Hay debates que retratan toda una mentalidad social. Recordemos algunos de los últimos tiempos en la España educativa: la asignatura educación para la ciudadanía, el número de horas lectivas del profesorado actual, la idoneidad o no de la educación segregada por sexos. Enunciar estos temas a algún observador internacional de la situación educativa de nuestro país, sería demoledor. La especulación educativa sigue.

No sabemos priorizar debates, ni producir un diálogo sin caer en el partidismo político. Todo se reduce a si eres conservador o progresista: criterios políticos, sin entrar en argumentos pedagógicos o profesionales, basados en la investigación, el análisis o la experiencia de aula. Mientras la casa se quema delante de nuestros ojos, aquí seguimos discutiendo si la mesa del salón debe ser roja o azul. Discutir, la pasión de una mentalidad que reniega del esfuerzo en documentarse y escuchar. Un país serio no discute, debate con rigor. Es triste, la casa se quema y a muchos no les importa.