¿Quién me llama? ¿Tú quién eres?

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Valor de ley (2010)

Y así podríamos desgranar miles de preguntas, cientos de momentos en los que NO se busca un nombre, sino una identidad.

La construcción de la identidad digital es una responsabilidad de primer orden en el entorno digital. Destacamos  algunos elementos que faciliten nuestro análisis:

1

Es una representación virtual que permite interactuar, proyectar una o varias personalidades, así como aprender y compartir información.

2

Mantiene una coherencia con la identidad presencial y física, pero permite otros escenarios y otras actividades.

3

Construye una memoria colectiva que tiene esa segunda y permanente vida en internet.

4

Dispone de tantas razones para practicar diferentes identidades en distintos contextos, así como posibles riesgos.

El concepto de identidad carece de sentido, tanto en lo presencial como en lo virtual, si no está dotado de confianza y credibilidad. Lo que significa que el valor de los contenidos que publiquemos son una garantía en la medida en que hayamos verificado nuestras fuentes. La escuela del periodismo siempre ha dicho que el “periodista vale, lo que valen sus fuentes”. El periodista digital asegura una responsable selección de sus fuentes informativas y facilita la comprensión del contenido aplicando su formación periodística y los recursos que dispone.

La tesis “Sobre el uso profesional de Twitter en la prensa vasca”, destaca los siguientes indicadores, que aunque los concreta en twitter, son válidos para otras redes sociales:

Hacer seguimiento de los tweets sobre un hecho concreto.

Buscar los primeros tweets.

Localizar los contextos y quienes los escribieron.

Comprobar la credibilidad del que lo ha generado, comprobar si otros usuarios lo confirman.

Enviar un mensaje directo y conversar con la fuente y conversar.

Los cuatro elementos de la comunicación (emisor, receptor, canal, mensaje) siguen presentes, pero han cambiado las relaciones entre ellos. Se aprecia como el dispositivo conforma la identidad digital, como el servicio o producto es consumo viral, como el usuario se convierte en comunidad, con sus gustos y rechazos, fobias y filias. Así lo percibimos:

como el dispositivo conforma la identidad digital,

como el servicio es consumo viral,

como el usuario es comunidad, con sus afinidades, filias y fobias.

O sea, del consumo como producto, de la información y comunicación como mensaje, al producto-servicio, información-comunicación, como relación. Es evidente que el dispositivo móvil ofrece una estrecha y potente vinculación con la identidad de su usuario.

En esta línea, Habermas propone una ética para la comunicación. Recuperar el “saber intuitivo” que todos tenemos cuando entramos en relación. De este modo sugiere los siguientes principios:

Veracidad: las intenciones del hablante corresponden a lo que expresa. Es sincero.

Verdad: el contenido que se expresa es verdadero, lo que dice el anuncio corresponde a la realidad.

Justicia: la acción comunicativa no se realiza si las normas que estructuran la relación emisor receptor son legítimas.

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Valor de ley (2010)

Justicia, verdad y veracidad convergen en una ética de la confianza, la reciprocidad es la garantía, la gratuidad, un camelo.


José

Carmen