I

IGUALDAD Y EXCELENCIA

Más que su promoción, se da una oposición entre ambos conceptos. Es común que se apele a la igualdad con el argumento de que es lo verdaderamente democrático, expresión que desde el punto de vista educativo tiene poco o nulo significado. Se señala que promover la excelencia es lesivo para la imagen (autoconcepto o autoestima si se quiere) de los que no son capaces de alcanzar un determinado nivel de desarrollo.

El argumento, de tomárnoslo en serio, nos llevaría al absurdo de reducir los niveles de instrucción, de exigencia intelectual o de cualquier otro objetivo educativo, hasta que se alcanzase el umbral de los menos competentes, de los menos dotados o de los menos dispuestos a poner el esfuerzo necesario para llegar a igualar, tanto como sea posible, sus resultados con sus potencialidades. De este modo no se sentirían amenazados por otros alumnos mejores que ellos.

Lo curioso de este argumento, que pretende ser de gran respeto para los más débiles, es que nunca lleva a sus defensores a preguntarse por el perjuicio cierto que la falta de reto y estímulo intelectual provoca en los que, a pesar de ellos, tienen una capacidad potencial por desarrollar y notablemente superior a la de los alumnos con los que quizá comparten su vida escolar. Orientar la enseñanza al alumno medio, cuestión que nadie reconoce de modo explícito, supone declarar a los alumnos más capaces escolares de segunda categoría.

¿Pero qué decir de la pérdida social que supone el no atender a la promoción y desarrollo de la capacidad intelectual? Algunos razonan diciendo que la persona es más que su intelecto, como si atender al intelecto mutilase de algún modo a la persona en su totalidad. Lo que tendrían que responder es: ¿cómo se puede atender al desarrollo de la persona en su totalidad sin abordar su educación intelectual?

Es preciso, urgente me atrevería a decir, hacer un esfuerzo por superar un cierto maniqueísmo que tiende a oponer conceptos y acciones que no solo no se contraponen sino que se exigen mutuamente.
Es, precisamente, la igualdad el principio necesario para poder atender a la promoción de la excelencia.

II

ANTIINTELECTUALIMO

Se produce en la sociedad un rechazo hacia la actividad intelectual, y hacia aquellos que son vistos como intelectualmente precoces. Hay un cierto desprecio implícito, incluso en algunas escuelas (por paradójico que parezca), hacia la promoción intelectual. Se hacen esfuerzos notables por desarrollar otras dimensiones de la educación, pero NO se pone el mismo énfasis en la formación intelectual.

En ocasiones los propios profesores se sienten amenazados por el “saber” de sus alumnos lo que les supone un reto constante. Llegan a decir sin ambages que su misión educativa debe centrarse en “ayudar a los que tienen problemas, que los más inteligentes ya tienen bastante suerte con serlo”. En general se aplauden ciertas áreas de talento, como el deporte, la música o el arte, mientras que los talentos intelectuales se ven como una amenaza para la autoimagen de los demás.

Se ignora que sin una educación de alto nivel intelectual es imposible que los alumnos lleguen a tener adecuadas posibilidades de insertarse en un mundo laboral cada vez más complejo y cambiante. O que las sociedades que no cultivan su talento acaban dependiendo de los demás.

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Vicerrector de Innovación y Desarrollo Educativo en la Universidad Internacional de La Rioja-UNIR desde septiembre de 2015, soy Catedrático de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación y Doctor en Ciencias de la Educación y Ciencias Biológicas. Past-President del European Council for High Ability (2000-2004) y miembro del National Advisory Board del Center for Talented Youth (CTY) de la Universidad Johns Hopkins (2003-2011). Fundé y dirigí el centro para la atención educativa de alumnos de alta capacidad CTY España, International Charter Member del CTY de la Universidad Johns Hopkins (2001-2011). He sido profesor de la Universidad de Navarra durante 36 años (1979-2015). Mi carrera investigadora en el desarrollo del talento académico en jóvenes de alta capacidad me ha llevado a ser Consultant Editor de algunas de las revistas extranjeras más prestigiosas de este ámbito entre las que destacan: High Ability Studies, Education Today, Talent Development and Excellence, Sobredotaçao, Gifted and Talented International, Abilities and giftedness; así como de algunas de las españolas más reconocidas como la Revista Española de Pedagogía, Estudios sobre Educación, RELIEVE, Bordón, Educación XXI o Revista de Educación. Soy miembro de Sociedades Científicas como: International Association for Talent Development and Excellence European Council for High Ability World Council for Gifted and Talented Children National Association for Gifted Children (EE.UU) Sociedad Española de Pedagogía He publicado más de 150 trabajos de investigación en revistas españolas y extranjeras y soy autor y coautor de 30 libros y capítulos de libros, varios de ellos dedicados a la alta capacidad y el desarrollo del talento, así como a la evaluación de Sistemas Educativos.
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  • Laia

    Más que a la igualdad (dar a todos los mismo), debe apelarse a la equidad (dar a cada uno lo que necesita). Eso incluye tanto al que tiene dificultades como al que no tiene ninguna y sobresale por sus capacidades intelectuales.
    Por otra parte, dice: “Se señala que promover la excelencia es
    lesivo para la imagen (autoconcepto o autoestima si se quiere) de los
    que no son capaces de alcanzar un determinado nivel de desarrollo.”
    En mi opinión, esto es consecuencia de la mirada adulta y de la presión que se ejerce sobre los niños y niñas para que sean siempre mejores que el niño o la niña del vecino. Cuando se trabaja en pequeños grupos de manera colaborativa, de modo que cada uno aporta lo mejor de sí mismo y todos encuentran su lugar, el autoconcepto no sufre daños, al contrario. Los primeros en respetar el ritmo de cada alumn@ deben ser sus padres/tutores.
    Finalmente, acerca del antiintelectualismo, un caso personal. Trabajé en una clase de 3º de Primaria (como auxiliar de educación especial con un niño con Síndrome de Asperger), en la que había un nño que sabía de todo y, además, sabía muchas cosas, detalles, datos, curiosidades, etc. que su tutor y yo desconocíamos. Nos parecía fantástico y aprendimos muchísmo con él. Tan buenos eran los datos que daba como las preguntas que hacía que en ningún caso nos resultaron incómodas. Al contrario, lo mejor era buscar la mejor respuesta para saciar su curiosidad.
    Gracias por el artículo. Salud!

    Laia