La estructura curricular de los sistemas educativos tiene su origen en las necesidades de una sociedad industrial. Hace tiempo que ese anacronismo es diagnosticado por autores y corrientes que, más allá de sus propuestas, son conscientes de la necesidad de un cambio profundo en el qué y el cómo de la educación del s. XXI.

Liz Coleman nos invita a una revolución de las artes liberales, avanzar en una interdisciplinariedad efectiva y crear nuevas dinámicas educativas que sean una solución a los nuevos retos del presente.