Primeros días de septiembre

Durante los primeros días de septiembre las puertas de las aulas de Infantil y Primaria se han vuelto a llenar de ilusiones, alegrías, miedos, sonrisas, llantos, deseos, diversión, interés… Los docentes nos hemos dedicado estas semanas previas a planificar el curso, para que todo estuviera al día.

Realmente, muchas de las cosas que hemos realizado no son las propias de los maestros y maestras, porque hemos tenido que rodar muebles, hacer mudanzas, preparar los espacios, etc., etc.

Porque todavía muchas maestras y maestros creemos en que no solo tenemos que emocionar a nuestros alumnos, sino que tenemos que crear un ambiente de aprendizaje motivador y que lleve en volandas al alumnado hasta el aprendizaje final.

El tiempo restante de esta preparación previa lo dedicamos a la parte pedagógica, a tratar de conocer a nuestro alumnado, sus necesidades, su evolución en los últimos años, programar tiempos y tareas, planificar y, sobre todo, coordinarnos.

Muchos proyectos tenemos para este próximo año en mi cole, pero, a mi modo de ver, el proyecto más importante es el de crear un buen equipo de trabajo, esto es, que podamos aprender unos de otros para el beneficio de nuestro alumnado, los verdaderos protagonistas del proceso de enseñanza aprendizaje.

Enseñar con emoción

El profesor de la Universidad Complutense de Madrid y especialista en Neuroeducación, Francisco Mora, destaca en cualquier foro que participa la importancia de enseñar con emoción, fomentando la curiosidad del alumnado, despertando su atención.

Una de estas frases que leí en una entrevista en los últimos días en la revista Educación 3.0 fue esta: «Nada se puede aprender sin una atención despierta, sostenida, consciente. Y nada despierta más la atención que aquello que se hace diferente y curioso».

Por ello, la actitud del maestro es muy importante y decisiva en el proceso de enseñanza aprendizaje. Un maestro amargado, negativo, desmotivado, enfadado… solo podrá transmitir desilusión, aburrimiento y desmotivación. En cambio, el docente ilusionado, alegre, trabajador e innovador transmitirá a su alumnado emociones positivas tales como la alegría, la motivación, la ilusión por acudir cada día al aula y encontrarse con sus iguales. Porque como bien dice el profesor Mora: «Un profesor excelente es aquél capaz de convertir cualquier cosa o concepto, aun matemático, de apariencia ‘sosa’, en algo siempre interesante».

Docentes que dejaron huella

Me vienen a la mente los nombres de mis maestras y maestros de Infantil y de Primaria, esos docentes que dejaron huella en mí solo por el mero hecho de mostrarme una sonrisa, mostrarme su afecto, ayudarme en los momentos de desánimo. Chita, Tita, Don Juan Clemente, Don Carmelo, Don Julio, Don Gustavo, Juan Alberto… Pero tampoco se me olvidan y los llevo grabados a fuego aquellos que me castigaban, me hacían tenerle miedo y terror al colegio llegando al punto de «cagarnos de miedo» en sentido literal. Porque está claro que la letra con sangre no entra. La letra entra con cariño, afecto, empatía, paciencia, alegría, emoción.

Cada uno de estos maestros y maestras pusieron su sello en mi ser como persona y en el de docente. En lo que era prioritario y en lo que tenía que desterrar para siempre jamás.

Un día uno de esos docentes me dijo a la respuesta de la pregunta ¿qué es lo que quieres ser de mayor? Y a mi respuesta de que quería ser maestro me dijo literalmente y con las manos en la cabeza “pobres niños. Saben qué les digo que esas palabras me han ayudado no solo para saber lo que no se debe decir a los alumnos y a como tratarlos, sino a que debemos tender a empoderar a nuestro alumnado, con sus talentos y carencias, porque cada uno es especial, único. ¡Feliz comienzo de curso, compañeros y compañeras!