amor.

Y así me encontré el domingo en el cine, sin poder creer que estuviera viendo una película con un payaso terrorífico, escenas de terror, sobresaltos inesperados… Opté por la opción de taparme los ojos cuando intuía que venía una escena de terror –tengo buena intuición– y fui trampeando la película… aguantando hasta el final –para mí, eso tiene mucho mérito, aunque no lo creas–.

Sin ánimo de hacer spoiler de la película, el final me hizo reflexionar. Después de casi 3 horas de película, de miedo, de sustos y sobresaltos… la película reflexiona sobre el miedo, pero, sobre otro tipo de miedo, sobre ese miedo que –a veces– nos puede acompañar en la vida y no nos permite hacer lo que queremos hacer.

Probablemente, el miedo que pueda generar una película de terror no es nada comparado con el miedo que podemos sentir en ocasiones en nuestra vida.

Miedo

A estas alturas de mi vida, sé muy bien lo que significa el miedo.

He pasado miedo en muchas etapas de mi vida. Miedo a no conseguir lo que quería conseguir, miedo al fracaso, miedo a lo que puede pasar, miedo a la oscuridad, miedo a estar sola, … De todos los sentimientos, el miedo es probablemente el más limitante en nuestra vida.

El miedo es una facultad innata que compartimos los humanos con todos los animales, y que nos advierte ante una amenaza. Según la definición de la RAE, significa ‘angustia por un riesgo o daño real o imaginario’, y en su segunda acepción ‘recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea’.

Y es que no solo sentimos miedo en situaciones excepcionales, el miedo nos acompaña también en nuestro día a día con más frecuencia de la que desearíamos. El miedo es el culpable de que muchas veces no nos atrevamos a hacer lo que realmente deseamos.

Dice José Antonio Marina en su «Anatomía del miedo» que no hay especie más miedosa que la humana, y que «uno de los hilos que trenzan la historia de la humanidad es el continuo afán por librarse del miedo, una permanente búsqueda de la seguridad».

Realmente la búsqueda de la seguridad es un impulso muy poderoso.

Entender cómo funciona el miedo

Para entender cómo funciona el miedo, es necesario, entender cómo funciona la inteligencia. Marina nos indica que «la inteligencia nos permite anticipar lo que va a suceder –información útil para sobrevivir–, pero puede pasarse de rosca y provocar esas patologías de la anticipación que tan bien conocen los psiquiatras».

Marina expone los rasgos del miedo, rasgos que tienen en común todos los sentimientos, puesto que los sentimientos:

1

Son un balance de nuestra situación, de cómo van las cosas; en el caso del miedo, es un aviso de que percibimos un peligro.

2

Son experiencias cifradas. Muchos miedos tienen difícil explicación, que distintos expertos han analizado de diferentes modos.

3

Son fenómenos transaccionales, «en la que se da una causalidad circular que nos resulta difícil comprender, porque estamos habituados a un pensamiento lineal», y es que la peligrosidad de algo puede depender de la evaluación que hace la persona.

4

Y, finalmente, los sentimientos inician una nueva tendencia, puesto que nos movilizan de lo que estábamos haciendo y cambian nuestra atención hacia una nueva situación.

Ganarle la batalla al miedo

Entendiendo el mecanismo del miedo, es necesario hacer un esfuerzo para luchar contra él.

La diferencia en los humanos está en que en algún momento somos capaces de hacer aparecer la valentía.

En algún momento, aparece la valentía… en el peor momento, tal vez, cuando estás ante el precipicio, cuando te sientes sin fuerza, descubres que eres valiente. Y es que valiente no es la persona que no tiene miedo… sino la que se atreve a afrontarlo. Algo que no hace todo el mundo.

Ganarle la batalla al miedo… es el único modo de conseguir lo que deseas.

Encuentra el motivo para ganarle la batalla al miedo.

Y, sin ánimo de hacer spoiler… el motivo suele ser el amor.

Miedo, amor y concierto

Hoy, la canción es de Nil Moliner, sobre el miedo y el amor… una canción preciosa. Si no le conoces, te recomiendo que le sigas, te encantará.

Y es que voy a ver a Nil en concierto en diciembre, muy bien acompañada de la persona que me lo ha descubierto –una de las personas más importantes de mi vida–. Me muero… porque llegue ese día.

Estoy convencida de que

el antídoto del miedo es el amor

«Me muero

como aquel soldadito de hierro

que aguanta de pie en la batalla

con miedo, temblando, dispara…».

«El amor es nuestra arma …».