TRABAJO EN RED

«En el año 2050, la Tierra tendrá diez mil millones de habitantes, tres mil millones y medio más que hoy. Este crecimiento alarma a muchas personas convencidas de que no dispondremos de recursos suficientes. Yo no me cuento entre ellas. Tres mil millones y medio de cabezas pensantes más, siempre y cuando tengan libertad para crear, no son un problema, sino un enorme recurso. Tres mil millones y medio de personas son capaces de resolver cualquier problema, siempre y cuando tengan libertad para pensar e innovar».

Stefano MANCUSO, El futuro es vegetal, Galaxia Gutenberg, 2017

Parece que es un mito, una leyenda urbana aquello de que sólo aprovechamos un 10 % de nuestra potencia cerebral. Sin embargo, parece una evidencia que la Humanidad no utiliza ni un 1% de su potencial creativo al ser tan poco inclusiva.

El sugerente libro de Mancuso nos anima, a los que pertenecemos al reino animal, a una sana autocrítica comparándonos con el reino vegetal. Las plantas parece que consiguen realizar nuestro mito más reciente, un perfecto trabajo en red. No hay centros directores, todas las células son igualmente importantes. Cada apex de cada raíz tiene perfecta autonomía para evaluar su entorno y decidir por dónde avanza y los del tallo, para buscar la luz. Luego todo revierte en el común. ¡Ay, pero las plantas no tienen razón ni sentimiento! Eso es lo que nos parece, pero, tal vez, no profundizamos lo bastante para percibirlos. También es posible que la metáfora vegetal no dé mucho más de sí. Pero probemos a profundizar de todas maneras.

ESFUERZOS CONCENTRADOS

Imaginemos que la Humanidad es un enorme sequoia que pretende vivir dos mil años (o dos mil millones). Y que cada individuo es una célula. Nadie quiere ningunear la individualidad, el deseo, el sentimiento. Al revés, forman un ápice por donde la Humanidad se ramifica.

Las raíces buscan cada una agua y minerales y los ponen en común. El tronco se organiza para crecer hacia el sol. Echa ramas, brotes y hojas para captar luz y aire. ¿Cuántas veces la vegetación ha cubierto el planeta en poco tiempo después de heladas globales, impactos catastróficos o vulcanismos letales? Internet nació de la pulsión por sobrevivir a una guerra nuclear.

Gracias a eso, una catástrofe global seguramente no impedirá que los supervivientes puedan comunicarse entre continentes. La creatividad centralizada, atenta a pocos cerebros privilegiados crea gigantes que pueden caer de un sólo golpe. General Motors fue un gigante y cayó, pero un nigeriano experto sabe cuándo de un vertedero sale un coche.

Evidentemente, siempre harán falta esfuerzos concentrados. La Humanidad siempre tendrá retos grandes. Tal vez la NASA sea un ejemplo de gigante que no ha hecho ascos a la descentralización. Todo proyecto espacial depende de una red de cerebros. Pero contémoslos, ¿cuantos gigantes y redes existen en el mundo y a cuánta gente reúnen? Es posible que el cálculo esté hecho y que no reúna ni al 1% de la población. Realmente el cerebro de la Humanidad tiene muchas «neuronas» desaprovechadas.

DOLORES DE LA TIERRA

Parece que es un mito, una leyenda urbana aquello de que sólo aprovechamos un 10 % de nuestra potencia cerebral. Sin embargo, parece una evidencia que la Humanidad no utiliza ni un 1% de su potencial creativo al ser tan poco inclusiva.

Pongamos que cada escuela es una empresa con sus departamentos, sus laboratorios y sus semilleros de ideas. Cada escuela tiene la ambición de convertirse en un gigante de la innovación o de formar parte de uno. En sus barrios, pueblos o ciudades trabajan en red y se intercambian maestros-conferenciantes, se visitan, mantienen correspondencia y traman proyectos comunes. Hacen sus congresos e irradian a la comunidad que invierte en ellas. Cada red de escuelas se siente el centro del mundo porque están en la superficie de una esfera que no tiene centro o todos lo son. Y cada red de escuelas se convierte en un centro experto sobre el entorno que se discute en seminarios específicos. ¿Qué sabe un técnico londinense del subsuelo del Golfo de México? Los dolores de la Tierra sólo se entienden con un cerebro extenso y compartido. Lo que pasa en las raices influye en las hojas y viceversa. Es posible que la Humanidad, aún formada por animales, deba parecerse más a una planta.

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Licenciado en Prehistoria e Historia Antigua. Profesor de EGB y Primária entre 1980 y 2000. Redactor de textos escolares y enciclopedias juveniles para la editorial TEXT/LA GALERA. Autor de novela juvenil. Postgrado de Edición en la UOC. Autor del proyecto Biblioteques d'Investigació Jove y del blog LLIBRE DE TEXT: L'ANCIEN RÉGIME. Miembro de la Societat Catalana de Pedagogia y del grupo "Narració i pedagogia". Actualmente retirado.