La mentalidad española es reacia a la autocrítica. En la educación este defecto es fácil de comprobar: nosotros, los profesores, somos unos profesionales incomprendidos; los padres tienen una presión social que les imposibilita implicarse de la mejor manera; las administraciones heredan una situación, utilizando la jerga política, muy compleja; los alumnos son unas víctimas de una sociedad que les da todo. Todo vale: todos somos víctimas en nuestro país.

El cainismo histórico se ha transformado en un dogmatismo a la hora de establecer los debates. Veamos un ejemplo. La opinión profesional sobre cualquier tema, incluida la educación, queda anulada ante la pregunta: ¿esto parece de derechas?, ¿esto es progresista? Conclusión: la politización de cualquier diálogo anula la capacidad de avanzar en el mismo.

La incapacidad de consensuar, el antiintectualismo que oculta una mentalidad acomplejada, esa opinión gruesa falta de matices, el cortoplacismo que desprecia cualquier innovación a medio y largo plazo, todo lo anterior retrata un país. España, ese país donde nadie es responsable: ¿alguien está de acuerdo?…

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  • Pepa Porcel

    El pensamiento crítico recupera la palabra Política y el diálogo deja de ser ” de besugos”. El eje derecha- izquierda es el que está pasado de rosca y lejos de impulsar las sociedades, las estanca.
    La educación no puede prescindir del pensamiento crítico. Sería contra natura. Un saludo.