Andalucía tiene un grave problema educativo de índole estructural. Nuestro sistema está totalmente estancado en una mediocridad que nos afecta e incumbe a todos. Esa profunda carencia se manifiesta de forma inmisericorde en los índices de equidad educativa que poseemos. Andalucía ocupa el tercer lugar entre las comunidades con mayor tasa de segregación escolar en virtud de su estatus social y económico. Junto a esto la repetición de curso en la etapa obligatoria en nuestra comunidad es un fenómeno digno de destacar por lo injusta de ella. Ante un mismo nivel de competencia curricular los jóvenes de familias con menos recursos repiten un 25% más que el alumnado que goza de mayores cotas de bienestar. Además, hemos creado una “brecha de género invertida” pues los chichos en la ESO tienen prácticamente el doble de posibilidades de repetir que las chicas. La tasa de idoneidad a los 15 años es del 65%; lo cual quiere decir que el 35% de los estudiantes ha repetido al menos una vez. La tasa bruta de titulados en ESO en Andalucía es del 73,7% Lo que es lo mismo: el fracaso escolar andaluz es del 26,3%. Así nos lo reflejan como norma general y con matices todos los estudios, análisis solventes y principales teóricos, (INEE, IVIE-BBVA, Save The Children, TIMSS, PIRLS, PISA, Villar Notario, Lucas Gortázar, Saturnino Martínez, Ismael Sanz, entre otros) Por último una reflexión: la repetición tal y como está estructurada, además de injusta es carísima. Andreas Schleicher, responsable del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA) asegura que volver a cursar el mismo nivel escolar no reporta ningún beneficio y además significa “al menos, 20.000 euros extras que la sociedad paga por estudiante que no pasa de curso.”

Es oportuno ahora, traer a colación las manifestaciones que en 2015 realizara en sede parlamentaria la por entonces Consejera de Educación para contrastarlas con la realidad actual. Decía Adelaida de la Calle en relación a su programa de gobierno: “…dos grandes objetivos que serán: garantizar el éxito escolar del alumnado y llevar la excelencia a todo el itinerario educativo, además de blindar las conquistas logradas en cuanto a equidad, igualdad e integración”. Esta aseveración, daba por hecho, que la equidad del sistema, no es que estuviera consolidada, sino que, además, no tenía reversión. Por eso, quienes alababan aquel modelo educativo indicando que era equitativo y no segregador, deberían ser más prudentes en su análisis, abandonar el doble lenguaje y responder a la siguiente pregunta: ¿dejar en la cuneta a más del 25% de los ciudadanos andaluces, mayoritariamente de la clase peor asalariada, es un sistema que procura la cohesión social y la igualdad de oportunidades?

A la luz de lo datos, resulta al menos sonrojante que los responsables políticos de esta tierra hayan utilizado la educación como arma arrojadiza por intereses meramente políticos y cortoplacistas. Es un lujo que los políticos se han podido permitir porque en nuestra sociedad a muy pocas personas les importa los problemas educativos. No es una prioridad para el grueso de la población. Así lo manifiesta una y otra vez el CIS en sus estudios demoscópicos. Basta un simple ejemplo. En el año 2006 con un 8,3% de desempleo y con un 30,8% de fracaso escolar y otro tanto de abandono prematuro, sólo el 3% de los ciudadanos españoles consideraban la educación con un problema de Estado. No hemos sido capaces de consolidar una movilización social educativa. Dejemos de despejar balones fuera. Si los alumnos son impuntuales o absentistas los responsables directos son sus padres. Si los alumnos siguen sin saber aplicar los “conocimientos”, cabe deducir que alguna responsabilidad tendrán los docentes. Si las evaluaciones externas no son lo suficientemente eficaces, la inspección educativa debería reflexionar sobre su trabajo. Si la varianza interna en un mismo centro se revela como una de las causas principales de la diferencia de rendimiento en el alumnado, es posible advertir que la dirección no ejerce un liderazgo pedagógico mínimamente eficiente. Nadie parece sentirse aludido ni sonrojado con un atasco educativo tan alarmante como el nuestro.

En educación a partir de un cierto nivel de inversión/gasto no se aprecian mejoras si se sigue aumentando el presupuesto, ya que, asentadas unas bases, lo que importa no es tanto cuánto se invierte en educación sino por qué tipo de educación se apuesta (formación inicial y continua adecuada de los docentes, sistema de acceso a la función pública bien orientado, profesionalización de los directivos escolares, independencia de la inspección, evaluación rigurosa y con efectos de todos los actores, calidad en la gestión de las distintas enseñanzas, medidas efectivas de atención a la diversidad,…) Por encima de un suelo mínimo, (en el que se situaba España hasta el 2010), aumentar la financiación no se traslada automáticamente en una mejora con la actual arquitectura legal, prácticamente inamovible -aunque parezca lo contrario- desde 1990. Pero una vez constatado esto, sí se producen efectos negativos si se deteriora la financiación. El Pleno de la Cámara de Cuentas de Andalucía acordó incluir en el plan de actuaciones del ejercicio 2012 la realización de un informe de fiscalización sobre los gastos de funcionamiento de los centros docentes públicos no universitarios del periodo 2008/2011. Su primera conclusión fue esta: “Durante el periodo fiscalizado, el número de centros docentes públicos no universitarios dependientes de la Consejería de Educación ha pasado de 3.835 a 4.023 y el número de alumnos matriculados ha aumentado de 1.350.129 a 1.456.600. Sin embargo, los ingresos de estos centros han descendido de 393,75 millones de euros a 344,45 millones de euros. Dentro de estos ingresos, la cifra de los libramientos realizados por la Consejería de Educación ha pasado de 272,65 millones de euros a 232,97 millones de euros.”

Si pensamos que la educación es cara, podemos probar con la ignorancia.

El objetivo 4 de la estrategia Unesco 2030, aboga por “Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida”, marcando las metas de “velar por una enseñanza primaria y secundaria equitativa y de calidad, donde se produzcan resultados escolares pertinentes y eficaces”. Situemos el centro del debate en un realismo educativo. En los debates educativos estamos muy cansados de estereotipos y mantras que, sin ningún rigor científico, se arrojan a la palestra y didascalia a modo de frentismo. La especulación retórica carente de fundamento, la hojarasca hueca sobre asuntos educativos entra en bucle, degenerándose. Situar el centro del debate en lo técnico, lo científico y pedagógico es vital. Basta ya de trincheras.

Francisco Javier Fernández Franco, es funcionario del cuerpo de inspectores de educación con destino en la Delegación Territorial de Sevilla. Diplomado en maestro de EGB en las especialidades de primaria, educación física y pedagogía terapéutica. Licenciado en psicopedagogía y experto universitario en psicología del deporte y la actividad física. Articulista en varias revistas especializadas en temas educativos y ponente en seminarios y cursos de formación en diferentes instituciones relacionadas con el sistema educativo.